Por Milenko SkoknicLa candidatura de Bachelet a la ONU

El gobierno ha formalizado la candidatura de la expresidenta Bachelet a la Secretaria General de la ONU, con el significativo respaldo de Brasil y México, dos potencias de nuestra región, miembros del G20, ubicándola en expectante posición. Las reacciones domésticas van desde quienes solicitan que el próximo gobierno desista de la postulación como aquellos que piden sea apoyada en la perspectiva de una política de Estado.
Con razón el Presidente electo y su canciller han reiterado que se pronunciarán una vez asumido el cargo y evaluados todos los antecedentes, fortalezas y debilidades de la campaña. Será una decisión que marcará el inicio de su gestión y legado en política exterior, con repercusiones locales y regionales. Al respecto, algunos comentarios iniciales en el ámbito de las RR.EE.:
1. Al ser tres los Estados que la presentan, el retiro de uno de ellos no impide que la expresidenta continúe en el proceso. Por tanto, este paso no tendría el efecto final buscado por algunos y complicaría nuestra vinculación bilateral con Brasil y México.
2. El respaldo otorgado por esos dos países ¿es solo nominal o también se sumarán a las gestiones con otros centros de poder y apoyar financieramente la campaña?
3. La postulación de la exmandataria es competitiva con otras tres personalidades de nuestra región, hasta ahora, por lo que se aleja la opción de consenso y unidad. Además, tendrá un efecto en la relación bilateral con Argentina, que ha presentado un sólido aspirante, como Rafael Grossi, cuya fortaleza está en los temas de paz, seguridad y desarme nuclear, que son los más relevantes para el Consejo de Seguridad.
4. A partir del 20 de abril la Asamblea General recibirá a los nominados para que expongan su Visión de Futuro. Pero el verdadero examen es ante el Consejo de Seguridad, con sesiones cerradas desde finales de julio y hasta que concluya el proceso. No hay un plazo fatal para la presentación de otros nombres.
5. El rol de los cinco miembros permanentes del Consejo es relevante, pero EE.UU. será determinante. No solo por su veto, sino porque la administración Trump podrá esta vez definir quién encabezará el organismo. Las medidas ya adoptadas han iniciado, de hecho, la reestructuración financiera y de mandatos de la organización. Los despidos de personal y la advertencia de Guterres de que las finanzas de la ONU solo permiten cumplir sus compromisos hasta mediados de año son un duro recordatorio de que EE.UU. quiere cambios inmediatos y decisivos, tanto de contenido como de eficiencia del organismo.
6. La pregunta es entonces: ¿Cuál de los candidatos representa de mejor manera el perfil y convicción que busca Trump para la reforma de la organización? Las señales empezarán a llegar en los próximos meses.
Por Milenko E. Skoknic, representante permanente de Chile ante ONU 2018-2022.
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