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Las 15 centésimas de fama en internet

<P>Las redes sociales han potenciado las modas extravagantes. Como el planking: tenderse boca abajo en lugares insólitos. Aquí un vistazo a las tendencias que causan furor… y menos de 15 minutos de fama.</P>

Un anacoreta de la Edad Media conocido como San Simeón Stylites no encontró mejor forma de retirarse de este mundo que subirse a un pilar y quedarse por años sentado en su cima con escasas comodidades y alimentos. Pero lo que seguramente partió como un auténtico gesto de oración y penitencia, acabó por convertirse en un hit entre algunos aspirantes a santones que iniciaron una carrera por subir más alto e incluso encontrar la muerte semisuspendidos en el aire. ¿Qué los motivaba? En muchos casos la ilusión de que la fama los alcanzaría algún día.

Pasaron los años y la naturaleza humana poco parece haber evolucionado si de buscar el reconocimiento se trata. Con el añadido de que en el siglo XXI las redes sociales garantizan popularidad instantánea a quienes se sumen a una tendencia arriesgada sin necesidad de pasar años mortificándose como santones y faquires.

Planking

El último grito de la moda, heredera light de la tradición ascética, se conoce como planking y consiste en tumbarse boca abajo, lo más rígido y con menos puntos de apoyo posible, en lugares inusuales para luego subir una fotografía de la hazaña a internet. Entre más arriesgado el intento, mayor chance tiene su autor de ser alguien en el Olimpo del ciberespacio, aunque aquí los 15 minutos de fama que anunció Warhol se reducen a 15 centésimas, con suerte. Fue así como a partir de 2008 comenzaron a proliferar páginas con fotos de plankers en lugares tan insólitos como sets de televisión, congeladores de supermercados, altares de iglesias y otros. Hasta que hace unos días, un joven de 20 años murió tras caer desde un séptimo piso mientras un amigo lo fotografiaba haciendo planking en un balcón.

¿Inocente juego? ¿Aburrimiento? ¿Decadencia de Occidente? Como sea, el planking se convirtió en un fenómeno con cultores que reclaman su autoría y lo suficientemente peligroso como para poner en alerta a las autoridades de Queensland luego que un joven fuera sorprendido tieso y boca abajo sobre una patrulla policial. Por eso sus detractores acusan a este deporte de atentar contra la propiedad privada y la integridad física de las personas y proponen alternativas menos arriesgadas como el teapotting que consiste en tomarse fotos en poses ridículas, imitando una tetera, y subirlas a internet.

A continuación presentamos otras modas absurdas que encontraron en las redes sociales a sus mejores aliados.

Yarn bombing

Lejos de la pretendida temeridad de los plankers, los individuos o grupos que practican el yarn bombing, también llamado graffiti de punto, se reúnen en lugares públicos con el propósito de tejer y "abrigar" algún objeto como un poste, una estatua, un grifo, un bus o un árbol. A diferencia del tradicional graffiti, las hordas de tejedores piensan que su arte callejero es menos agresivo y menos masculino que los rayados con pintura. Armados de palillos y lanas, se califican a sí mismos como rebeldes, cools y hasta vándalos, y muchos consideran que su acción no está completa sin subir una fotografía del lugar intervenido a internet. El inicio de esta práctica se ubica en el estado de Texas, Estados Unidos, desde donde se expandió a sitios tan remotos como el cerro Recreo, en Viña del Mar o los puentes del río Mapocho, en Santiago. Las fotos están en la web.

Pole sitting

Esta moda consiste en tomar asiento sobre un poste durante periodos prolongados de tiempo y luego difundir la hazaña en las redes sociales. Se trata de una práctica relacionada con la antigua disciplina ascética de los estilitas que es como se conoce a los seguidores de San Simeón. Durante siglos, la costumbre de permanecer medio suspendido en los aires desapareció, hasta que las posibilidades publicitarias de la fotografía le dieron un nuevo impulso a comienzos del siglo XX. Fue así, por ejemplo, como Alvin "Shipwreck" Kelly pasó a la historia luego de que en 1924 se mantuvo sentado en las alturas por 13 horas y 13 minutos. Hoy, las redes sociales vuelven a poner de moda una actividad que -paradoja- originalmente tuvo como propósito pasar a la contemplación.

Photo bombing

Aparentemente más inocua que las anteriores prácticas, el photo bombing no es más que la vieja costumbre de arruinar las fotos de terceros al aparecer colado -generalmente atrás de los protagonistas- y con el agravante de posar con un gesto ridículo o burlesco. En Chile se puede rastrear en el folclor de imitar con los dedos índice y medio un par de orejas de conejo que son sobrepuestas sobre la cabeza de uno de los fotografiados. Sin embargo, sus cultores profesionales alegan que sus orígenes se encuentran en el mito urbano de los fantasmas que intervenían en los retratos familiares, causando pánico y sorpresa. Otra vez las redes sociales potenciaron el fenómeno y hoy es posible rastrear en la web numerosas páginas con photo bombers famosos (Michael Douglas arruinando una foto de su mujer Catherine Zeta-Jones con Angelina Jolie) y también de quienes se toman esta actividad en serio: su misión, dicen, es sabotear la tontera de los que viven tomándose fotos para subirlas y exhibirse sin pudor en sus fotologs.

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