Diario Impreso

La revancha del hijo del medio

<P>Nuevo libro destruye el mito que durante décadas los ha presentado en desventaja respecto de sus hermanos mayores y menores. Mayor empatía, independencia y creatividad son algunos rasgos que caracterizan a quienes ocupan esta posición en la familia.. </P>

"ERES una desgracia para la familia y para ti mismo", se quejaba amargamente el doctor con su hijo. Charles había nacido en una familia acaudalada de Gran Bretaña de comienzos del siglo XIX, pero a pesar de las críticas, su padre estaba convencido de que terminaría siguiendo sus pasos cuando creciera. No fue así. En el segundo año de la carrera de medicina, Charles renunció para dedicarse a su pasión: coleccionar insectos y estudiar animales.

Su padre reaccionó enviándolo a Cambridge, pero no hubo caso. En 1831, el joven se embarcó a bordo del HMS Beagle y la historia terminó con la publicación de la afamada Teoría de la Evolución de las Especies y el muchacho, Charles Darwin, convertido en uno de los científicos más influyentes de todos los tiempos. Darwin era el hijo del medio. Durante décadas, los estudios han señalado que los hijos que nacen en esta posición, los que menos atención reciben de sus padres, comparados con el mayor y el menor de la familia, presentan una serie de desventajas que afectan su capacidad para triunfar en la vida.

Retraimiento, falta de confianza, menor capacidad intelectual que el hermano mayor o menor creatividad que el menor. Estos son algunos efectos descritos en estudios que han analizado el impacto de crecer en una familia, donde su posición no es la principal: los padres invierten más recursos, materiales y emocionales, en primogénitos e hijos últimos. Pero la sicóloga de la Universidad Redland (Estados Unidos), Catherine Salomon, desmiente todas estas aseveraciones en un nuevo libro, un texto que desecha todos los estereotipos. En El poder secreto del hijo del medio, la autora afirma que lo que hasta hoy se tomó como una desventaja, sería más bien una "herramienta para triunfar en la vida".

Comenzando por la independencia, que los obliga a desarrollar mayor empatía hacia personas fuera de la familia, hasta el desarrollo de un mayor sentido de la justicia y la responsabilidad con los demás, rasgos que los convierten en excelentes líderes y exitosos profesionales. John Kennedy, Nelson Mandela, Bill Gates, Michael Dell, Charles Darwin, Benjamin Franklin y Madonna son algunos de los exitosos hijos del medio que la autora coloca como ejemplo.

Exito social

Uno de los principales factores que inciden en los resultados descritos por Salomon es, precisamente, la mayor indiferencia de los padres y la suerte de "aislamiento" que experimentan respecto de sus hermanos. En otras palabras, el hecho de esperar siempre su turno y de competir por la atención paterna, les enseña a ser pacientes, menos egocéntricos, más empáticos y leales que sus hermanos. También aprenden a no depender tanto de su familia y centrar sus esfuerzos en construir mayor compromiso con otros, explica en el texto.

En uno de los estudios realizados en la U. de Redland, por ejemplo, la autora comprueba que son más exitosos en sus relaciones: 80% reconoce ser fiel a la pareja, comparado con el 65% de los primogénitos y el 53% de los hijos menores. "Tienden a juzgar menos a los demás y muestran mayor apertura de mente", afirma esta investigación. Dicho de otro modo, valoran más las relaciones, ya que se acostumbraron a no ser el centro de la atención y de los "regaloneos familiares".

Salomon relata que en uno de sus primeros estudios preguntó a más de 300 estudiantes acerca de sus relaciones más cercanas. Mientras el 64% de los hijos mayores y el 39% de los que eran hijos menores nombraba a uno de sus padres, el 10% de los hijos del medio mencionó al padre o la madre. El estudio no sólo comprobó que la crianza que reciben los hijos impacta de diversa manera según el orden de nacimiento, sino que también probó que los hijos del medio son los más independientes del grupo familiar. "Descubrimos que son ellos quienes menos mantienen contacto con los padres tras dejar el hogar, tienen mayor probabilidad de abandonar el barrio en que nacieron y son mucho más apegados a los amigos", afirma el libro. ¿El resultado? Mayor flexibilidad, capacidad de negociación y sentido de justicia, elementos esenciales para el éxito en el trabajo y la posibilidad de ejercer liderazgos duraderos.

Mejores negocios

Un estudio realizado en Francia y que menciona el libro, analizó cuán egoístas o cooperadores eran los hermanos, según el orden de nacimiento. En el experimento, el participante A recibía una suma de dinero. El monto que decidiera dar a B sería triplicado, de manera que luego B decidía cuánto devolvería a A. Los hermanos del medio donaban más dinero a su contraparte, porque sentían mayor confianza de que serían retribuidos. De igual modo, cuando recibían el dinero eran más propensos a devolver todo lo que habían recibido. "Son más cooperadores, lo que les otorga mayor capacidad en la negociación y la diplomacia", dice este estudio.

¿Y cuál es el impacto específico del orden de nacimiento en estas consecuencias? Debido a la menor atención que reciben de sus padres, se ven obligados a usar más "estrategias de cooperación" para salir adelante. Es por ello, afirma Catherine Salomon, que el 52% de todos los presidentes de Estados Unidos han sido hermanos del medio, entre los que destaca el caso de Lincoln y Kennedy, líderes que tuvieron la capacidad para resolver grandes conflictos de sus épocas.

Pero hay más estrategias que el orden de nacimiento enseña a los hijos del medio. Diversos estudios han mostrado que los hijos mayores se especializan en establecer relaciones de autoridad sobre sus rivales, debido a que durante la crianza tienden a ejercer roles más cercanos a los padres del tipo "soy el hermano mayor y debes obedecerme". Los menores, por su parte, apelan a la simpatía, "jugando al hermano pequeño que necesita protección", para capturar la atención de su entorno. Crecen con la sensación de sentirse el centro de atención, por lo que tienen menor capacidad para escuchar.

Pero los hermanos del medio deben aprender a escuchar a los demás, como único camino para entender al otro y conseguir lo que quieren. Por eso se les suele ver como más introvertidos y callados, situación que los estudios demuestran dista mucho de la realidad. "Esta ventaja los lleva a ser individuos con mayor éxito social, que escuchan a los demás causando mayor simpatía", dice el libro de Salomon.

En uno de sus estudios más recientes, la experta evaluó la personalidad de más de 100 estudiantes. La gran diferencia entre la extraversión de los mayores o menores respecto de la que muestran los del medio, fue que éstos son sociables sin ser dominantes ni intentar exponer sus puntos de vista. "Tienen más tacto y resultan ser amigos más atractivos para el resto", afirma la especialista. Por eso el libro los califica como "secretamente exitosos". Sin tanta parafernalia, como sus hermanos, llegan a ocupar puestos de importancia en los negocios, como Bill Gates y Michael Dell, hijos del medio exitosos en el mundo de la computación, Benjamin Franklin y Darwin en el mundo de la ciencia o Madonna en el mundo de la música.

El mito de la inteligencia

La autora llega incluso a cuestionar los estudios que muestran que los hijos mayores tienen un mayor coeficiente intelectual. El último de estos estudios, realizado en Noruega, analizó a 64 mil grupos de hermanos y comprobó que los primogénitos presentan mayor CI. El descenso es proporcional y cae un punto desde el mayor al segundo y hasta dos puntos respecto de los siguientes hermanos menores. Las conclusiones dicen que esto se debe a que reciben menos inversión paterna, en términos de educación y recursos económicos. Un estudio realizado en la U. de Missouri, por ejemplo, mostró que el 33% de los hijos del medio no recibía apoyo económico, comparado con sólo el 13% de los hijos mayores.

Pero una diferencia de CI de uno o dos puntos, sostiene la autora, es demasiado mínima y no tiene mayor impacto en la posibilidad de tener éxito en la vida. "No es sólo la inteligencia que se puede medir la que determina nuestra capacidad de triunfo. La inteligencia emocional y social es también necesaria para tener éxito en el trabajo, las relaciones personales, los amigos y la familia", concluye el libro.

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