La batalla secreta de tompkins
Sea Shephard es la organización ecologista que ha protagonizado por años una guerra en las aguas antárticas con los balleneros japoneses. Sus misiones son parte de un docurreality que Animal Planet transmite por cable. La misión 2009 llevaba un tripulante particular: el ecologista Douglas Tompkins pasó seis semanas en el barco. En el documental, él sólo aparece, jamás habla. Aquí, entrega su testimonio.
A pocas horas de dejar el puerto de Hobart, en la isla de Tasmania, al sur de Australia, el Steve Irwin, una nave de 59 metros de largo y 34 años de uso, se bambolea más fuerte de lo que debiera para estar enfrentando olas de unos cinco metros y vientos de 20 nudos. Los platos y computadores se resbalan de las mesas y quienes se desplazan por los pasillos se afirman de las paredes para no perder el equilibrio. Otros, se caen. En el puente de mando, alguien alerta: "¡El giroscopio está fallando!". Se trata de un aparato que ayuda a aminorar el cabeceo del Steve Irwin al enfrentar mar agitado. El ambiente se nota tenso en la sala de mando. Un hombre con jeans azules y un largo suéter café intenta aferrarse a una barra de acero. El bamboleo continúa.
Un joven Luke van Horn, el nuevo oficial de comunicaciones, ordena y desordena unos cables del giroscopio mientras dice que en casa trabaja creando sitios web. ¿Estará capacitado para resolver el problema antes de que el barco enfrente la tormenta que se avizora en el radar y que tiene el tamaño de Australia? Ahí, uno recuerda la frase que hace pocos minutos pronunció Paul Watson, capitán y líder de este grupo que se dirige hacia la Antártica, a impedir que los japoneses cacen ballenas: "Prefiero trabajar con voluntarios. No quiero profesionales a los que les dé lo mismo una cosa o la otra, a no ser que les paguen".
Van Horn logra arreglar el equipo, el barco se mueve más apacible y, sólo en ese minuto, el minuto 12 desde que comenzó el docurreality Whale War que transmite Animal Planet, se reconoce en la pantalla de televisión que el hombre del suéter café es Douglas Tompkins, el multimillonario ecologista dueño en Chile del Parque Pumalín y de otros vastos territorios en Argentina.
"Paul Watson vino a Chile en 2007 a participar en un seminario sobre el impacto negativo de la industria del salmón, en Pumalin. Paul es un activista en el tema marítimo, lo conocí hace unos 20 años, cuando él tenía como base Long Beach, en California. Yo he sido partidario de Sea Shephard (la organización que Watson fundó luego de ser expulsado de Greenpeace en 1977, pues promovía una batalla más activa para defender el medioambiente y no tan pasiva, como tomar fotos o denunciar las cacerías de animales). Yo soy donante de Sea Shephard. En ese seminario, Paul me dijo: '¿Por qué no te subes al barco alguna vez?'. Le respondí: 'Yeah, déjame buscar el tiempo en mi agenda'. Necesitaba tener a lo menos seis semanas libres para embarcarme en el Steve Irwin y yo soy muy ocupado, es mi problema. Al año siguiente me organicé".
"Yo sé el tipo de campaña que Sea Shephard realiza, conocía los riesgos de la expedición. He participado en expediciones de alta montaña. Este no era un crucero de placer, debes considerarlo antes de embarcar".
Para Japón, Sea Shephard es un grupo de ecoterroristas, pues interceptan a sus barcos interponiendo sus naves, les lanzan botellas con ácido butírico, que no es otra cosa que mantequilla podrida, cuyo hedor imposibilita faenar la carne de ballena. Ellos, en cambio, se definen como piratas medioambientales, pues enfrentan a la flota japonesa que cada verano llega a la Antártica a cazar ballenas con la argucia de que capturan cetáceos para investigación científica. "Estas son sus batallas, esta es su guerra", dice una voz en off en el programa de televisión y comienza la travesía.
"Yo no conocía el Steve Irwin hasta que me subí a él. Me asignaron un camarote solo, pequeño, nada especial. Viajé como un miembro más de la tripulación. Fui nombrado cabo, el rango más bajo. Mi responsabilidad era vigilar -desde el puente de mando- todo lo que sucediera a babor (lado derecho); Jeff Hanson, el directivo de Sea Shephard Australia, estaba a cargo de estribor. Nuestro jefe de turno y piloto era Peter Brown, el segundo a bordo, un activista de gran experiencia y un gran tipo. Yo tenía que cumplir turnos de cuatro horas, de 6 am a 10 am y de 6 pm a 10 pm. Tres turnos nos dividíamos el día. Mi camarote individual me lo dieron no por mi rango, sino por mi edad, jaja".
"El día que zarpamos había viento y el mar estaba un poco picado. Me sentí un poco atontado ese primer día, debes acostumbrarte cuidadosamente al movimiento del barco. Nunca llegué a estar mareado. En mi juventud navegué mucho y tengo experiencia en mar abierto, he cruzado el Canal del Beagle, pero esta era mi primera vez en el océano del sur. Es un lugar serio, aunque estés en un barco grande. Algunas personas se marearon mucho, la tormenta que atravesamos llegó a tener olas de hasta 20 metros. En el camino a la Antártica cruzamos los paralelos conocidos como 'La rugiente 40°', 'La furiosa 50° y 'Los gritos de la 60°'.
Dos días después de dejar Tasmania comenzamos a ver ballenas. Quedas impresionado de la cantidad que ves a diario. Ballenas Minke (las más pequeñas de todas) o Rorquial (la segunda más grande después de la Azul), también vimos muchas orcas. Es realmente bello".
Con el mar más calmo, la tripulación, de unas 40 personas, comienza a practicar en la cubierta del Steve Irwin el lanzamiento de botellas de ácido butírico. La idea es seleccionar a los mejores lanzadores, los que combinen de mejor forma potencia y precisión. Estas son las armas que utilizan para atacar a los japoneses.
Cada verano, Japón traslada hasta las aguas antárticas un barco factoría -Nisshi Maru-, dos o tres naves arponeras y otro par de barcos escolta, como el Kaiku Maru, con el que el Steve Irwin protagonizará más adelante una colisión. En 2009, Sea Shephard incluso hundió un trimarán rápido de más de US$ 1 millón, luego de chocar una nave japonesa. Esas acciones y abordar los barcos balleneros son parte de las más directas que realiza Sea Shephard. Por ello, han enfrentado acciones judiciales, pero sin consecuencias.
La caza de ballenas está prohibida desde 1986, pero la convención internacional permite matar cetáceos con fines científicos. Los japoneses dicen que ese es su objetivo: hasta 2011, mataron hasta 935 por temporada.
El mantra de los activistas del Sea Shephard es que ellos están dispuestos a poner sus vidas en riesgo por salvar a estos animales. Varios lo repiten mientras avanza el capítulo El sonido del hielo, en Animal Planet.
"Sea Shephard tiene un equipo de recolectores de fondos muy bueno, así tienen los medios para sacar adelante sus programas. Tiene también los métodos -que no voy a revelar- para saber en qué zona del mar está la flota japonesa. Para buscar el lugar exacto, usan el helicóptero, que va a bordo del Steve Irwin".
Una toma aérea de Whale War muestra al Nisshi Maru, el barco factoría japonés, en medio de una zona de icebergs. El problema es que el casco del Steve Irwin no está reforzado para navegar entre el hielo. El piloto del helicóptero le transmite a Watson la ubicación del Nisshi Maru y le señala una zona donde encuentra un pasillo en medio de los icebergs que le permitiría al Steve Irwin acercarse al barco japonés sin arriesgar hundirse. En la noche, el hombre al timón no se da cuenta y pasa de largo ese pasillo.
El capitán Watson, entonces, tiene que decidir si arriesga al barco y la tripulación acortando camino por el hielo o si deja al Nisshi Maru cazar ballenas por otras 24 horas. El líder de Sea Shephard decide hacer lo primero. Ahí termina el primer capítulo del viaje de Tompkins. Comienza ahora El sabor de la derrota.
"Quedamos atrapados en el hielo. La situación no era fácil, pero yo sentí que había que tener confianza en la decisión que tomó el capitán. Creo que él hizo lo correcto. Las últimas horas que estuvimos intentando salir de ese campo de hielo fueron las más peligrosas. Paul (Watson) llevaba el timón y Peter (Brown) manejaba los motores. Jeff Hanson vigilaba a estribor y yo a babor. Estuvimos a punto de chocar de frente un iceberg, eso podría haber roto el barco. Escuchábamos el sonido del hielo raspando los costados del Steve Irwin, pero eso no es peligroso, lo peligroso es cuando tu proa, tras ser levantada por la ola, aterriza sobre un iceberg.
Siempre tuvimos algún espacio de maniobra. Esta no es la época del año en que el mar se congela y presiona a los barcos (hasta destruirlos). A ratos, hubo golpes de hielo por los costados que presionaron las costillas del casco. Eso hizo que ingresara algo de agua".
En el capítulo El sabor de la derrota, el Steve Irwin pasa 36 horas intentando salir del hielo al que los llevó Watson. En el nivel más bajo de la nave, unos jóvenes instalan postes de madera para enderezar las zonas del casco que están siendo dobladas por la presión del hielo. La tripulación se ve preocupada, tensa, atenta. Ellos saben que el Steve Irwin no debe navegar entre el hielo. Un error de Peter Brown retarda el encontrar una salida y en el barco se forman dos bandos. Demasiados días en condiciones extremas, con gente de personalidad fuerte reducida en poco espacio pasan la cuenta.
Tras salir del campo de hielo, el radar indica que un barco anda cerca. Tompkins mira cómo se les aleja la señal, intentan acelerar para darle alcance. Cuando logran acercarse descubren que es el Kaiku Maru, una de las naves vigía de la flota japonesa.
Paul Watson decide ir por él y da la orden para que el equipo de lanzadores de ácido butírico se prepare para lanzarle botellas a su cubierta. Los primeros tiros dan en el blanco. El líder de los Sea Shepard realiza una maniobra arriesgada: acerca al Steve Irwin a tal punto del Kaiku Maru que en el radar se dispara una alarma: ¡Collision warning! Los lanzadores le dan al blanco con más botellas, mientras las naves colisionan por el costado.
Todos miran con tensión. La maniobra deja una hendidura en el Steve Irwin y Watson decide ir de frente hacia el Kaiku Maru, para girar el timón en el minuto previo a chocar. La maniobra es arriesgada, si se retrasa unos segundos en su giro, puede chocar de frente.
Tompkins está en el puente de mando, mira con atención y en silencio. Todos miran sin hablar. En el momento exacto, Watson gira. Tras la amenaza al barco japonés, Watson lo deja ir para seguir en busca del buque factoría.
"La tripulación estaba feliz con lo sucedido. Ellos querían darle con las botellas al Kaiku Maru. Paul fue muy agudo al conducir el timón. La colisión no fue grave, fue compleja en el momento, pero no grave. Todos se llevaron como pieza de souvenir trozos de la pintura del barco que quedó marcada en el casco del Steve Irwin. En todos estos años de confrontación, Sea Shephard no ha herido a nadie".
Tras el incidente, la asociación de balleneros japoneses saca un comunicado: "Los Sea Shephard son un grupo terrorista que opera fuera de los límites de la ley marítima internacional".
Watson recibe un llamado de autoridades marítimas holandesas. El Steve Irwin navega con bandera de ese país. Le exigen que no se acerque tanto a los japoneses y que no les lance objetos desde el Steve Irwin. Watson acepta y cambia la estrategia: la próxima vez les lanzará las botellas desde una de las dos lanchas a bordo.
Pasan 10 días navegando sin encontrar el Nisshi Maru.
"Para Año Nuevo, con luz de día, pues la oscuridad sólo se produce un par de horas en la noche, hubo una fiesta de disfraces. Todos tenían los relojes con las horas de sus países de origen, festejamos bastante.
Soy una persona de pocas horas de sueño, no duermo más de cinco horas y media. En el barco dormí un poco más. Leí mucho, conversé mucho. Yo tengo muchas responsabilidades, y como el Steve Irwin está conectado a internet, podía trabajar desde allá, mantenerme conectado.
También dibujé y diseñé, pues parte de mi trabajo en los parques es diseñar las estructuras que utilizamos".
(De pronto, Watson recibe la llamada de un periodista para preguntarle si sabe que un tripulante japonés cayó al agua. El capitán le responde que la flota japonesa no ha dado ni una alerta).
"Paul habló por radio con el Nisshi Maru y les ofreció ayuda en la búsqueda, enviar el helicóptero o algo así, pero uno sabe que nunca se encontrará a una persona en esas aguas. Ellos respondieron que no requerían la ayuda. El Steve Irwing, entonces, se quedó cerca del barco sin atacarlo, pero sin perderlo de vista. Esperamos hasta que ellos levantaron la búsqueda. Después de eso las cosas volvieron a la normalidad: volvimos a perseguirlos. Esa había sido sólo una pequeña tregua.
Durante todos esos días que tuvimos a la flota cerca no vimos nunca faenar una ballena. No puedo decir que no hayan matado ninguna en esa temporada. Logramos estar casi todo un mes persiguiéndolos. Después tuvimos que regresar a Hobart a recargar combustible. Ahí yo terminé mi expedición".
El Steve Irwin permanece unos días extras en puerto, pues Watson recibió un sobre con un polvo blanco y la policía debió analizarlo para descartar que fuese ántrax. Watson y otro tripulante debieron quedarse encerrados en el barco, que fue declarado en cuarentena.
"Quiero volver a subirme al Steve Irwin. El otro día me llamaron Peter y Jeff para contarme que estaban en el mar en el mismo turno, me dijeron que me sumara. Tengo que encontrar de nuevo seis semanas en mi agenda, pues, realmente quiero volver a viajar con ellos".
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