Kilian Jornet "El día que sepa por qué corro dejaré de correr"
Ultra running, sky running... El español tiene 28 años y ya ha batido todos los récords. Campeón del mundo de carrera y de esquí, ha domado el hielo, el desnivel, la nieve, las piedras, el viento...

Entre sus profesiones, figura la de campeón del mundo en la montaña, en escenarios prodigiosos que se prestan a mitificar a un hombre así. Sus fotografías, bailando hacia arriba o hacia abajo en la montaña, nos transportan a un mundo que parece inmejorable. Por lo tanto, ésa es la primera pregunta que hacerle a Kilian Jornet (Sabadell, España, 1987). Pero entonces él aprovecha para no despegar los pies de la tierra. “No hay nada inmejorable en la vida”, explica a El Deportivo. “Vivimos en un mundo con muchos problemas climáticos, políticos, sociales, en el que no entra la palabra inmejorable. Al contrario. Hay que buscar hacer un mundo un poco mejor y ser consciente de los problemas que hay y qué podemos hacer con ellos”.
Así que es el propio Kilian quien invita a separarlo de la épica o a desmentir que en su vida roce constantemente lo increíble. “Porque tampoco es así”, insiste; “no creo que lo roce para nada, pero sí es verdad que uno no se cansa de hacer lo que le gusta y a mí me gusta correr”.
Hay, en realidad, múltiples maneras de presentar a Kilian Jornet y todas se asocian a un tipo diferente, capaz de vencer desniveles imposibles en la montaña. Soportó probablemente lo que no está en los escritos, al hielo, a la nieve o al viento. Venció en casi todos los continentes en los que aprendió que la victoria no es un secreto. “Ganar es un estado mental, es superarse, es hacer lo que creías difícil y a veces imposible”. Pero tal vez ésa sea la herencia de su infancia, que se desarrolló en los Pirineos.
A los cinco años, Kilian ya coronó el Aneto. A los 27, ya ha sido cuatro veces campeón del mundo de carreras y de esquí de montaña. Su trabajo es el motivo perfecto para transmitir los valores que le dieron sus padres y que él ha compartido en los dos libros que ha escrito, Correr o morir y La frontera invisible, en los que, a veces, nos estremece: “Besa la gloria o muere en el intento”, dice. “Perder es morir, ganar es sentir. La lucha es lo que diferencia una victoria”.
“Buenos días”
En ese sentido Kilian Jornet es una autoridad: un hombre que ha conocido su límite. “Sí, está ahí y ya lo conozco”, dice. “Pero también es verdad que los límites se mueven, avanzan o retroceden dependiendo de la condición física, técnica o psicológica y hasta del momento personal. Por eso es importante saber donde están esos límites y no sobrepasarlos”. Es el mundo de Kilian Jornet, que podría ser un reflejo del niño que, a los cinco años, le dijo a su profesora que de mayor quería ser “contador de lagos”.
Creció a 2.000 metros de altitud. Pudo ser un fanático de la televisión y hasta de los ordenadores, porque en su casa también los tenía, pero prefirió no serlo: “Porque era bastante aburrido estar ante ellos pudiendo salir afuera con mi hermana a jugar a atraparnos, a hacer batallas, a perseguir animales, a subirnos a los árboles o a hacer cabañas”. Todo eso construyó una personalidad distinta en la que no se deja invadir por el pesimismo. Su usuario en Twitter (@kilianj) es una prueba. Desde allí cada mañana, casi sin excepción, concede los “buenos días” a sus más de 200.000 seguidores. “Pero eso no significa que no haya días malos en mi vida. Claro que los hay”, señala. “Me pasa lo que a todo el mundo, pero me considero una persona optimista. Por eso cuando veo un problema no me sirve de nada quedarme quieto. Intento ver la situación y lo que se puede hacer con ella”.
Todavía se pregunta Kilian por qué corre. “El día que lo sepa seguramente dejaré de correr”. Pero hoy, a los 27 años, es difícil, francamente imposible en un hombre que nunca huye de lo esencial. “Si no soñamos, estamos muertos”. Por eso él es tan atrevido fuera y dentro de la montaña, perfeccionista en todo, hasta en aquellos tiempos en los que le dio por tocar el violonchelo. “Pero era muy malo”, discrepa, aunque no se arrepiente. “De ahí aprendi que cualquier actividad puede ser arte si se busca hacer algo distinto, con estética. Por eso digo que una carrera es como una obra de arte, porque te permite saber lo que hay en tu interior y plasmarlo en algún lugar del exterior”. Pero ni siquiera eso le invita a engañarse. “Hay muchas cosas en la vida que no se pueden resolver corriendo. Pero aun así cualquier actividad física siempre será importante porque te ayuda a encontrarte contigo mismo o a ordenar tus pensamientos”.
Realidad e ironía
En su Manifiesto del Skyrunner, Kilian deja legado. Asegura que “el secreto no está en las piernas, sino en la fuerza de salir a correr cuando llueve, hace viento o nieva”. “Bueno”, discrepa, “hay una parte de realidad para motivarse, encontrar la épica en lo que hacemos y otra de ironía, de no tomarse tan en serio lo que hacemos”. En sus planes de futuro, sin embargo, no entra el cansancio. “Al contrario. Siempre queda por aprender. Una montaña se tiene que subir, pero sobre todo se tiene que bajar, porque no siempre vas a estar arriba ni en lo más alto”.
Una parte más de su motivación, que fue la que a los 10 años le permitió cruzar los Pirineos a pie o la que le ha concedido el deseo de competir en lugares como el Círculo Polar Ártico, que para la mayoría parecen fuera del alcance. Por eso es necesario preguntar a Kilian qué es la intuición en la montaña y si existe alguna manera de trabajarla, de conocerla o de hacer amistad con ella. Pero su respuesta vuelve a bajar a la tierra: “Pasa como te pasa como con un amigo, con una pareja, para conocerla realmente hay que pasar muchas horas a su lado, escucharla, sufrirla, disfrutarla…”
Así que su medio de trabajo es a la vez su desconexión. “Sí, sí, yo desconecto de mi día a día en la montaña, donde puedo estar solo, donde puedo leer; no sé, son tantas cosas…”. De ninguna manera encuentra parecido entre el miedo a la montaña o a la gran ciudad. “No, no, claro que no, porque el miedo en la montaña es por lo que no podemos controlar, la fuerza de la naturaleza o el temor a lo desconocido. Sin embargo, en la ciudad es el ver lo que somos capaces de hacer los hombres, el poder de destrucción que tenemos”.
De ahí la vigilancia que Kilian hace de sí mismo, convencido, incluso, de que el éxito, como decía Jorge Valdano, nos hace peores personas. “Él triunfo no nos ayuda a mejorar: las derrotas nos hacen más luchadores”. Por eso él prefiere que su historia, a pesar de haber sido tantas veces campeón del mundo de skyrunner, empiece cada día. “No cambiaría nada de esto por un oro olímpico”. Entonces se da cuenta de que el corazón importa más y de que cuando él lo abre, y de la manera que lo abre, llega con la profundidad que explicó Carles Puyol, el ex jugador del Barcelona, tras leerle en Correr o morir: “Después de leer este libro, he conocido a un loco y amante del deporte con un gran instinto de superación y una fuerza mental inmensa”.
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