Los rostros del dopaje alemán
<P>Cuatro casos de la cruenta política estatal de la Alemania Democrática a los deportistas que, a 25 años de la caída del Muro de Berlín, piden ayuda urgente y castigo a culpables. </P>

Con el recuerdo de la caída del Muro de Berlín, los atletas de la Alemania Democrática reflotaron sus demandas de años para castigar a quienes causaron daños por la sistemática operación de dopaje que sufrieron por parte de doctores, todo dentro de una política estatal conocida como la Stasi 14.25, la que indicaba el uso de esteroides, principalmente el Oral-Turinabol, disfrazado de vitaminas.
En los años 70 y 80, la RDA pasó de ser un país de resultados mediocres deportivamente a ser una de las potencias mundiales, principalmente en atletismo y natación. En esas décadas, sumaron 384 medallas olímpicas, 144 de ellas doradas, además de varios récords mundiales y olímpicos que aún no se han superado.
Se estima que unos 15 mil atletas recibieron de forma secreta, y también bajo amenazas, el tratamiento que dejaba como principales secuelas daños óseos, enfermedades ginecológicas y hasta cáncer.
En 1977 se conoció el primer caso de dopaje oriental. La lanzadora de bala Ilona Slupianek fue suspendida un año por anabólicos, pero pudo volver a la competencia y hasta ganó el oro en Moscú 1980.
El castigo de Slupianek hizo que se reforzara el secreto del tratamiento, lo que, además, volvió más crudos los casos.
Uno de los más impactantes fue el de Heidi Krieger. La lanzadora de bala recibió a los 16 años sus primeras dosis de Turinabol y hormonas masculinas. A los 24 años, y luego de ser campeona europea, pero con un consumo de más de 2.600 miligramos de esteroides, se retiró por los dolores en cadera y piernas. Las hormonas lo transformaron en un hombre y en 1997 se cambió el sexo para ser Andreas Krieger.
Como varón se embarcó en una cruzada ante las autoridades de su país para castigar el hecho y su lucha se simboliza con el premio Heidi Krieger, que se da a quienes pelean contra el doping. ¿El premio? Una réplica de su medalla dorada de los Europeos 1986.
Igual de grave fue el caso de Ines Geipel. La saltadora y velocista, por sus nexos con atletas extranjeros, fue catalogada por la Stasi como "una amenaza". Aprovechando una enfermedad gástrica por las dosis, la policía secreta alemana intervino en una operación quirúrgica de urgencia y la dañaron internamente. En 2003 supo de los alcances: músculos, tejidos y órganos fueron mutilados y dañados.
En otros deportistas la situación afectó a sus familias, como a la nadadora Barbara Krause, que fue obligada a bajarse de Montreal 1976 porque, según contó la deportista, "me calcularon mal las dosis y temían un castigo". Los dos hijos de Krause nacieron con deformaciones de pies, como dijo su colega Christiane Knacke.
Geipel, presidenta de la Unión de Ayuda a las Víctimas del Doping, ha pedido, a 25 años de la caída del Muro, no olvidar a los afectados y castigar a los culpables. "El mundo del deporte debe actuar de una vez", pidió la ex atleta.
Hay dos nombres claves en el desarrollo de este "medio de apoyo", como lo calificaba el gobierno alemán: el ex ministro de Deportes de la época Manfred Ewald y el médico Manfred Hoeppner, quienes fueron juzgados y culpados de "dopaje sistemático". Sin embargo, Ewald fue apenas castigado con 22 meses de cárcel y una indemnización de 13 mil dólares por atleta. Falleció en 2002.
Pero la búsqueda continúa y la organización apunta a otros responsables que siguen trabajando en organismos estatales de la Alemania unificada.
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