Una alianza de lucha
<P>Por primera vez Chile clasificó a tres especialistas a unos Juegos Panamericanos. Un relato que tiene como capítulo especial la historia de amistad con Cuba, dentro y fuera del tapiz. </P>
Cuando un luchador está en combate, la concentración es tal que el público casi no existe. De no ser por ese "casi" , sin embargo, el grito del cubano Mijaín López no habría tenido efecto en el crédito chileno Andrés Ayub. "¡Métele los brazos!", le lanzó desde la grada y el campeón nacional supo qué hacer.
De no ser por ese "casi", además, los 20 seleccionados cubanos no habrían gastado su voz en los duelos chilenos durante el último Panamericano de lucha olímpica de Santiago. Los nacionales sintieron el apoyo y le correspondieron al ocupar los mismos asientos de sus colegas isleños, cuando ellos estaban sobre el tapiz (cancha donde se disputa un combate).
Chile y Cuba construyeron esa amistad formando una alianza deportiva que terminó con Ayub (32 años, categoría grecorromana hasta 130 kg.), Eduardo Gajardo (25 años, lucha libre hasta 74 kg.) y Cristóbal Torres (23 años, grecorromana hasta 59 kg.) en los Juegos Panamericanos de Toronto. Chile no llevaba más de dos luchadores a la cita desde La Habana 1991, y no clasificaba a un competidor desde los Juegos de Santo Domingo, en 2003. Es decir, éxito rotundo.
Entre 2009 y 2012, la federación nacional de lucha olímpica sufrió una crisis administrativa que la llevó a refundarse como la Federación Deportiva Nacional de Lucha Olímpica Chilena (Fedenaloch). En su primer año, la entidad gestionó un convenio con el Comité Olímpico Cubano, con apoyo del Ministerio de Deportes y el Plan Olímpico, para traer a los entrenadores cubanos Néstor Almanza y Eugenio Montero. Con su ayuda, el equipo nacional viajó a Cuba al menos una vez al año para entrenar con 20 seleccionados caribeños (entre ellos Mijaín López, el actual bicampeón olímpico y pentacampeón mundial de la lucha grecorromana hasta 120 kg.). No sólo eso, en marzo de este año ellos vinieron a Chile.
Los viajes de entrenamiento a Cuba son comunes para los clasificados a Canadá. Cristóbal estuvo en la isla por primera vez en 2008, Eduardo cuenta unas 10 veces desde esa temporada y Andrés, en sus 17 años de carrera, ha ido en 15 oportunidades. "La diferencia es que ahora empezamos un proceso bien hecho, con técnicos cubanos, viajando cada vez más. Antes no entrenábamos con la selección cubana. El gran mérito es de nuestros entrenadores. Yo no habría clasificado sin su labor", explica Torres.
La estadía de los centroamericanos en Chile fue otra novedad. Los caribeños alojaron y entrenaron en el Centro de Alto Rendimiento 20 días antes del clasificatorio, y dejaron muchos recuerdos. "Conozco a Mijaín López desde que comencé mi carrera, pero nunca tuve la oportunidad de compartir tanto con él. Nos hicimos grandes amigos. López es el mejor del mundo y no presume. Los llevé a mi casa, hicimos asados. Incluso llevé a López a carretear", relata Ayub.
"Recuerdo que llegaron a Chile vistiendo trajes blancos con zapatos negros", cuenta riendo Cristóbal Torres, a lo cual Andrés complementa con una broma: "Juraban que mataban…". Gajardo, en tanto, apunta que "algunos trajeron habanos para vender, y nosotros los ayudábamos ofreciéndolos a tabaquerías, amigos y otros luchadores". Ayub también recuerda que acompañó a López y al campeón panamericano Yamani Acosta a comprar zapatillas.
El trabajo chileno de estos años rindió frutos. "Ellos nos enseñaron a aplicar sus mañas. Mijaín te doblaba los dedos, o te ponía la mano en el cuello sin que se notara", cuenta Ayub. Gajardo y Torres creen les ayudó a soltar el cuerpo y a mejorar su postura, sus movimientos y el desplazamiento en el tapiz.
Sobre el nivel del equipo chileno, el entrenador Néstor Almanza considera que "han mejorado mucho, pero aún les falta entrenamiento técnico. Pero van por buen camino. En cuanto a los más jóvenes, Torres es muy voluntarioso y Gajardo tiene un físico excelente".
El trío nacional, sin embargo, apunta alto. Torres sólo se conforma con "terminar en el podio. Debo ir paso a paso, y pensar después en los Juegos Olímpicos y el Mundial de septiembre. Pero en mi carrera quiero una medalla en los Panamericanos, en los Odesur y participar en unos JJOO". Para conseguir el sueño, incluso congeló su tercer año de estudios de Antropología en la Academia de Humanismo Cristiano. Para él, todo sacrificio vale la pena. "Practicaba jiu-jitsu cuando era chico, pero me enamoré de la lucha en la primera vez que lo intenté, hace ocho años. Es hermoso el sacrificio y la fuerza que requiere."
Gajardo dejó el judo en la cinta café para dedicarse a la lucha, hace 12 años. Su pasión también lo mueve a buscar una medalla en Toronto y a pensar en Río 2016. "No fui a Londres por un punto. Fui bronce y clasificaban los dos primeros. Este año voy por el cupo, estoy cerca de cumplir mi sueño", afirma. Titulado en Educación Física, hoy entrena cuatro horas al día. El Mindep le entrega 388 mil pesos mensuales por el programa Proddar; Ayub obtiene 517 mil y Torres no recibe la beca, pero tiene buenas chances de obtenerla este año. La entidad igual cubre sus gastos deportivos.
A los más jóvenes les queda mucho por competir. Para Andrés, en cambio, la despedida se aproxima. Luego de interrumpir su carrera entre 2007 y 2011, por problemas con la federación anterior, el medallista de bronce en los Odesur 2014 estudió Educación Física. "Fue muy difícil dejar el deporte que amo. La pasé mal", confiesa. Y pese a no entrenar en ese período, volvió con todo. "Cuando me llamaron de vuelta descargué toda mi rabia, fui tricampeón sudamericano y clasifiqué a Londres en 2012. Hoy ya no siento esa furia, pero la compenso con técnica. Mijaín está en otro nivel, nunca le he ganado, pero he vencido a Acosta, y estamos muy parejos", sostiene. Ahora, su objetivo es retirase con victorias. "En Toronto, mi meta es una medalla. Y aunque ya cumplí el sueño de ir a unos Juegos Olímpicos, quiero clasificar a Río y terminar mi carrera después del certamen".
La lucha nacional vive un renacimiento y mira el futuro con esperanza. Y con un aliado de lujo.
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