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Aruba: El Caribe exclusivo

<P>Tiene playas similares a otros puntos del Caribe, pero es un destino considerablemente más caro. A pesar de eso los visitantes siguen aumentando y muchos repiten la visita año tras año. ¿Por qué la gente está dispuesta a pagar más? Aruba promete un Caribe diferente en cultura, calidad de servicios, seguridad e, incluso, en el clima. Es hora de salir a comprobarlo. </P>

Nuestro primer encuentro con Aruba es justo al atardecer, de esos perfectos donde el sol se ve naranjo y enorme entre las palmeras y la arena blanca se siente tibia bajo los pies. Una brisa constante y suave nos sorprende con un Caribe de temperatura agradable, sin ropa pegoteada, ni mosquitos. Anotamos el primer punto a favor de esta pequeña isla ubicada en el Caribe sur, a sólo 30 km de las costas de Venezuela.

En menos de una cuadra de recorrido uno puede resumir uno de los aspectos principales de Aruba: su heterogeneidad. En el frontis de un hotel, turistas bailan ante el contagioso ritmo afrocaribeño conocido como calypso. En el mar algunos aún aprovechan la escasa luz para bañarse. Un poco más allá, un par de parejas caminan de la mano y otros pasean en bici con sus hijos por la ciclovía. Es una isla pequeña pero llena de contrastes, capaz de albergar todo tipo de público e intereses sin molestarse. Es para los que buscan naturaleza y relajo, pero también para los que buscan aventuras y fiestas.

Es heterogénea también en lo cultural, que se nota en las construcciones con influencia holandesa, la gastronomía e incluso en su idioma. El papiamento es una mezcla inentendible de varias lenguas, lo hablan entre ellos, pero cambian rápidamente -con gran perfección y amabilidad- al inglés, español u holandés cuando se trata de hablar con los turistas. El idioma definitivamente es otro punto a favor de la isla.

El turismo es su principal fuente de ingresos. Llega más de un millón y medio de visitantes cada año, muchos de ellos en enormes cruceros que hacen colapsar el tránsito con la bajada de 4.000 visitantes de una sola vez. Pero aquí nadie toca una bocina, ni se desesperan, haciendo honor a su lema "one happy island" (una isla feliz), que se lee en todas partes, incluso en las patentes de los autos. Aunque ojo, porque son latinos en la alegría, pero se les nota las raíces de los Países Bajos a la hora de tener impecable la ciudad, hacer las cosas en forma ordenada o la puntualidad. Es visible también en la seguridad de las calles, porque acá se puede caminar tranquilo con cámara al cuello o dejar colgada una cartera en la silla mientras come.

Bajo la superficie

Las playas de arenas blancas y mar turquesa se encuentran en las costas sur y oeste de la isla, sitio que concentra los principales poblados, la capital Oranjestad y la zona hotelera. En Aruba casi no existen los all inclusive, así que el panorama es diferente al Caribe convencional. "Como los all inclusive son escasos, la gente no se queda de día en los hoteles y sale a recorrer la ciudad y los atractivos. Eso implica que acá el turista realmente conoce el Caribe y su gente, en vez de conocer la piscina y la playa de un hotel", asegura Howard Maduro, de la cadena de hoteles Divi, una de las más importantes.

Y para conocer la isla hay dos mundos totalmente diferentes. Sobre el mar se vive una historia y bajo la superficie otra totalmente diferente. Una de las formas más clásicas y entretenidas para disfrutar los colores del mar caribeño es salir a navegar en catamarán, donde la gente come, bebe a destajo en la barra libre y se pone al sol hasta quedar con color de jaiba, que de seguro es una de las razones principales de por qué las tiendas de aloe vera pasan repletas (otra razón es la calidad y variedad de productos, desde aloe medicinal hasta acondicionador de pelo).

La fiesta desatada en cubierta contrasta completamente cuando uno se pone la mascarilla, el snorkel y las aletas para encontrarse con el silencioso mundo bajo el agua. Aquí no hay más ruidos que la propia respiración y es el momento perfecto para encontrarse con la colorida fauna marina. También se pueden contratar botes privados para ir a sitios más solitarios u optar por alguno de los 19 spots de buceo que existen en la isla.

Otra opción imperdible para conocer el fondo marino para los que no saben bucear, ni tienen certificados de instrucción para descender tan profundo, es hacerlo en un submarino (www.atlantissubmarines.com) que llega hasta los 40 metros. Aunque a primera vista pareciera ser una experiencia claustrofóbica, la visibilidad del agua es tan impresionante que es imposible no relajarse y conectarse con el mar, viendo corales, esponjas, tubos y cientos de peces de colores que se acercan curiosos a la embarcación. Los barcos hundidos son los grandes hits del recorrido, que han sido colonizados por la fauna marina y concentran cardúmenes enormes de peces.

Y de la tranquilidad del fondo marino puede dirigirse al sector de Eagle Beach, donde el panorama cambia completamente a todo tipo de elementos inflables tirados por lanchas, veleros, paracaídas, jetlev (una especie de hombre cohete impulsado por la propulsión a chorro del agua) y un paraíso del windsurf. Si busca adrenalina, este es su lugar.

Aruba celebra en grande

Si hay algo que enorgullece a los arubeños es su carnaval, considerado a la altura de los de Río de Janeiro y New Orleans. El día de carnaval es sólo la culminación de meses de preparación coordinando bailes, canciones y confeccionando llamativos trajes de gala y lentejuelas, que son presentados en la calle principal de Oranjestad.

El ambiente fiestero comienza muy temprano. Pronto se abren las primeras cervezas y comienzan a preparase las parrillas, al son de música, pelucas y poleras. Alrededor de las 11 am comienzan a desfilar los primeros grupos, con enormes carros alegóricos y bulliciosas bandas. Son horas y horas bajo el sol, pero el ánimo nunca decae hasta el anochecer junto al ritmo del pegajoso calypso.

Para el próximo año la fiesta promete tirar todo por la ventana, ya que se celebra la edición 60 del carnaval. Sin duda un buen motivo para regresar, como los cientos de turistas que vuelven año tras año, siendo el destino con mayor tasa de turistas reincidentes de todo el Caribe. Las excusas sobran en Aruba para hacernos regresar.

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