Histórico

Matrimonios que enferman

<img height="21" alt="" width="94" src="https://static-latercera-qa.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/sites/7/200811/193348.jpg" />  <br /> Tras el apogeo de las investigaciones que destacaban los beneficios del matrimonio, nuevos estudios han mostrado su otra cara: relaciones hostiles que acumulan un daño en la salud.

Fue hace unos 30 años que los demógrafos comenzaron a notar un extraño fenómeno que afectaba el promedio de vida de las personas: quienes estaban casados vivían más que los solteros, viudos y divorciados. Los estudios que confirmaban la tesis comenzaron a acumularse en los escritorios de los investigadores y el matrimonio cada vez se asemejó más a un seguro de salud que protegía a quienes participaban de este vínculo.

El año 2000, con la aparición del libro "El caso del matrimonio", de la socióloga de la Universidad de Chicago, Linda Waite, la difusión de los beneficios de vivir en pareja alcanzó su apogeo. "Es similar a usar cinturón de seguridad. Lo podemos poner en la misma categoría de tener una dieta saludable, hacer ejercicio y no fumar", aseguraba una entusiasta Waite al New York Times.

Pero durante los últimos años, este retrato que idealizaba el matrimonio comenzó a desdibujarse y nuevos estudios mostraron su otro rostro. Primero, fue el sicólogo Richard Lucas, de la U. de Michigan, quien en 2003 sorprendió con un trabajo que comprobaba que solteros y casados exhibían niveles muy similares de felicidad. Después, fue el turno de la doctora en Sociología de la U. de Texas, Debra Umberson, con su estudio: "Tú me enfermas: calidad matrimonial y salud en el curso de la vida". Fue demoledor. A través de una investigación de ocho años, Umberson comprobó que no basta con estar casado. Si la pareja mantiene una mala relación, nada los librará de un progresivo deterioro en su estado de salud. Ni la dieta saludable ni hacer ejercicios o no fumar. Efecto que se siente en hombres y mujeres por igual.

Su trabajo consistió en una muestra al azar de 1.352 personas, que fueron seguidas durante ocho años. Al principio, en la mitad y al final del estudio, fueron sometidos a entrevistas cara a cara para evaluar su relación de pareja y su salud. Algunos estaban en los 30 años, otros en los 50 y el resto en los 70 y tantos. Es decir, matrimonios jóvenes y viejos, lo que permitió analizar el efecto acumulativo en la salud de una mala o buena relación de pareja.

Los resultados fueron concluyentes: "Vivir un mal matrimonio es mucho peor para la salud que mantenerse soltero", dice a La Tercera la doctora Umberson. Y agrega otra evidencia: quienes jamás se han casado tienen tan buena salud como los casados. Sólo los viudos y divorciados muestran peor salud. "Esto sugiere que es el estrés del término de la relación lo que daña la salud, y no es el matrimonio el que tiene beneficios", agrega la especialista.

RELACIONES TÓXICAS
El estudio de Umberson incluye todos los niveles que puede alcanzar una relación. Desde las positivas, que son las que más benefician a las parejas, sobre todo a las de mayor edad, hasta las que decaen con los años. Esas que se instalan por el desgaste natural cuando no se enfrentan los problemas. Parejas que se dejan de hablar porque sienten que no se entienden o que no van a solucionar nada, aunque sin agredirse.

Después de años de distanciamiento y de agresiones encubiertas, el daño a la salud puede ser enorme, sólo comparado a toda una historia de fumar . De hecho, la doctora Janice Kiecolt-Glaser, de la U. del Estado de Ohio, hizo una revisión de 64 estudios que abordaban el tema y concluyó que un mal matrimonio puede transformarse en el segundo mejor predictor para saber cuánto vivirá una persona. "Es lo que pasa con las parejas que empiezan a conformarse con lo que tienen. La sicología del 'peor es nada', que las lleva finalmente a aceptar la hostilidad del otro en forma de críticas, descalificaciones o sarcasmos", explica la terapeuta Susana Ifland, presidenta de la Sociedad Chilena de Sicólogos Clínicos.

Según dice, los seres humanos buscan y necesitan para vivir las llamadas caricias positivas, que se reciben a través del reconocimiento, la valoración y el aprecio de los demás. En ausencia de estas caricias, estos matrimonios entran finalmente en una dinámica destructiva creciente, en que la agresión de uno va seguida de una respuesta de mayor calibre del otro. Gastan energía y tiempo en una relación tóxica que termina enfermándolos. "Lo veo a diario. Malas relaciones que se traducen en migrañas, depresión, trastorno de ansiedad, colon irritable y alergias", agrega Ifland.

Esta profesional afirma que también está el perfil de las parejas que se hacen un daño más solapado. Esas que apenas se saludan o están preocupados porque el otro no llega y cuando aparece ponen mala cara. O uno llama por teléfono para avisar que va camino a casa y llega tres horas más tarde.

EVIDENCIA MÉDICA
Investigaciones de prestigiados centros científicos han descrito el verdadero estrés crónico que afecta a estas personas, que terminan presentando, incluso, problemas cardiovasculares e hipertensión arterial. Un estudio publicado en el American Journal of Cardiology demostró que los pacientes cardíacos con un mal matrimonio duplicaban su posibilidad de morir en los próximos cuatro años respecto de los felizmente casados.

En el caso de las mujeres, un estudio del Instituto Karolinska de Suecia demostró que cuando ellas sobreviven a un infarto cardíaco, si sufren de estrés matrimonial tienen tres veces más posibilidades de tener un nuevo infarto en los próximos cinco años. Las tensiones laborales, en tanto, no tuvieron este efecto en su salud.

El impacto a nivel del sistema inmune, por su parte, fue analizado en 2005 por la doctora Janice Kiecolt-Glaser, de la U. del Estado de Ohio. Ella estudió a 42 parejas sanas y encontró que cuando los matrimonios tienen una relación hostil, demoran más tiempo en cicatrizar sus heridas en la piel. Esto, porque su cuerpo libera sustancias inflamatorias que enlentecen la recuperación de los tejidos en un 40%.

En otro trabajo, la doctora Kiecolt-Glaser midió también los cambios hormonales en las parejas después de sostener una discusión estresante. Allí vio que las hormonas como la epinefrina y el cortisol se mantenían elevadas hasta 22 horas después del altercado. La presión sanguínea y la frecuencia cardíaca también aumentaron.

Las disputas también impactan en la sensación de dolor, sobre todo en mujeres. Si sufren artritis, tienen más dolor en sus articulaciones en una mala relación. Esto mismo les agudiza el dolor de espalda.

PARA BIEN Y PARA MAL
A los 30 años, una mala relación de pareja no hace la diferencia, por lo menos en términos de su impacto en la salud de las personas. Tampoco, una buena relación. En esta etapa, hombres y mujeres, casados y solteros, muestran un estado de salud muy parecido. Pero a los 50, el escenario ya cambió completamente.

Según el estudio de la doctora en Sociología de la U. de Texas, Debra Umberson, a esta edad el impacto de años de convivencia hostil, ya se siente.

Los resultados de su investigación muestran claramente el efecto acumulativo del matrimonio: quienes están en los 70 y tantos son los que  más se benefician en su salud con un buen matrimonio, pero también son los que más se deterioran con una mala relación de pareja.

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