Violencia escolar

SEÑOR DIRECTOR:
La tragedia en Calama, donde un estudiante de 18 años asesinó a una inspectora e hirió a compañeros, evidencia una profunda crisis de incivilidad y violencia social que atraviesa a nuestras niñeces y adolescencias. Este hecho —ocurrido en plena jornada escolar— no es aislado, sino reflejo de un deterioro más amplio que tensiona la confianza en las instituciones y sitúa a muchos jóvenes como víctimas y victimarios a la vez.
La idea de la escuela como espacio seguro se ve gravemente dañada. Sin embargo, quienes delinquen suelen provenir de entornos marcados por la violencia y la falta de oportunidades, perpetuando un ciclo que impacta directamente en su desarrollo.
Si bien reforzar la seguridad es necesario, no es suficiente. Medidas como detectores de metales, aunque bien intencionadas, no abordan el problema de fondo. Se requiere avanzar con urgencia en programas de convivencia escolar, educación emocional y resolución de conflictos, junto con una presencia efectiva de profesionales de salud mental.
No podemos normalizar la violencia en las aulas. Urgen medidas estructurales que fortalezcan a la comunidad educativa y permitan avanzar hacia respuestas que trasciendan lo reactivo.
Víctor R. Yáñez Pereira
Director Académico de Postgrado
Universidad Autónoma de Chile
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