Editorial

Los alcances de la designación del futuro gabinete

Es válido que el Presidente electo apueste por un diseño diferente, con alta presencia de independientes, pero es también un hecho que en el diseño del gabinete se advierte una presencia muy disminuida de personas con experiencia en el manejo del Estado, lo que se podría equilibrar en las subsecretarías.

La nominación del gabinete que acompañará al futuro Presidente José Antonio Kast ha llamado la atención por su particular composición: de los 24 ministros designados, 16 son independientes, en tanto que los restantes se reparten en siete partidos -una cartera por colectividad, con la excepción de Republicano, que ocupará dos ministerios-, abarcando incluso a un integrante del Partido Radical. A pesar de las tratativas para que también se integrara el Partido Nacional Libertario, no hubo acuerdo con su líder, el ex candidato presidencial Johannes Kaiser, quien lanzó duros reproches tanto al diseño del gabinete como a lo que consideró un mezquino ofrecimiento al partido por parte de Kast.

Las voces críticas hacia el nuevo gabinete -que incluso han provenido desde los propios partidos de oposición- han puesto acento en su ausencia de experiencia política, advirtiendo que ello constituye su mayor flanco. El exdirigente UDI Pablo Longueira, en entrevista con este medio, planteó incluso que varios ministros tienen “fecha de vencimiento”, dichos que generaron amplias repercusiones.

Parece precipitado augurar el naufragio de los futuros ministros cuando estos ni siquiera han asumido y solo cuando ello ocurra será posible formarse una idea de si acaso son competentes para las tareas que se les han encomendado. En todo caso, el diseño por el que ha optado el Mandatario electo, basado mayoritariamente en figuras independientes, tampoco debería sorprender, porque Kast hizo su campaña apelando al concepto de “gobierno de emergencia”, para lo cual a su juicio se requieren sobre todo competencias técnicas antes que un cuoteo, aunque sí procuró que la diversidad de partidos que lo acompañaron en la segunda vuelta quedara plasmada en el gabinete. Además, fue evidente que mientras fue candidato los partidos no jugaron un rol preponderante en su campaña, lo que se reflejó en que optó por no ir a primarias y competir directamente en primera vuelta. En ese orden de cosas, las duras críticas de Longueira parecen responder a una mirada clásica de la política, sin tomar en cuenta que cuando llega una fuerza con un estilo distinto es válido que proponga fórmulas diferentes a las tradicionales.

Con todo, es un hecho que los partidos aparecen con una presencia muy disminuida en este gabinete -esto también se refleja en el propio comité político, donde solo habrá un UDI y un RN-, y eso es algo que el futuro Presidente Kast debería ponderar cuidadosamente. Aun cuando los partidos están fuertemente desprestigiados frente a la ciudadanía, lo cierto es que la política inevitablemente debe conducirse a través de los partidos, entre otras razones porque son estos los que tienen la relación con los parlamentarios, como también con buena parte de los alcaldes, concejales y gobernadores. Asimismo, para cualquier gobierno contar con partidos detrás de sí resulta imprescindible para salir al paso de los embates de la oposición y sustentar una agenda legislativa.

Sin duda es un mérito que el gobierno del Presidente Kast haya logrado atraer importantes talentos, cuyas competencias técnicas deberían ser clave para el diagnóstico y diseño de soluciones, pero también es evidente que varios de ellos carecen de la experiencia de cómo funciona el Estado y la forma de llevar a cabo las negociaciones con el Congreso, lo que objetivamente puede ser problemático.

La forma de compensar esta menor presencia de los partidos en el gabinete y reforzar las competencias en el manejo del Estado debería ser a través de las subsecretarías, donde precisamente existe mayor libertad para apostar por cargos que reflejen mejor el equilibrio político y experiencia en los asuntos de Estado. Las nominaciones recién se darán a conocer el 30 de enero, y será entonces cuando el país podrá comprobar si el nuevo gobierno internalizó adecuadamente los cuestionamientos provenientes desde sus propias filas en orden a introducir vía subsecretarios un mayor equilibrio.

El nuevo gabinete también ha recibido críticas porque algunos de sus integrantes podrían dar pie a potenciales conflictos de interés, producto de la amplitud de cargos que han desempeñado en el mundo privado. Así, se ha mencionado el caso del nuevo canciller, Francisco Pérez Mackenna, ejecutivo ligado por décadas al Grupo Luksic, o al futuro ministro de Defensa, el abogado Fernando Barros, quien integró varios directorios. Similares cuestionamientos han recibido el futuro ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, así como el biministro de Economía y Minería, Daniel Mas. Estos resquemores, aunque pueden ser entendibles, por otra parte no toman en cuenta que, tratándose de un país tan pequeño como este, es difícil hallar figuras que no tengan algún pasado que pueda ser objeto de cuestionamientos, y de colocarse estándares muy exigentes el universo donde buscar talento se reduciría muchísimo. Puesto que los nominados en estos cargos cuentan con trayectorias dilatadas y que han sido públicas, ello facilita la tarea de control para denunciar posibles conflictos de interés en el ejercicio de sus cargos.

Sin duda la gran sorpresa de las designaciones ministeriales fue la nueva encargada de Seguridad Pública, responsabilidad que sorpresivamente recayó en Trinidad Steinert, quien se desempeñaba como la fiscal regional de Tarapacá. Tratándose del cargo más emblemático de la futura administración, dar con el nombre fue un proceso especialmente complejo, donde incluso se barajó la posibilidad de nombrar a parlamentarios recién electos. Como quiera que se haya llegado a esta designación, su perfil parece idóneo para este cargo, ya que como fiscal llevó a cabo importantes investigaciones para desarticular células del Tren de Aragua, conoce de primera mano el manejo con las policías y por su formación jurídica es consciente de los límites que impone el Estado de Derecho en el combate a la delincuencia. Para el país resulta fundamental que el Ministerio de Seguridad cumpla adecuadamente su labor, si bien es importante que la independencia del Ministerio Público no se vea comprometida a futuro, en la medida que los fiscales comiencen a ver esta institución como un trampolín para otros cargos públicos.

También se esperaba que el Presidente electo diera alguna señal sobre su promesa de campaña en orden a reducir el número de ministerios. El hecho de que haya nombrado a un biministro fue el producto de que a último minuto se cayó el nombre del titular de Minería, de modo que ello no puede entenderse como parte de un esfuerzo de reestructuración, y en todo caso la fórmula de fusionar ministros tampoco representaría ningún ahorro de costos ni eficiencia en tanto las respectivas carteras sigan funcionando con toda su planta. Es posible que en esta fase sea algo prematuro exigir que se cumpla esta promesa, pero sí cabe esperar que en los cuatro años de mandato tal compromiso se concrete.

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