Por Gonzalo ValdiviaOlivier Assayas y su cinta sobre Putin: “Ha abrazado ser la representación del mal de su época”
El próximo jueves 16 debuta en los cines El El Mago del Kremlin, la película con la que el reconocido director francés se interna en la maquinaria que facilitó el ascenso de Vladimir Putin en los años 90. En entrevista con Culto, detalla su trabajo con Jude Law, su colaboración con el escritor Emmanuel Carrère y los múltiples obstáculos que tuvo que superar. “Todos los días era como ir a la guerra. Fue un filme muy difícil de hacer”, sostiene.

El cineasta francés Olivier Assayas (París, 1955) disfruta con el acto de calzarse trajes diferentes. A su favor, puede decir que varios le quedan bien. El de autor de dramas que indagan en la psicología de sus personajes, el de realizador de documentales sobre el cine y el de director de thrillers que exigen nervio y precisión.
Ese último músculo lo ha ejercitado mayormente en producciones basadas en hechos reales: Carlos (2010), su alabada miniserie de cinco horas sobre la vida del terrorista venezolano Carlos “El Chacal”, y La Red Avispa (2019), sobre los espías cubanos que se infiltraron en grupos anticastristas con sede en Florida, para evitar ataques y monitorear a los exiliados.

Esta vez, quizá porque se basa en un libro que ficciona hechos reales, o tal vez para mantener una prudente distancia con sus sombríos protagonistas, opta por la sátira. Basada en la novela de Giuliano da Empoli, El mago del Kremlin se interna en la maquinaria y las figuras que facilitaron el ascenso de Vladimir Putin (Jude Law) en los años 90 y su eternización en el poder ruso.
La película –que se estrena este jueves 16 en cines del país– practica ese ejercicio a través de los ojos de Vadim Baranov (una versión ficcionalizada de Vladislav Surkov, papel a cargo del actor Paul Dano), productor de televisión que se transformó en un asesor clave del agente del KGB y fue determinante en su auge.
Adoptar la óptica de ese personaje otorga un marco más amplio, permitiendo que el filme se adentre en los sueños rotos de la generación que imaginó un futuro distinto tras la caída de la Unión Soviética. Es justamente ese ángulo uno de los que despertó mayor interés en el director de Clouds of Sils Maria (2014). El obstáculo consistíó en que –irónicamente– estaba poco desarrollado en la novela de Da Empoli. Aunque la idea lo ponía nervioso, se propuso profundizar en la juventud de Baranov y en el rol que encarna la sueca Alicia Vikander (Ksenia).

En entrevista con Culto, Assayas asegura que esa expansión del libro “tenía que ser lo más fiel posible a la realidad. Pero era una realidad con la que yo no estaba muy familiarizado, por lo que requirió muchos ajustes. Al final, como lo estábamos haciendo a gran escala, eso también añadió una capa de complejidad”.
La persona que sí conocía en detalle ese episodio de la historia rusa era el escritor Emmanuel Carrère, a quien contactó para materializar el guión en conjunto. En sus palabras, durante el proceso “aportó su talento como novelista, como escritor y como amigo”.
“Ahora estoy un poco más familiarizado con la política rusa que cuando empecé, porque hice mucha investigación e hice mi tarea. Y lo hice con la ayuda de Emmanuel. Él me dijo: deberías leer este libro, deberías ver ese documental, deberías explorar esta o aquella área. Y fue al mismo tiempo coguionista y asesor en todo lo relacionado con Rusia”, explica.

De todos modos, reconoce que le resulta “difícil de definir” su contribución. ¿El motivo? La primera forma del texto fue íntegramente en francés, pero la reescritura fue hecha en inglés, un idioma en el que el autor de El adversario no escribe. “La adaptación al inglés del guión, y los cambios que realicé en distintas etapas, es algo que hice por mi cuenta”, precisa.
-¿Por qué Jude Law era el actor perfecto para interpretar a Vladimir Putin?
No sé si era perfecto, pero sin duda hizo lo mejor que pudo y yo hice lo mejor que pude para ayudarlo. Es muy sencillo. Cuando se trata de un personaje de la vida real, o bien se busca alguien con un parecido físico, alguien con una complexión similar, de la misma estatura y parecido a Vladimir Putin, o bien se decide ser un poco más ambicioso y hacer una película sobre la política moderna en general. Y en el centro de ese filme habrá una figura que personificará las complejidades, las contradicciones y los conflictos de la política moderna, encarnada por Putin. Creo que él representa a muchos autócratas que han surgido como hongos en los últimos años. Así que pensé que era más interesante y relevante trabajar con un gran actor que aportara mayor complejidad y más matices al personaje. No hay muchos actores de su reconocimiento, fama o como quieras llamarlo, a quienes les guste transformarse. Y creo que era algo que yo sabía cuando le ofrecí el papel a Jude: que lo entendería el papel, que comprendería sus complejidades y que encontraría sus propias soluciones. Porque así es cómo yo funciono.

-¿En esta película estaba más interesado en reflexionar sobre ciertos temas o en crear un retrato de personaje?
Lo que me interesó de la novela de Giuliano da Empoli, desde el principio, no fue el hecho de que tratara sobre la política rusa, sino que trataba sobre la política moderna en general. Creo que aborda la política posmoderna, es decir, la política posterior a internet, posterior a las redes sociales, y cómo han cambiado profundamente nuestra forma de funcionar, nuestra relación con el Estado, nuestra relación con la política. Así que creo que había algo más amplio que el personaje de Vladimir Putin en esa historia. Pienso que lo que hizo Giuliano es bastante asombroso. No estoy diciendo que tenga razón, pero ciertamente tengo la sensación de que él capturó el momento en que adquirieron forma las nuevas modalidades de la política. Ahí fue donde se inventó algo que ha invadido nuestro mundo y ha redefinido nuestra relación con la política.
-¿Y qué aprendió sobre la política moderna trabajando en este filme?
Creo que entendí algunas cosas sobre Rusia, sobre la política rusa y sobre la relación perversa que el Estado ruso tiene con el control de su población y sus recursos. Aprendí muchísimo mientras leía el libro de Giuliano, mientras investigaba para el filme y escenas específicas, cuando intentaba que este o aquel momento quedara perfecto. Pero la verdad es que, una vez que el rodaje comenzó, mi preocupación no era la política rusa, sino terminar cada día sin pasarnos del tiempo ni del presupuesto. Todos los días era como ir a la guerra. Fue una película muy difícil de hacer. Mi problema no era entender la política rusa de manera correcta, mi problema era hacer el filme de manera correcta, conseguir la energía adecuada y crear un mundo que fuera creíble como Rusia.

Esa complejidad está asociada a que el rodaje se desarolló en Letonia y a que tuvieron acceso limitado a vestuario, utilería y archivos de la época en que transcurre la historia. “Fue extremadamente desafiante recrear el contexto”, enfatiza.
-Esta película es una de las pocas representaciones de Putin en pantalla. ¿Cómo manejó esa responsabilidad?
Para serte honesto, sin duda que fue intimidante. Me refiero a intimidante en el sentido de que él es una figura muy oscura. Es alguien que ha abrazado ser la representación del mal de su época. Eso lo convierte en un personaje muy perturbador en muchos sentidos. Pero creo que gran parte del diálogo de Vladimir Putin proviene directamente de la novela de Giuliano. Debido a que conoce el contexto ruso y el contexto de Putin y sus estrategias, las escenas que escribió nos ayudaron mucho como guionistas. El asunto es que no intentamos crear un personaje humano que tuviera dudas, que tuviera una familia o algún tipo de subtrama íntima o personal. Ni siquiera lo consideramos. Queríamos a alguien que encarnara los valores del poder en la política moderna. Y jamás nos desviamos del camino. Así que está rodeado de personajes que tienen algún tipo de vida o algún tipo de psicología o humanidad, pero él no tiene humanidad alguna. Él es la personificación del individuo obsesionado con hacerse con el poder y aferrarse a él con sus garras.
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