El debut familiar de Benito
<p><span style="text-transform:uppercase">Su madre cantaba </span>y bailaba en el show, mientras su hermana Lisa hizo de bailarina. Así, en familia, fue el estreno musical en Chile del mayor de los dos hijos de Gustavo Cerati. </p>
El último 26 de noviembre, Benito Cerati apagó las velas de una torta que significaba algo más que su cumpleaños número 18. Ese día, vencía el plazo del consejo que recibieron sus padres de Charly García al ver a un chico que venía haciendo música desde que tenía uso de razón. El del bigote bicolor, que algo sabe de cómo hacer y deshacer una carrera artística, recomendó que a Benito lo dejaran tranquilo hasta que alcanzara la mayoría de edad.
Aunque su padre no estuvo para celebrarlo en su último cumpleaños, su madre le abrió la puerta para que Benito empezara a relacionarse como músico con ese mundo externo que lo ve con toda la atención que genera llevar el apellido de una de las figuras más relevantes del rock en español.
Han pasado nueve meses y algunos días de ese cumpleaños y Benito Cerati Amenábar está sentado en un pequeño camarín de paredes rayadas, frente a una chica que lo maquilla. Mientras su madre pincha discos en la caseta para el DJ del Bar Loreto de Bellavista y su hermana Lisa baila tímidamente en la pista junto a un grupo de chicas, a Benito le dibujan una figura en la frente de su pálido rostro como una manera de citar a David Bowie, uno de sus grandes héroes musicales. Afuera, un público extraño lo espera a que salga a dar su primer concierto en el país que lo vio nacer a fines de 1993, y que al día siguiente repite la ceremonia en el segundo show, en el muelle Barón de Valparaíso.
“No cacho su música, pero vine a ver qué onda”, dice una chica en la espera del show. “Mi novia es fanática de Cerati, lo banca en todas, por eso vinimos”, dice Nicolás entre medio de las cerca de 150 personas que han pagado entre 5 y 10 mil pesos para entrar al local, sin haber escuchado antes la música que Benito Cerati ha estado componiendo para una banda que llamó Blank Tiger. No lo han escuchado antes por una razón bien simple: el chico que viajó desde Buenos Aires junto a su banda gracias a una marca de ropa que forró las paredes del local con su gráfica, aún no publica un disco. Los que han llegado a verlo, figuran ahí por una mezcla entre curiosidad y una manera de aproximarse a la inmensa figura de su padre, postrado desde el accidente cerebrovascular que sufrió en mayo de 2010.
En las afueras del Bar Loreto, los autos han colapsado las calles cercanas. Adentro, cuando hace poco más de una hora que es sábado, Benito Cerati aparece sobre el escenario con la figura pintada en la cara, una melena decolorada, una chaqueta blanca con brillos y un impresionante parecido a su madre. Lo acompaña una corista, un guitarrista y en las programaciones, el tecladista Leandro Fresco, viejo colaborador de su padre y que acompañaba al ex líder de Soda Stereo en ese show de la gira Fuerza Natural en Caracas que terminó siendo el último.
Frente al atril del micrófono, Benito tiene un teclado que usa poco, porque en escena concentra sus esfuerzos en no desafinar demasiado al interpretar canciones propias y de otros como Bowie, Portishead y Massive Attack. Lo de Benito y Blank Tiger no es pop, no es rock, no es electro, no es trip hop, no es sicodelia, pero algo tiene de cada uno de esas teclas. Una mezcla que bien sintoniza con la definición lanzada en una de las pocas entrevistas que ofreció en los días previos a su debut, donde dijo que lo suyo era la ambigüedad en todos los aspectos. Se nota en un look construido con guiños a Ziggy Stardust y a Lady Gaga.
En la pista está Andrés Nüsser, líder del Astro, una de las bandas favoritas de Benito y reconocida influencia en Blank Tiger. Nüsser cuenta que no alcanzó a ensayar para aceptar la invitación de Benito, pero a cambio le prestó un amplificador. Otro de los que deambula por el local es Christian Powditch, uno de los chilenos más cercanos a Cecilia Amenábar y Gustavo Cerati, con quien a fines de los 90 trabajó en el proyecto de electrónica Plan V.
Mientras Benito y su banda sacan adelante el compromiso, varios teléfonos apuntan al escenario grabando imágenes del show. Desde la caseta del DJ, Cecilia Amenábar canta y baila con la performance de su hijo. Parecida es la reacción de Lisa, junto a un grupo de parientes y amigos que celebran como en una fiesta familiar. Hacia el final de los 50 minutos de show, Benito invita a subir a Lisa en su canción más bailable. “Lisa Cerati”, repite un par de veces pero su hermana no llega. Solo al cierre de la canción, Lisa sube al escenario para sumarse como bailarina. Una escena común en la familia, pero inédita para el público. Minutos después, Cecilia Amenábar comentará a la pasada el debut en Chile del mayor de sus dos hijos que tuvo con “Gus”. “Lo vi bien, está recién agarrando vuelo, tuvo que improvisar harto, pero para haber tocado tres o cuatro veces antes, está bien”, dice con el tono de una madre orgullosa y feliz de que los Cerati Amenábar puedan volver a celebrar.
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