Flávio: el protegido de Jair Bolsonaro que está a un paso del Palacio de Planalto
El senador de 45 años, ungido por su padre como heredero político, superó a Luiz Inácio Lula da Silva en la primera vuelta presidencial pese a que las encuestas previas a los comicios daban ventaja al actual mandatario. Autodefinido como "moderado" de un clan familiar de extrema derecha fuertemente arraigado en la política brasileña, promete amnistiar al expresidente condenado por intento de golpe de Estado, endurecer la política penal y acercar a Brasil a Estados Unidos.

En agosto de 2016, durante su participación en un debate televisado de la cadena Band en el contexto de la campaña por la alcaldía de Río de Janeiro, Flávio Bolsonaro cayó desmayado. Arrastraba un cuadro diarreico que lo había dejado deshidratado y con la presión arterial baja.
La candidata del Partido Comunista y médica de profesión que también participaba de la instancia, Jandira Feghali, se acercó a socorrerlo. Sin embargo, el entonces diputado federal y padre de Flávio, Jair Bolsonaro, lo impidió.

“Comunista no le mete mano a mi hijo”, explicó cuando le preguntaron por la negativa a la asistencia.
Una década después, la relación entre padre e hijo sigue en el centro de la carrera de Flávio. En diciembre de 2025, desde una celda de la Policía Federal en Brasilia, donde había comenzado a cumplir una condena de 27 años por intentar un golpe de Estado para impedir la asunción de Luiz Inácio Lula da Silva, Jair Bolsonaro eligió a su primogénito como candidato presidencial del Partido Liberal (PL).
El hijo hizo de la libertad del padre uno de los principales ejes de su campaña.
La última encuesta de Datafolha, difundida la noche anterior de la primera vuelta presidencial del 4 de octubre, daba al presidente un 45% y al senador un 42%. En la segunda vuelta se impondría el líder del Partido de los Trabajadores (PT), añadía. Otros sondeos arrojaban, aunque con distintos números, la misma tendencia.
Pero el domingo pasado, Flávio, de 45 años, obtuvo el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% de Lula. Ambos volverán a medirse en el balotaje del 25 de octubre, pero ahora con los sondeos posicionando al heredero de Jair como ganador.

Lula, de 80 años y en busca de un cuarto mandato, había dicho que esperaba ganar en primera vuelta. Tras conocer el resultado admitió que “fue inesperado”. Flávio, en cambio, auguró “el fin de la era del PT” y parte con ventaja. Consultado por La Tercera, el columnista de asuntos latinoamericanos en Bloomberg Opinion, Juan Pablo Spinetto, recordó un precedente relevante de cara al balotaje: En Brasil, ningún candidato que terminó primero en la primera vuelta ha perdido la segunda.
Cero Uno
Jair Bolsonaro llama a sus hijos según el orden de nacimiento, en otra demostración más de su estilo castrense y reflejo de su pasado militar. Flávio fue el primero y por eso es “Cero Uno”. Lo siguen Carlos, “Cero Dos”; Eduardo, “Cero Tres”, y Jair Renan, “Cero Cuatro”.
Para Thiago Rodrigues, politólogo de la Universidad Federal Fluminense (UFF), esa nomenclatura ayuda a entender la sucesión. “Es el heredero natural de esa lógica militar y de la jerarquía familiar”, dijo a La Tercera.

La designación de Flávio como el abanderado de la derecha se conoció en una carta publicada por Jair el día de Navidad, en la que el expresidente escribió que entregaba “lo más importante en la vida de un padre”, su propio hijo, “para rescatar a nuestro Brasil”. La decisión descartó al gobernador de Sao Paulo, el republicano Tarcísio de Freitas, y a la exprimera dama Michelle Bolsonaro.
Pero no había demasiada esperanza en Flávio. Una encuesta difundida en enero mostró que el 44% de los brasileños consideraba un error la decisión. El presidente del PL, Valdemar Costa Neto, llegó a decir que Flávio “no había construido previamente la estructura, ni las bases necesarias para aspirar” a la presidencia. El primogénito del expresidente condenado representa, según él mismo, un perfil más “moderado” que el de su progenitor.

Pero Jair siguió un criterio dinástico, de linaje familiar. Necesitaba un candidato obediente, capaz de llegar al Palacio de Planalto y dictar desde allí una amnistía que lo sacara de prisión. La elección abrió un conflicto con Michelle, quien llegó a decir que Flávio la había “humillado”, aunque luego aceptó sus disculpas.
En la misma jornada del 4 de octubre, el clan amplió su presencia en el Congreso. Carlos “Cero Dos” fue electo senador por Santa Catarina; Jair Renan “Cero Cuatro”, diputado federal por el mismo estado; Michelle, senadora por Brasilia, y Renato, hermano del expresidente, diputado por Sao Paulo. La familia acumula 31 victorias electorales desde 1988. Y podrían alcanzar una más a finales de este mes.
Las formas y el fondo
Flávio estudió Derecho en la Universidad Cândido Mendes y a los 21 años fue elegido diputado de la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro, donde cumplió cuatro mandatos.
A los 37 llegó al Senado. Como el resto del clan, es evangélico. Está casado con Fernanda, dentista, y tiene dos hijas. Tras su designación se definió como un “Bolsonaro más moderado, equilibrado y centrado”.
“Es difícil comparar al hijo de Pelé con Pelé”, reconoció en un acto en Río, abordando la inevitable comparación con Jair.
Sin embargo, la antropóloga que coordina el Observatorio de la Extrema Derecha en Brasil, Isabela Kalil, dijo a BBC Mundo que Flávio es “mucho más refinado” que su padre. “Pero cuando miras los planes de gobierno y las promesas de campaña, no son nada moderados”, advirtió.
Su historial en Río también contradice esa descripción. En 2005 entregó la Medalla Tiradentes -la máxima distinción de la legislatura carioca- a Adriano Magalhães da Nóbrega, oficial de la Policía Militar señalado después como líder de la Oficina del Crimen, una milicia de sicarios de élite, y relacionado con el asesinato de la concejala progresista Marielle Franco. También, Flávio defendió legalizar a las milicias que controlan distintas zonas de Río de Janeiro.

En esa etapa fue acusado de participar en la “rachadinha”, un esquema en el que empleados de su gabinete le devolvían parte de sus salarios. Sin embargo, la investigación del caso quedó archivada.
Sus resultados como miembro del Legislativo carioca son escuetos. Rodrigues señaló a La Tercera que Flávio “ha propuesto muy pocas cosas, ha aprobado pocas leyes”. “Tiene una trayectoria muy poco importante, sin embargo, muy coherente con los temas centrales de la familia Bolsonaro”, añadió.
El avatar, el banquero y el voto contra Lula
Como el Supremo Tribunal Federal (STF) impide a Jair participar en actos de campaña, la estrategia de los Bolsonaro y el PL recurrió a la inteligencia artificial. En un video, una versión hiperrealista del expresidente pidió el voto para su hijo, “sangre de mi sangre”.
La maniobra le costó a Flávio una prohibición judicial de visitar a su padre durante 90 días.
La recta final de la carrera presidencial trajo su principal escándalo. El 7 de septiembre, ante cerca de 30.000 personas, Flávio dijo que “este consorcio formado por Lula y Moraes llegará a su fin”, en alusión al juez del STF Alexandre de Moraes, quien condujo el proceso judicial contra su padre. El PL denunciaba entonces supuestos vínculos del magistrado con Daniel Vorcaro, dueño del Banco Master y señalado como autor del mayor fraude bancario en la historia de Brasil.
Sin embargo, poco después se supo que una investigación de la Policía Federal, autorizada por el juez del STF André Mendonça -designado por Jair Bolsonaro- había detectado movimientos financieros sospechosos entre Vorcaro y el propio Flávio.
La pesquisa apunta a una solicitud de 12 millones de dólares para financiar Dark Horse, una película biográfica sobre Jair, protagonizada por el actor estadounidense Jim Caviezel. Flávio negó en un comienzo cualquier contacto con Vorcaro y haber volado en su avión privado, pero luego admitió ambos hechos. El senador rechaza haber cometido delitos.
Spinetto atribuyó la distancia entre los sondeos y el resultado de la primera vuelta a un patrón que ya se vio en 2022, cuando Jair Bolsonaro terminó más cerca de Lula de lo previsto. “Las encuestas tienden a subestimar al votante de derecha”, comentó a La Tercera. A su juicio, el mismo día de la elección parte de los electores que consideraban otras opciones votó por Flávio por “voto útil”.

En su columna en Bloomberg Opinion, Spinetto apuntó que Lula se negó a asistir a un debate días antes de la votación y que la aprobación de su gobierno se mantuvo bajo el 50%. A ello sumó un cambio de fondo. Brasil es hoy un país más envejecido, más rico y más religioso, con sindicatos que pesan menos. “Este es un Lula que suena a pasado y el votante quiere oír propuestas nuevas sobre cómo resolver los problemas de seguridad, poder adquisitivo y empleo que enfrenta el país”, dijo a La Tercera.
Modelo Bukele y alineamiento con Washington
El programa de gobierno de 76 páginas, titulado Para que Brasil venza el atraso, sitúa la seguridad como primer eje. Propone declarar al Primeiro Comando da Capital (PCC), al Comando Vermelho y a las milicias como organizaciones narcoterroristas y reducir de 18 a 16 años la mayoría de edad penal. Siguiendo el manual de la extrema derecha regional, el referente en la materia es el presidente salvadoreño Nayib Bukele. Plantea la construcción de cinco nuevas cárceles federales de máxima seguridad y medio millón de plazas penitenciarias en cuatro años.

Sobre esto, Rodrigues advirtió que esa estrategia es contradictoria con la naturaleza de las facciones criminales brasileñas. “Arrestar más gente significa crear más espacio para la organización del crimen en Brasil. El crimen organizado en Brasil es organizado por la cárcel”, comentó.
El académico recordó, además, que la designación del PCC y del Comando Vermelho como grupos terroristas por parte de Estados Unidos se anunció dos días después de que Flávio y su hermano Eduardo visitaran a Donald Trump en la Casa Blanca. Pero esa medida no mencionó a las milicias de Río, con las que la familia ha enfrentado acusaciones de supuestos vínculos.
“Si él está contra el crimen organizado, ¿por qué no defendió que también las milicias fueran incluidas en el grupo de crimen organizado?”, preguntó Rodrigues.
Flávio también prometió incorporar al país al Escudo de las Américas, la iniciativa de seguridad hemisférica impulsada por Trump. Para Rodrigues, esa podría ser su primera decisión internacional y llevaría a Brasil a bajar su perfil en los BRICS y en la agenda ambiental y contra el hambre. “Es incluso posible que Brasil tenga algún protagonismo internacional a nivel de las ultraderechas”, dijo.
Congreso y Supremo
Con impulso del clan Bolsonaro -entre otros factores- el avance de la extrema derecha alcanzó al Congreso. El PL tendrá el mayor bloque en el Senado al inicio de una legislatura desde la Constitución de 1988.
Esto, a su vez, tuvo consecuencias en la bolsa. “El rally que vimos en activos brasileños este lunes muestra que los inversores al menos ahora tienen mayor confianza de que Brasil va a atacar sus problemas económicos en el próximo gobierno”, señaló Spinetto. El entusiasmo, agregó, se frenó por la falta de detalles sobre el ajuste fiscal.

Para Rodrigues, el Congreso electo “es el más conservador de la historia”. De alcanzar el apoyo del centro, estimó, el bolsonarismo podría aprobar incluso reformas constitucionales. Un Senado controlado por el PL podría destituir a jueces del Supremo como Moraes, y un presidente Flávio Bolsonaro podría designar hasta cinco de sus 11 integrantes.
“No habrá tensión” entre poderes, sostuvo, porque “la Cámara de Diputados, el Senado y Corte Suprema van a estar controlados por la ultraderecha”. Spinetto anticipó en su columna un escenario de choque institucional, con senadores que buscarán destituir a jueces y un gobierno que intentará liberar a Jair.
Flávio se comprometió a subir la rampa del Palacio de Planalto junto a su padre. Tras la primera vuelta prometió una amnistía amplia para los condenados por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023.
Las posibilidades de victoria para Lula son escasas. “Tres semanas en política brasileña es una eternidad, pero Lula debería hacer un cambio muy radical en su campaña para llegarle a los votantes que no lo apoyaron en la primera ronda y Flávio deberá cometer errores muy groseros como para que tengamos un resultado sorprendente en la segunda vuelta”, sostuvo Spinetto.
En Río, Marco Antonio da Rosa, un estudiante universitario de 21 años, resumió el sentimiento de muchos bolsonaristas en una frase: “A mí me gustaría tener a Jair en las urnas. No está Jair, voy con Flávio”, dijo.
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