Oscar Guillermo Garretón: "Su legado no es sólo su gobierno, sino una forma de gobernar que tiene toda su validez hoy y mañana"
La pared de la oficina de Óscar Guillermo Garretón Purcell es un resumen de su vida política. Tiene cinco fotografías. En cada una aparece junto a cada ex presidente de Chile: Salvador Allende, Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet (en su primer mandato).
Actualmente es presidente de Fepasa, pero no ha dejado de ser un protagonista en la política nacional. De hecho, provocó un sismo a fines de 2014 cuando envió una carta a la Comisión Económica y Social del Partido Socialista -en el cual milita-, realizando una descarnada crítica de la situación en que se encaminaba el PS y la Nueva Mayoría. “Pertenezco a una manada política y la quiero, pero si creo que va hacia el acantilado, no siento obligación de correr con ella sino de advertirla del peligro”, fue parte de su mensaje.
Es por ello que hoy, al recordar la labor de Patricio Aylwin como presidente de Chile, Garretón -que fue elegido presidente de Metro en ese mandato- es categórico al señalar que “es momento de recordar con mucho cariño por el aporte que hizo”, y que es de esperar que la búsqueda de los acuerdos, como lo fue en ese momento, vuelva a primar en Chile.
¿Cómo recuerda el momento en que eligieron a Patricio Aylwin, un democratacristiano, como representante de la Concertación?
Recuerdo que había una expectativa en el Partido Socialista, porque la opción del PS para apoyar a Patricio Aylwin no fue fácil. Había una historia que nos separaba. Sin embargo, estábamos todos muy decididos.
¿Cuándo se podría decir que se consolidó el apoyo del PS a Aylwin?
En un congreso con las bases del partido de todo el país que hubo en La Serena llegó Patricio Aylwin, y teníamos la duda respecto de cuál sería la reacción de la militancia… pero fue recibido con una ovación. Ese fue el momento en el que se pudo decir que en el PS estábamos comenzando una etapa nueva en el país. En el fondo fue una sensación de que se dejaban atrás las diferencias del pasado.
Ya gobernando, ¿algún recuerdo en particular?
Una anécdota mucho más modesta, pero tiene un sentido. Tengo una foto con Patricio Aylwin en La Moneda del momento en el que se estaba realizando la extensión de la línea 5 del metro, conmigo como presidente de Metro. En La Moneda había una maqueta y primero entramos en el salón solo los dos. 'Quiero informarle que vamos a hacer el metro', me dijo Aylwin. Pero la decisión se tomaba en el comité de ministros al día siguiente, y habían algunos que consideraban que no se debiera hacer, por discusiones respecto de privilegiar Santiago versus regiones, entre otros factores que se discutieron. Pero me dijo, 'hay veces que los presidentes tenemos que hacer cosas que ni los ministros entienden bien'. Tengo esa foto en mi oficina. Es la primera línea adicional del Metro desde que se construyó. Ahí hay un ejemplo en que él cortó la decisión en un sentido.
¿Visto desde hoy, cuál es su evaluación de su mandato?
Creo que fue que gran presidente de Chile y su legado no es sólo lo que hizo su gobierno, sino una forma de gobernar que tiene toda su validez hoy y mañana. Un aspecto clave fue tener un proyecto claro de futuro, muy definido. Contaba con gente muy unida a él y, además, una cosa muy de fondo era asegurarse de que todos los chilenos tenían algo que aportar.
A raíz de su muerte también han aparecido críticos respecto de que fue un avance tibio. La frase "en la medida de lo posible" tiene una connotación negativa. ¿Qué le dice usted?
Están en su derecho de pensarlo así. Lo concreto es que se produjo desde los tiempos de la renovación socialista una bifurcación de camino. Una salida pacífica vía un acuerdo nacional y otra una vía armada como posibilidad. Eso significó una separación de aguas que llevó a que en el plebiscito y en la inscripción electoral hubo quienes se resistieron a inscribirse, porque pensaban que era un 'tongo'. Pero cuando se impuso la salida democrática se unieron las posturas. Se generó un consenso que duró 20 años en torno a figuras como Patricio Aylwin o Ricardo Lagos, un proyecto de lógica común, proyecto de futuro común.
Otra cosa importante, fue que para hacer cambios se requerían amplias mayorías, y mientras más profundos los cambios, más porcentaje se requería, por lo que todos se sentían parte. Además, todos teníamos claro que los pueblos ganan cuando se imponen en el voto, y cuando se gana con armas, triunfan los que están armados.
Y en materia económica, ¿cómo fue esa transición?
En el mundo de ahora, no en el de un siglo atrás, los países que no eran capaces de tener democracia y economía de mercado, eran los que fracasaban. Más allá de que ello significaba desgarros internos (para algunos), se llegó al consenso de que se necesitaba una economía de mercado, pero regulada lo suficiente para eliminar las distorsiones monopólicas y, al mismo tiempo, preocuparse por los más pobres. Atrás quedaron los esfuerzos de economías centralizadas, que fueron fracasos totales.
Esto fue una convicción bastante extendida. Si bien Aylwin dijo que el mercado es cruel, estaba implícito en lo que se hizo, que se pensaba que el Estado es más cruel si es que no se aprenden las lecciones del siglo XX.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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