José Luis del Río habla de su nuevo emprendimiento y de los 75 años del Saint George
<P>El empresario, quien acaba de crear el fondo de inversión Inder, participará este lunes en la celebración de un nuevo aniversario de su colegio que, dice, lo preparó para emprender.</P>
Cuando estaba a punto de terminar el colegio, a mediados de los 60, José Luis del Río, socio de Falabella y Dersa, y controlador de la pesquera y salmonera Friosur, quería ser sociólogo o arquitecto. Pero al egresar optó por un camino distinto: entró a estudiar ingeniería, luego partió con una beca a Inglaterra y a su regreso en los 70, luego de una breve carrera como ejecutivo, se transformó en empresario.
Su paso por el Saint George, cuenta, lo preparó para el emprendimiento. "En mi colegio, si alguien se salía de la fila tenía que justificar por qué. Había una educación en la libertad con énfasis en la autodisciplina. No es que nos educaran para hacer empresas. Hacían que cada uno realizara su propio proyecto, pero a fondo", afirma.
Sobre todo, agrega, "nos enseñaron que cada uno es responsable de su propia vida. En los exámenes, por ejemplo, los curas salían de la sala y dejaban que el quisiera copiar, copiara. Al poco rato, había una segmentación muy clara entre los que lo hacían y los que no. Y pasaba algo muy notable: a los pillos les daba vergüenza, y ese fenómeno era muy interesante", recuerda.
Precisamente de esa experiencia, del rol social de los empresarios y de las claves para partir en un negocio hablará este lunes, en un foro con el que el Saint George celebrará sus 75 años de vida y en el que intercambiará visiones con otros ex georgians, como Carlos Alberto Délano, del grupo Penta; Patricio Parodi, de Consorcio; Rafael Guilisasti, de Concha y Toro , y el cineasta Andrés Wood.
También compartirá su opinión sobre la necesidad de bajar algunas barreras que, a su juicio, ponen frenos al emprendimiento. "Esta es una cosa cultural. En esencia, en Chile somos tremendamente conservadores; preferimos los títulos profesionales y ser ejecutivos a emprender. A muy pocos les gusta ensuciarse las manos. Además, en Chile hay una baja tolerancia al fracaso, una palabra que encuentro espantosa y que en EEUU se traduce como "experiencia". Es una cosa de mentalidad. Aquí nos gustan las cosas seguras; nadie quiere correr riesgos", dice.
Pero espacios y ganas de emprender sí hay. "A veces uno comienza sin proponérselo. La gracia está en ver la oportunidad. En mi caso, fue ver que había mercado para la distribución de autos japoneses baratos y de calidad, como Suzuki. Así partió el grupo Derco", resume. Lo que sigue es una historia que tuvo un hito hace menos de una década, con la fusión de Sodimac y Falabella, y continuó con la reorganización de los intereses de la familia, hace un par de años.
Sobre la base del patrimonio que hoy posee, está dispuesto a empezar de nuevo. "Para un emprendedor tener recursos es más una carga que una bendición. Cuando uno llega a un cierto nivel, es más motivante hacer cosas que tengan un sentido. Acabo de cumplir 65 años y en vez de retirarme decidí, junto a mis hermanos Bárbara, Ignacio y Sebastián, armar un fondo de private equity para buscar empresas interesantes en Chile, Perú y Colombia", adelanta.
Bajo el nombre de Inder, el fondo de inversión a 10 años -que partirá "con un capital importante", aclara- fue creado hace unos meses y correrá en paralelo a Austral, fondo de capital de riesgo en que participa junto a Pablo y Rafael Guilisasti, Andrés Concha, Juan Antonio Guzmán, Víctor Hugo Puchi, Pablo Valenzuela, y Juan Claro, entre otros.
¿Por qué eligió este camino?
Porque cuando uno nace chicharra, muere cantando. Lo que queremos es hacer cosas y seguir creando, tal como lo hicimos en el caso de Derco, Sodimac, Friosur, Conosur, Falabella.
¿Qué empresas está buscando?
En general, compañías que podamos reorganizar y hacer crecer. La única restricción es que no pueden ser competencia de Falabella. No puedo contar mucho aún, recién estamos estudiando opciones y armando los equipos. Hasta el momento somos 20 personas, cinco en la búsqueda de negocios y el resto en back office.
¿Y cómo se completa el equipo?
Muchos eran parte de Dersa, entre ellos el gerente general, Jorge González. También me acompaña el segundo de mis siete hijos, Juan José (35), ingeniero comercial con un MBA del Iese. El asumió como gerente de desarrollo de Inder y empezó a trabajar conmigo hace seis meses. Antes estuvo 12 años por fuera, porque mi filosofía es que los hijos tienen que trabajar en el mercado, aprender y foguearse independientemente.
¿Inder será su nuevo holding?
No. En el caso de Falabella, los siete hermanos Del Río invertimos a través de Dersa. Friosur está aparte, básicamente porque la pesquera y la salmonera están bajo mi control, junto con socios islandeses.
A José Luis del Río le preocupa que el emprendimiento ande a paso lento. Y propone soluciones. "Partiría reformando el sistema educacional desde la pequeña infancia, que se acepte la diversidad. Eso es lo que potencia a las empresas. Yo siempre les digo a los jóvenes de Endeavor: no se olviden que hay un tremendo riesgo de ser muy exitosos".
¿La educación chilena fomenta personas más bien pasivas?
Sí, estamos en la cultura de obedecer, de no ser distinto. Un amigo dice que los chilenos somos muy igualitarios: si alguien se destaca, lo "chaqueteamos" para que caiga. Y a los que se caen, los levantamos. Por eso somos tan solidarios en los terremotos y las teletones. Al final, la idea es nivelar. No nos gustan mucho las historias de éxito, que son tan importantes en países emprendedores como Estados Unidos.
¿Chile tiene muchas trabas?
En eso se ha avanzado. No hay grandes barreras, pero hay poco fomento. Yo daría incentivos grandes al capital de riesgo, que todos los jóvenes emprendedores chilenos tengan más oportunidades.
El que este gobierno tenga más sintonía con el emprendimiento ¿le da mayor garantía?
Esa es la esperanza que tenemos y espero que no nos defrauden.
¿Qué otras medidas propone?
Que las universidades se vinculen mucho más con las empresas. Por otra parte, si queremos ser grandes, Chile sí o sí tiene que ser bilingüe y hablar inglés. Somos un país chico y debemos comunicarnos con el mundo. Pero el problema es que todas estas cosas tienen sus frutos en 15 años más y a los políticos no les sale fácil hacer inversiones a largo plazo. Rebajar el 7% de los jubilados o el posnatal reditúan, pero hay cosas que deben hacerse a largo plazo, aunque el costo sea que feliciten a otro gobierno. Tengo la esperanza de que el Presidente Piñera haga las inversiones que hay que hacer en esta materia y no esté esperando el reconocimiento inmediato.
¿Y los empresarios, qué rol deben cumplir?
Uno, por suerte, invierte para muchos años, sin tener que esperar el voto de nadie, excepto el del mercado. Una vez dije en Enade que las empresas son como los hijos: uno las cuida cuando son pequeñas, pero cuando son grandes, a veces, hay que dejarlas partir para que se desarrollen plenamente. Nosotros, por ejemplo, perdimos el control de Sodimac y ahora somos el 20% de Falabella, porque me interesaba que Sodimac fuera la empresa de home improvement más importante de América Latina. Tal como me dijo hace poco Carlos Slim: es muy fácil ser el amo del corralito, pero hay que ir a praderas más grandes y atreverse a pensar en grande.
¿En Chile se piensa en grande?
Poco. Lan y Tam lo están haciendo y lo encuentro espectacular, porque tienen una visión de futuro. El problema es que las instituciones chilenas no ayudan mucho a pensar en grande. ¿Se acuerdan cuando quisimos hacer la fusión de Falabella con D&S? Yo me jugué a muerte por eso, pero el Tribunal de la Libre Competencia, con un criterio increíblemente miope, dijo que no, que íbamos a ser demasiado importantes. Las instituciones chilenas no deberían poner dificultades a quienes quieren conquistar el mundo.
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