Varsovia, la ciudad que no debe perderse
<img height="16" alt="" width="60" border="0" src="http://static.latercera.cl/200811/193728.jpg " /><br /> No es el destino más codiciado por los chilenos; sin embargo es un lugar que debiera sumarse a los itinerarios.
Juan Pablo II, Copérnico, e Ignacio Domeyko. Eso es probablemente lo que más se conoce de Polonia en Chile. Incluso, muchos piensan que Federico Chopin y Marie Curie eran franceses y no de esa nación, lo que ofende el hinchado orgullo de los polacos, especialmente en la capital, Varsovia, donde son figuras de orgullo, de museos, de festivales y protagonistas de la mayoría de los souvenirs.
Pero, justamente esa nebulosa de conocimientos, de datos sueltos, es lo que hace fascinante visitar Varsovia, una ciudad que se ha levantado desde las cenizas una y otra vez, cada ocasión que ha sido ocupada y devastada. Podríamos incluso decir que es una ciudad nueva, pues durante la Segunda Guerra Mundial, Varsovia no sólo fue bombardeada, sino que los alemanes también se encargaron de dinamitar cada edificio que representara la cultura y el patriotismo polaco. Apenas el 15 por ciento de los edificios quedó en pie. Por eso el casco antiguo es hoy una impresionante y exacta réplica de lo que era.
CIUDAD VIEJA, CIUDAD NUEVA
Con pinturas de Tintoretto en mano, los polacos reconstruyeron y restauraron casas, plazas y palacios, como el Real, que recién se culminó entre 1974 y 1988. El esfuerzo fue tal, que es el único lugar reconstruido en el mundo que tiene la distinción de Patrimonio de la Humanidad. Tal vez por eso pasear por allí es gratificante.
En el casco antiguo está la Ciudad Vieja -Stare Miaste- que data del siglo 14, y que mantiene las que fueran las murallas de la ciudad. Uno de los accesos se hace a través de una barbacana (torre defensiva) de 1548, donde jóvenes hacen representaciones de decapitaciones con espada. Provocan tal impacto, que los turistas los miran con un poco de distancia hasta que comprenden que pueden ser parte del show y aparecer con el cuello en el tronco por un par de zlotys mientras son fotografiados.
Vale aclarar: el zloty es la moneda polaca y equivale a 0,2 euro. Aunque Polonia es parte de la Unión Europea, aún debe cumplir más requisitos para usar el dinero unitario. Por lo demás, los polacos no mueren de ganas de tener euros y algunos lo rechazan de plano. De todas formas no es tan complicado, pues en los sectores más populares siempre se aceptan euros y dólares. Las casas de cambio (kantor), abundan.
En la Ciudad Vieja, las calles -las ulicas, léase "ulitzas"- son medievales y adoquinadas. Angostas y atrapadas por altas casas pareadas que tienen una singularidad: prácticamente todas tienen dibujos en sus fachadas, los que indicaban la ocupación y riqueza de la familia que la habitaba. Una vez que se llega a la Plaza el Mercado, la casa que causa mayor curiosidad es aquella que tiene cabezas de negritos saliendo por la pared. Dicen que los dueños del lugar eran mercaderes de esclavos. Otra tiene un dragón de metal, pero nadie sabe por qué. Cerca de ahí hay una casa que dice ser las más angosta del mundo. Está en el ángulo de una esquina y no tiene más de dos metros de ancho. Insólita.
La Plaza bulle. Hay retratistas, museos, cafés y todas sus entradas están llenas de jardineras con coloridas flores, una costumbre que alumbra los días fríos y oscuros de otoño e invierno, cuando la noche comienza a caer pasadas las 15:30.
Todo en la plaza gira alrededor de la estatua de una sirenita. No es una aburrida copia de la de Copenhague. La leyenda dice que es su hermana. En una aventura, cada sirenita nadó a la tierra de los hombres y ésta, Sawa, llegó a la desembocadura del río Vístula, en Gdansk. Nadó río arriba y un mercader la apresó. Uno de los muchos pescadores del lugar que estaban enamorados de ella, la rescató. Era Wars. Liberada, Sawa prometió defender con su espada a los lugareños cada vez que la necesitaran. De ambos proviene el nombre de la ciudad. Warsawa, Varsovia. Es por ello también que la sirena, en este caso, aparece menos romántica que su hermana, con escudo y una espada. Es el símbolo de la ciudad.
La Ciudad Nueva, en tanto, no es tan reciente. Es del siglo 15 y una para obligada allí es en el restaurante de comida típica y judía Pod Samsonem. Un lugar pequeño, visitado por los directores de cine locales, donde se puede probar la gastronomía polaca, que está atravesada por la influencia de sus invasores rusos, tártaros, ucranianos, cosacos, otomanos y suecos. Así se puede probar por ejemplo, un caviar judío, pato asado con manzanas y el zurek, la sopa típica con harina fermentada, pimienta y cecinas. Sabe mejor de lo que se le explica. Por cierto, paciencia. No en todas partes los menús están también en inglés ni todos los locales tienen alguien que lo hable. Lo malo es que el polaco no suena a nada conocido y pareciera que fuera un idioma sólo de consonantes u "ch". Hasta los polacos dicen que es difícil y cuesta que alguno quiera enseñar a decir alguna cosa, así que seguro en Varsovia utilizará el lenguaje internacional de las señas.
Afuera de estas ciudades centenarias, es otro mundo. Claro, una ciudad moderna, con edificios, cines, discotecas, un edificio de Foster y uno que otro desatino, como una palmera artificial en un bandejón central, que se hiela con las temperaturas de hasta -30 ºC en invierno y que de todas formas no convence con los 30ºC del verano.
ZONA MODERNA, JUDAICA Y EXTENSOS PARQUES
Pero hay que ponerle un poco más de ojo. Todo lo que no es comercio o edificio público de corte realista, son bloques de departamentos de corte soviético. Todos iguales y parte de su historia. Las calles principales fueron hechas anchas para facilitar el paso de los tanques. Claro que aún en el centro, no deja de asombrar el regalo que mandó a hacer Stalin para la ciudad: un edificio de 237 metros de altura, el Palacio de las Artes y Ciencia. Es el más alto de Varsovia y hasta fotografiarse con él completo, es complicado, igual que las opiniones que tienen los polacos sobre la construcción donde trabajaron 3.500 rusos. La mitad opina que es una mole de cemento horrible que trae malos recuerdos y que hay que derribarlo, mientras que otro tanto no está tan molesto con el edificio que tiene hasta hotel, sala de conciertos y piscina dentro. Subir hasta sus miradores cuesta 20 zlotys.
Desde el Palacio de la Cultura y la Ciencia, ve casi toda Varsovia, con su gran cantidad de iglesias -es un país 95% católico- y sinagogas. Hay que recordar que Varsovia fue el lugar donde llegaron los judíos expulsados de Europa por siglos. Sin embargo, en 1940 los nazis cercaron su barrio creando el conocido ghetto de Varsovia, que tuvo a 500 mil judíos apresados. En 1944 los judíos y los polacos se alzaron. No les fue bien y la matanza tocó a casi todas las familias de los polacos con que se conversa, pero es una parte de la historia digna de conocer en un completo museo interactivo. Aunque el ghetto fue destruido, aún quedan algunas paredes en pie. Casi todas las construcciones de la Varsovia judía -que quedaba las "afueras" de las ciudades tradicionales- ya no existen e incluso algunos guías desconocen los lugares donde quedan restos, por lo que si se quiere reconstruir la historia judaica allí, más vale buscar tour agencias especializadas, que podrán mostrarle por ejemplo, el lugar desde donde salían los trenes hacia los campos de exterminio. Salvo que se visite el antiquísimo cementerio judío, no hay que esperar encontrarse con zonas originales o réplicas. Por lo general, en esos lugares sólo hay elementos conmemorativos.
Pero, a pesar de las oleadas de distintas ocupaciones, los polacos gozan de lo que tienen. Así es por ejemplo, que los fines de semana los parques se llenan de gente. Cerca de un cuarto de la ciudad es área verde. ¿El más concurrido? el Lazienski, que tiene 70 hectáreas en plena ciudad. Ahí están los palacios de veraneo de la familia real -porque claro, en ese tiempo un par de kilómetros era muy lejos-, una extensa laguna artificial y un anfiteatro. Todo es muy ordenado y limpio. Nunca se ha reportado un crimen en el parque y no se puede entrar en bicicleta, ni llevar animales. Para eso están otros parques, dicen. Así que las ardillas y los pavos reales pueden pasear por ahí en paz. Por el verano, y bajo una enorme estatua de Chopin, se realizan conciertos al aire libre todos los fines de semana. Cerca del parque está el palacio Wilanów, donde se puede conocer parte de la historia real de Polonia, la que, incluso, tuvo reyes elegidos democráticamente. Una sorpresa más dentro del desconocido mundo de los polans, o "gente de los pueblos", la cual aún puede verse en las esquinas de la ajetreada vendiendo las frutas y verduras de sus campos, todo fresco, todo familiar, todo a la antigua, todo aún sorprendente.
GUÍA DEL VIAJERO
QUÉ VER
La temporada ideal para visitar Varsovia es de mayo a octubre, cuando se vive el "otoño dorado". Es recomendable informarse sobre los horarios de visitas, porque muchos lugares cierran temprano.
-La Ruta Real:
Comienza en el Palacio Real (hoy Museo Histórico) y sigue pasando por la universidad, y diversas e históricas iglesias hasta llegar a los palacios, como el flotante, del parque Lazienski y el Wilanów. Al lado, está el Museo del Cartel.
-Museo de la Insurrección:
Recrea las circunstancias en que Polonia enfrentó las guerras y el levantamiento popular de 1944. www.1944.pl
-Zelazowa Wola:
A 40 minutos de Varsovia, está la casa donde nació Federico Chopin. Está restaurada y rodeada de un parque botánico. La casa tiene dibujos y pertenencias del compositor, cuyo corazón está en la iglesia de la Santa Cruz, en Varsovia. www.chopin.cl
CÓMO LLEGAR
Iberia, vía Madrid: US$ 1.179 más tasas.
KLM, vía Ámsterdam: US$ 1.235 más tasas.
British Airlines vía Londres: US$ 1.272 más tasas.
CÓMO MOVERSE
Desde el aeropuerto el bus 175 sale hacia el centro de la ciudad (el "centrum").
El centro es fácilmente caminable. De todas formas, los buses funcionan toda la noche, con sistema de paraderos con un pase recargable. El Metro tiene sólo una línea.
Los taxis no tienen un color unificado y también funcionan con paraderos. Lo mejor es tener el número telefónico de alguna línea.
Una buena idea es imprimir en polaco los nombres de los lugares a los que se quiere ir.
DÓNDE COMER
Si no quiere arriesgarse, en la calle del nuevo mundo -Nowy Swiat- se pueden encontrar restaurantes de varias nacionalidades. Lo más barato (de un plato y un refresco), será de 10 zl y lo más caro, de unos 30 zl. Los polacos suelen tomar sopa, plato de fondo y postre. Sin embargo, para comer comida típica, se recomienda:
- Pod Samsonem, www.podsamsonem.pl
- StaraSzafa, www.staraszafa.pl
- Más en www.restauracje.com.pl
DÓNDE ALOJAR
Hay desde hoteles cinco estrellas como el Hyatt hasta reconocidos hostels.
Hyatt, desde US$ 119.
Mamaison Le Regina, desde US$ 95.
Castle Inn, desde US$ 54.
Hostel Helvetia, desde US$ 45.
Más en www.hotelspoland.com
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