Por Pablo Retamal N.Un juez en los infiernos: revelando a Benjamín Vicuña Mackenna
A través de la reedición de su biografía Un juez en los infiernos, el historiador Manuel Vicuña desentraña la figura del exintendente de Santiago: un intelectual torrencial que transitó desde la revolución juvenil y el exilio hasta convertirse en el gran orquestador del patriotismo chileno. El texto explora cómo su pluma novelesca y su obsesión por los archivos no solo transformaron el mapa de la capital, sino que sentaron las bases de los mitos, héroes y villanos que hasta hoy moldean el imaginario de la identidad nacional.

Fue un discurso a los pies de la estatua de Bernardo O‘Higgins en la Alameda, el 24 de mayo de 1879, cuando Benjamín Vicuña Mackenna desplegó toda su labia para ofrecer un discurso llamando a los chilenos a participar en el conflicto armado contra Perú y Bolivia. Esto ocurrió días después del Combate Naval de Iquique, en los días en que la Guerra del Pacífico recién comenzaba. De ser un ferviente americanista, el tribuno pasó a adoptar un tono eminentemente patriota.
“Ciudadanos: ‘Vosotros los que no tenéis sino vuestra sangre que ofrecer en aras de la Patria, corred desde aquí mismo a los cuarteles a inscribiros bajo las banderas. La Patria necesita de todos sus hijos para dar pronto y glorioso acabo a la lucha que se inicia”. ‘’¡A las armas, chilenos, a las armas! en la ciudad y en la aldea, en el palacio y en la choza. A las armas! a las armas!“.
Figura notable de la segunda mitad del siglo XIX chileno, Benjamín Vicuña Mackenna es una de las figuras respetadas pero a su vez menos conocidas de la historia de Chile. De hecho, sobre su figura hay muy pocos libros. Ello motivó al historiador Manuel Vicuña a publicar Un juez en los infiernos. Benjamín Vicuña Mackenna, una biografía del exintendente de Santiago. original de 2009, hoy se reedita en una nueva edición vía editorial Crítica. En el volumen, Vicuña recorre sobre todo la vida pública del hombre: como miembro de la Sociedad de la Igualdad, parte de la revolución de 1851, historiador, candidato presidencial y un destacado polemista de su tiempo.

“Surgió de mi interés por la historiografía, por la escritura de la historia como un oficio asociado a la construcción de la república y a la emergencia de una figura intelectual, el historiador de Chile, con capacidad para convertirse en voz pública de la nación. El libro también nace de mi fascinación por Benjamín Vicuña Mackenna, un personaje que dejó su sello en distintos ámbitos del quehacer nacional, y conjugó como nadie la investigación histórica con la narrativa del pasado con valor literario”.
Un juez en los infiernos no es una biografía lineal, sino una serie de ensayos. ¿Cómo decidió qué “postales” o episodios de la vida de Vicuña Mackenna eran los más reveladores para retratar sus contradicciones?
Elegí dos tipos de episodios. Primero, los que mostraban la carrera de Vicuña Mackenna como escritor, su esfuerzo por convertirse en un intelectual crítico del poder oligárquico, su coraje para escribir historia sobre el pasado reciente hiriendo sensibilidades vivas, su vocación por erigirse en un juez que separa a héroes de villanos ante el tribunal de la historia. Los otros episodios tratan sobre su identidad como liberal de vanguardia, incluso como revolucionario condenado al destierro en dos ocaciones, y sobre su esfuerzo por reivindicar la memoria de las causas perdidas del liberalismo.
El título del libro alude a Vicuña Mackenna como un “juez en los infiernos del pasado”. ¿Cómo conciliaba él esa ambición de imparcialidad judicial con su apasionado activismo político y su prosa casi novelesca?
No siempre logró conciliar esas cuestiones. Pero hizo lo posible por emitir juicios de alcance político imparciales, pero sin miedo a la polémica e incluso al ostracismo social, basando sus libros en un archivo, que él mismo formó, riquísimo en documentos inéditos. Intentaba validar la condición del historiador como un vigía que desciende al mundo de los muertos y, con ayuda del material de archivo, rescata a los personajes admirables, dignos de ejemplo, y condena a los corruptos para desincentivar la propagación de su herencia.
¿Cómo se articulan en él sus roles de historiador, político y agente cultural?
Escribió sobre mil cuestiones, pero los textos políticos cumplen un papel importante en su bibliografía. Le interesaba hurgar en las heridas, y también suturarlas. Escribir sin retroceder ante la posibilidad de conflicto, en algunos casos, a la vez que intentaba disiparlos, en otras ocaciones, contribuyendo a bajarle la intensidad a las peleas facciosas heredadas de la Independencia. Como agente cultural contribuyó a crear un público lector amplio, heterogéneo, que seguía con avidez sus publicaciones. Así logró vivir de su pluma, casi el primero en hacerlo. Tampoco hay que olvidar que, como intendente de Santigo, emprendió la transformaciones urbanas más importantes del siglo XIX, con el ánimo, bastante utópico, de hacer de Santiago el “París de América”.

A 140 años de su muerte, ¿qué elementos de la identidad chilena actual siguen anclados en el imaginario que él ayudó a cimentar?
Escribió una biografía de la Quintrala como encarnación suprema del mal. Esa imagen sigue viva en el imaginario popular. Lo otro perdurable, aunque en una versión atenudada, es el nacionalismo que proviene de la guerra del Pacífico, con la exaltación de Chile como una potencia civilizatoria en una región de barbarie.
Vicuña Mackenna pasó de ser parte de la Sociedad de la Igualdad y la revolución de 1851 a posteriormente ser muy crítico y distante con ella. ¿Cuál fue el motivo de dicha transformación?
Con el tiempo, se dio cuenta de que la Sociedad de la Igualdad tenía bastante de pantomima revolucionaria, que poseía poco arraigo en el pueblo, que estaba obnubilada con el ejemplo francés, con su despliegue de barricadas. Sencillamente se dio cuenta del carácter extemporáneo de sus aventuras de juventud. Se habían creído un cuento sin correspondencia con el entorno local, habían leído muy mal el contexto.
Otro de los aspectos interesantes es que Vicuña Mackenna fue candidato a la presidencia en 1876, ¿por qué finalmente fracasó su postulación?
Vicuña Mackenna fue el primer candidato presidencial que, haciendo uso de la extensión de la línea de ferrocarril, hizo campaña en serio. Recorrió el país, aleonando a las multitudes con festines de oratoria, como candidato de la oposición que daba la batalla contra el tradicional intervencionismo electoral del poder ejecutivo. Al final renunció a la candidatura porque en el horizonte se asomaba el peligro de la guerra civil.
En el libro se menciona su obsesión por el archivo y los “restos” del pasado. ¿Era Vicuña Mackenna consciente de que, al rescatar estos documentos, estaba también dictando la sentencia sobre quiénes serían los héroes y villanos del panteón republicano?
Para Vicuña Mackenna el rescate de documentos implicaba un poder para formar, con ánimo de imparcialidad, un panteón republicano. Estaba obsesionado con el culto a los “grandes hombres” como figuras que encapsulaban lo mejor de una época y que ofrecían, a la vez, una energía que podía irradiar a las nuevas generaciones comprometidas con los destinos del país.

Usted ha mencionado que, a pesar de su ubicuidad (estatuas, calles, museos), Vicuña Mackenna hoy “brilla por su ausencia” en las bibliografías universitarias. ¿A qué atribuye este desplazamiento hacia el margen del oficio historiográfico?
Lo atribuyo a la profesionalización del trabajo historiográfico. Vicuña Mackenna fue una gran historiador, con un amplio rango de intereses, pero también fue un gran escritor, alguien de escritura novelesca, que a veces se dejaba llevar por la imaginación. Un escritor torrencial, que no le daba descanso a sus manuscritos, y por lo tanto un autor demasiado precipitado. Cuando aumentan las exigencias de cientificidad, Vicuña Mackenna pasa a pérdida por demasiado literario, se le acusa de falta de rigor, todo lo contrario a lo que sucede con Diego Barros Arana. Vicuña Mackenna era un autor con la desmesura del romanticismo, no un practicante de un postivismo estrecho de miras.
Un viaje importante de Vicuña Mackenna fue del americanismo al patriotismo chileno durante la Guerra del Pacífico, ¿a qué atribuye ese giro?
El americanismo estuvo bastante ligado a la guerra con España de la década de 1860 y a sus experiencias como desterrado y a las redes intelectuales que formó en el exilio con otras figuras intelectuales de la región. El patriotismo, en realidad el nacionalismo extremo, se nutre de la guerra del Pacífico. En parte, optó por una u otra posición según la fuente de la amenaza.
¿Cuáles serían los principales ejes para entender al Vicuña Mackenna político durante el siglo XIX?
Siempre fue un político liberal de avanzada. Era hijo de pipiolo, de manera que respondía a una tradición familiar. Lucho contra el autoritarismo del poder ejecutivo e hizo bastante por consolidar el principio de la soberanía popular. Intentó darle vida a una asamblea constituyente, que fundara la legitimidad política sobre bases más consensuadas, no impuestas a propósito de una guerra civil. Quizo democratizar la república.

COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE













