Cómo el PC perdió el timón en el conflicto estudiantil
<P>Bajo la gestión de Joaquín Lavín, la tienda de izquierda apareció como un interlocutor en la crisis. Pero la irrupción de los ultras y los cambios de estrategia del gobierno relegaron al partido a un segundo plano.</P>
La asamblea que la Confech realizó el 4 de junio marcó uno de los primeros quiebres entre los representantes comunistas y los grupos que ya se perfilaban como los más radicalizados del movimiento estudiantil. Esa tarde, en la sede capitalina de la Universidad de Valparaíso, los "ultras" le enrostraron a la presidenta de la Fech, Camila Vallejo, y a otros representantes de la JJ.CC., el error que cometían al argumentar que "no era el momento" de pedir la renuncia del entonces ministro de Educación, Joaquín Lavín, y "que se podía conversar con él".
Los cuestionamientos a la dirigenta universitaria coincidieron con la etapa en que el PC apareció como un posible puente para buscar una salida al conflicto, que se arrastraba por más de dos meses. Ese rol pudo concretarse bajo la gestión de Joaquín Lavín, pero se hizo definitivamente inviable una vez que se hicieron más visibles las posturas duras en la Confech, develando el escaso margen de acción que tenía la colectividad al interior del movimiento.
Tanto en la tienda que preside Guillermo Teillier como en el círculo cercano a Lavín coinciden en señalar que el auge en el protagonismo del PC se dio a partir de mayo. El diálogo en la arena política se viabilizó con la intermediación del diputado UDI Gustavo Hasbún, cercano a Lavín y quien mantenía lazos de amistad con Teillier y el diputado PC Hugo Gutiérrez. Y, en paralelo, el historiador Alejandro San Francisco, asesor del ex secretario de Estado, tendía puentes con dirigentes PC, como el presidente de la Feusach, Camilo Ballesteros, y el encargado de educación superior de la JJCC, Juan Urra.
En el entorno del ex ministro afirman que las tratativas iban bien encaminadas. Subrayan que en ese momento los representantes del PC aparecían como un partido pragmático, que estaba abierto a alcanzar acuerdos razonables y que ofrecía garantías de imponerse al interior de la Confech. Según esta versión, las conversaciones permitieron consensuar una propuesta que recogía cuatro de los 12 puntos del petitorio de los estudiantes. Estos decían relación con 1) Incrementar los aportes basales a las universidades estatales; 2) Gratuidad del pase escolar; 3) Desmunicipalizar la educación escolar, e 4) Incrementar las becas y créditos. "Lavín estuvo en una posición bastante más conciliadora que Felipe Bulnes", dice un dirigente PC que estuvo al tanto de las conversaciones.
A fines de junio, sin embargo, el escenario al interior de la Confech cambió definitivamente, luego que sectores ultras, concentrados en la universidades regionales, radicalizaran las demandas del movimiento y pidieran la reestructuración de la mesa ejecutiva de la Confech. Desde el propio entorno de Lavín, sin embargo, coinciden con dirigentes del PC que afirman que un factor que incidió en que no prosperara el acuerdo fue que en esos días Piñera endureció su postura ante las demandas estudiantiles y las movilizaciones callejeras, quitándoles el piso a las gestiones que llevaba a cabo Lavín.
La llegada de Felipe Bulnes a Educación, el 18 de julio, supuso un cambio en los interlocutores y una pérdida definitiva del protagonismo que había tenido la plana mayor del PC. Las negociaciones se concentraron en el núcleo que formaron el ministro Andrés Chadwick, el senador PS Juan Pablo Letelier y el presidente de la Feuc, Giorgio Jackson. Este último recurrió al sociólogo y ex presidente de la Feuc Jaime Crispi para consensuar una propuesta con el titular de Educación. En ese contexto, del PC sólo entró a escena Juan Urra. Pero su rol, según revelan fuentes que han conocido las conversaciones, fue acotado a opinar sobre las garantías para reanudar la mesa de diálogo.
Los contactos con el PC se hicieron cada vez más esporádicos y tensos. A comienzos de agosto, el ministro Rodrigo Hinzpeter, telefoneó a Teillier. En La Moneda aseguran que el jefe de gabinete quiso medir temperatura para iniciar un diálogo informal, en una gestión que no tuvo éxito, luego que el propio Teillier transparentara que su partido controlaba el movimiento. En el PC, en tanto, recuerdan que en esa conversación el ministro le pidió mediar ante los estudiantes para que aceptaran no marchar por La Moneda. Según esta versión, la respuesta del diputado fue que intentaría interceder, pero que no aseguraba resultados.
El 22 de agosto, en tanto, fue el vocero Andrés Chadwick, el que telefoneó a Teillier, sólo horas después de que el movimiento congregara -según la Intendencia- a más de cien mil personas en el Parque O´Higgins. En el PC señalan que en esa conversación, el ministro planteó la idea de reunirse para iniciar un diálogo, y que el diputado planteó como condición que la cita fuera pública. El encuentro nunca se realizó.
Ya para ese entonces Teillier había optado por replegarse, luego que los grupos más radicales de la Confech acusaran a los representantes de las JJ.CC. de hacer un uso político del movimiento. La tensión se evidenciaba en cada asamblea, con constantes llamados de los "ultras" a los dirigentes comunistas para aclarar el rol de Urra o las apariciones de Vallejo junto al presidente del Colegio de Profesores, Jaime Gajardo.
La fuerza del PC en el movimiento, sin embargo, no sólo quedó en entredicho en su rol de eventual interlocutor del gobierno. En el flanco interno, los rostros más visibles fueron perdiendo respaldo en sus federaciones. Y en la plana mayor del partido comenzaron a surgir visiones divergentes respecto de la forma de seguir adelante con las movilizaciones: una línea, encabezada por Teillier, cree que éste debe tener un mayor grado de autonomía. Otra postura, en cambio, representada por el secretario general, Lautaro Carmona, apunta a que la colectividad debe tener una conducción política más firme y, por tanto, entrar abiertamente en una negociación con otros actores del mundo político.
Con todo, entre los dirigentes comunistas universitarios impera la idea de que el conflicto ha reportado ganancias al partido. Creen que en un primer momento el gobierno le dio una importancia mayor a la que tenían, lo que les permitió mayor visibilidad y la posibilidad de perfilar a figuras como Vallejo, quien pese a las críticas internas, mantiene un rol protagónico.
En el gobierno, en tanto, hay posiciones discrepantes a la hora del análisis sobre el rol del PC en la crisis. Los más críticos del actuar del Ejecutivo aseguran que desde un principio hubo un diagnóstico errado sobre su poder real en la Confech. Los más alineados con la estrategia del gobierno, en cambio, responsabilizan a la tienda de izquierda por nunca haber tenido una voluntad de llegar a acuerdos. En La Moneda sitúan en esa línea al ministro del Interior, quien ha comentado a sus cercanos que el PC es un partido poco confiable, que al no poder darle conducción al movimiento, perdió la oportunidad de legitimarse ante la opinión pública.
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