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Baterista de Belle and Sebastian: "Lo bailable ha transformado nuestros shows en una celebración"

<P> El músico cuenta a La Tercera cómo será el concierto que los traerá de regreso en octubre, así como el giro sonoro de la banda escocesa.</P>

"Es lo nuevo de Belle and Sebastian", le responde el retraído Dick al protagonista Rob, cuando éste último le pregunta por la triste melodía que suena por los parlantes de su tienda de discos. Si bien es una breve mención, la escena de la película Alta fidelidad (2000) sintetiza muy bien la imagen que proyectaba hace algunos años el grupo escocés, encumbrado ya por ese entonces como uno de los favoritos de la facción más sensible y taciturna del público indie.

A casi veinte años de su debut, la banda que lidera Stuart Murdoch es otra. Y aunque no se trata de un cambio radical, a su característica melancolía retro le han ido sumando algo de sazón. Un proceso que comenzó a evidenciarse en The life pursuit (2006) y en Belle and Sebastian write about love (2010), y que este año se consolidó con un noveno álbum de sugerente título: Girls in peacetime want to dance (algo así como "las chicas quieren bailar en tiempos de paz"), un trabajo de doce nuevos temas cruzados por cierto homenaje a la música disco y al pop de los años 80.

"Ahora puedo pegarle más fuerte a los tambores, y se siente genial", resume el baterista Richard Colburn sobre esta nueva vibra del grupo, que sus seguidores chilenos podrán ver en vivo y en directo el próximo jueves 22 de octubre en el Teatro Caupolicán, el mismo recinto donde debutaron en el país hace cinco años (Puntoticket).

"Ese show lo atesoramos como uno de nuestros puntos altos, porque nunca imaginamos que iríamos a tocar a un lugar tan lejano y fantástico como Santiago, ni que el público nos recibiría tan bien. Estábamos sorprendidos y contentos, al igual que ahora, muy entusiasmados de volver", asegura.

Es probable que este nuevo concierto sea distinto al anterior. No sólo por el álbum que traen para mostrar, sino además por la nueva vibra bailable de la banda.

Definitivamente. Seguimos tocando muchas canciones de nuestros discos anteriores, pero claro, los nuevos temas son más "upbeat" y más fáciles de bailar. Además, hay proyecciones y novedades en la puesta en escena, así que tendrá un sabor distinto a lo de hace cinco años y queremos ver cómo reaccionará el público a eso.

¿El nuevo sonido fue una decisión que tomaron antes de grabar o fue lo que salió en el estudio?

Fue una decisión que tomamos cuando compusimos las canciones. Era evidente que algunos de los temas tenían como una vibra distinta, esa onda más bailable que le dan las baterías electrónicas y otros elementos. Pero una de las cosas que me gusta del álbum es que también hay temas que perfectamente podrían ser parte de nuestros dos primeros discos. Así que todo esto no se sintió como algo raro para nosotros, y de paso creo que ha sido del gusto tanto de los antiguos fans del grupo como de los más nuevos, nos la arreglamos para complacer a todos.

Con todo el auge de la electrónica bailable, ¿cree que ahora la gente busca música o shows que los hagan moverse?

La EDM está ahora en todos lados, no puedes escapar de ella, pero lo nuestro va por otro lado, con influencias más antiguas como Chic, Pet Shop Boys, el europop. Ahora, ciertamente lo bailable ayuda para los conciertos, porque los ha transformado en algo más parecido a una celebración y la gente sube a bailar con nosotros al escenario, lo pasan bien. En general, creo que cuando la gente va a ver un show quieren que los entretengan, los tickets han subido mucho de precio en los últimos años y ahora tienes que hacer que lo disfruten, porque puede que para mucha gente sea su única salida de la semana o incluso del mes.

El próximo año se cumplirán dos décadas desde que debutaron con Tigermilk. ¿Han pensado en algún tipo de celebración?

No sé si haremos algo especial. No hablamos mucho de cuanto llevamos en esto, porque nos trastornaría un poco. Siempre estamos mirando hacia adelante, no hacia atrás. De hecho, ese primer disco fue casi un experimento, fue el resultado de un proyecto muy pequeño y sin grandes ambiciones ni expectativas. Stuart tenía todas las canciones y nosotros éramos como una banda de apoyo, pero ya para el siguiente álbum o quizás en The boy with the arab strap (1998), ya nos sentíamos un grupo propiamente tal.

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