Por Cristina CifuentesLa saga del historiador ruso que desafía a Putin
El opositor y periodista Vladimir Kará-Murzá conversó con La Tercera sobre la actual situación de Rusia y la libertad de expresión. “Hemos vuelto al tiempo donde expresar lo que piensas, hablar en contra del gobierno, tener una opinión diferente de la posición oficial del gobierno se considera un delito. Es sorprendente que la Rusia bajo Vladimir Putin tenga más presos políticos que toda la Unión Soviética”, dice.

En una escena como sacada de una película, el 1 de agosto de 2024 el entonces Presidente Joe Biden les explicó a 10 familiares de presos políticos en Rusia que estos habían logrado ser liberados, en el mayor intercambio desde la Guerra Fría. Acto seguido, les dijo que iban a poder hablar con ellos una vez que se subieran al avión que los llevaría a Estados Unidos. Ese grupo incluía al periodista y opositor ruso Vladimir Kará-Murzá, condenado en abril de 2023 a 25 años de cárcel por “alta traición” tras criticar la invasión rusa a Ucrania.
“No hay palabras. Estaba seguro de que iba a morir en prisión”, le dijo Kará-Murzá a su hija cuando por fin pudo comunicarse con ella.
Antes de ser enviado a una cárcel en Omsk, Siberia, Kará-Murzá realizó cinco discursos en los que condenó la guerra en Ucrania y al régimen de Vladimir Putin. Además, denunció la represión y los asesinatos políticos en su país.
“Cuando escuché el veredicto, lo primero que pensé fue en ese pasaje de la novela de Ethel Voynich, The Gadfly, en la que el protagonista escribe: ‘Yo he hecho mi parte del trabajo y esta sentencia solo demuestra que lo he hecho a fondo’. Este fue el pensamiento que se me vino a la cabeza, porque en la realidad orwelliana de la Rusia de Vladimir Putin, así es como el régimen evalúa, supongo, la efectividad del trabajo de la oposición y los disidentes políticos. Y esta condena para mí fue, por supuesto, no solo en respuesta a mi oposición a la guerra en Ucrania y a la dictadura de Putin, sino también a mi trabajo de larga data, por ejemplo, defendiendo sanciones internacionales contra el régimen de Putin”, dice en conversación con La Tercera.

Como parte de su trabajo político, Kará-Murzá abogó por la ley Magnitsky en Estados Unidos, que penaliza con sanciones a personas que hayan cometido o hayan estado involucradas en asesinatos extrajudiciales, torturas y otras violaciones graves de derechos humanos. Actualmente la legislación ha sido adoptada en 35 países.
En su carrera política, este historiador trabajó durante 15 años con Boris Nemtsov, exviceprimer ministro considerado en los 90 como el más probable sucesor de Boris Yeltsin. “Habría sido otro mundo si él hubiera llegado a ser presidente en lugar de Putin”, dice. Nemtsov se convirtió en el líder más destacado de la oposición a Putin, pero en febrero de 2015 fue asesinado en un puente muy cerca del Kremlin. “Fue el asesinato político de mayor repercusión en la historia de la Rusia moderna. Un informe publicado en 2020 por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa contenía testimonios de testigos que hacían referencia exactamente a dónde, cuándo y cómo Putin dio la orden para asesinarlo”, indica.

“Hemos vuelto a la situación en Rusia donde expresar lo que piensas, hablar en contra del gobierno, tener una opinión diferente de la posición oficial del gobierno se considera un delito. Hay personas que reciben condenas más largas -penas de prisión por publicaciones en redes sociales, por hablar o por participar en una manifestación de la oposición- que otras personas que cometen delitos reales, como robo, tráfico de drogas. Es un hecho sorprendente que la Rusia de Putin tenga más presos políticos que toda la Unión Soviética, que eran 15 países en total. En 1986, cuando se inauguró la Conferencia de Viena sobre Seguridad y Cooperación en Europa, la Unión Soviética tenía unos 700 presos políticos conocidos. Sin embargo, la Rusia actual, según organizaciones de derechos humanos, alberga a más de 1.700 presos políticos conocidos, y hay muchas personas que no están en el radar de ninguna organización de derechos humanos. Y, por supuesto, la categoría de más rápido crecimiento en la lista de presos políticos rusos son los de mis conciudadanos rusos que han alzado la voz públicamente en contra de la guerra de agresión de Putin contra Ucrania”, añade.
Guerra en Ucrania
Este político de 44 años se ha opuesto a la invasión de Rusia contra Ucrania tanto en 2014 como en 2022. Al ser consultado sobre las actuales negociaciones para conseguir un alto el fuego y los acercamientos del Presidente Donald Trump con su par ruso, señala que todo ha sido vergonzoso.
“No estoy seguro de poder encontrar palabras que sean posibles para evitar que un periódico describa lo que sentí. Cuando veía esas imágenes, en agosto pasado, del presidente de Estados Unidos dando la bienvenida a un dictador, un asesino, un criminal de guerra en suelo estadounidense, dándole una alfombra roja, en Anchorage, en Alaska, con las bandas militares y dándole la mano. Esto es absolutamente vergonzoso, es inaceptable. Y sabemos por la historia que, además de ser inmoral, esta política de apaciguar a agresores y dictadores es muy dañina y muy contraproducente. La única lección clara de la historia del siglo XX es que apaciguar a un agresor nunca conduce a una paz real (...), porque el único lenguaje que los agresores y dictadores como Putin entienden es el lenguaje de la fuerza”, comenta.
“Putin lleva 26 años en el poder, no es un enigma. No hay debates ni discusiones sobre quién es ni qué va a hacer. Ha seguido oprimiendo tanto a nuestro propio pueblo como atacando agresivamente a otros países. Y no va a parar hasta que lo detengan, y tiene que ser detenido en Ucrania”, añade.

En noviembre pasado, el gobierno de Donald Trump presentó un plan de alto el fuego en la guerra de Rusia en Ucrania, que fue considerado muy perjudicial para Kiev, y desde entonces ha sido negociado en distintas instancias, sin que hasta a la fecha se haya alcanzado un acuerdo.
“Para mí, una de las propuestas más inaceptables e insultantes del llamado plan de paz que presentó la administración estadounidense en noviembre fue esta amnistía para crímenes de guerra. Creo que es muy importante decir que un componente necesario de cualquier transición posterior a Putin en Rusia debe ser la justicia transicional, debe ser la responsabilidad de todos los crímenes cometidos por este régimen, tanto contra nuestro propio pueblo como contra los ciudadanos de otros países”, indica.
A su juicio, “uno de los errores más grandes y dañinos cometidos en Rusia tras el colapso del régimen comunista en los años 90 fue el hecho de que nunca hubo realmente una justicia transicional”. “Nunca hubo realmente responsabilidad o rendición de cuentas por los crímenes cometidos bajo el régimen comunista. Y sabemos que este proceso es necesario para una transición exitosa a la democracia”, agrega.
“A cada persona responsable de crímenes de guerra que se están cometiendo ahora contra Ucrania, desde Putin hasta el soldado raso más bajo del Ejército ruso, los hago responsables de lo que han hecho. Esto es importante no solo para Ucrania, eso no hace falta decirlo. También es importante para nosotros, los rusos, porque la única forma de que Rusia tenga una posibilidad de un futuro democrático normal después de Putin es asegurarse de que los crímenes de este régimen sean considerados y se haya rendido cuenta, y que las personas que cometen estos crímenes sean llevadas ante la justicia”, sostiene.
Envenenamiento
Las posturas de Kará-Murzá no solo lo llevaron hasta la cárcel en Siberia, previamente a su condena fue envenenado en dos ocasiones. “La primera vez que me pasó esto fue en mayo de 2015, hace casi 11 años. Estaba sentado en una reunión de trabajo en Moscú con mis compañeros, cuando de repente sentí que ya no podía respirar. Es una sensación realmente extraña y aterradora. Y en unos minutos, sentí que el corazón me latía con fuerza. Mi presión bajó y de repente empecé a vomitar, y antes de darme cuenta, en solo unos minutos, estaba tirado en el suelo, inconsciente. Todo lo que sé después de eso es lo que me contaron mi esposa, mis amigos y mis compañeros que estuvieron conmigo. Me llevaron por diferentes hospitales de Moscú, porque nadie sabía lo que pasaba. Mis partes del cuerpo se iban rindiendo una tras otra, luego estaba en coma con una falla multiorgánica. Y el diagnóstico oficial que recibí en mi hospital de Moscú fue acción tóxica por una sustancia indefinida, que traducido de lenguaje médico a humano simple significa: envenenamiento. Estuve en coma un par de semanas y no recuerdo las primeras semanas después de salir del coma, durante los meses siguientes tuve que reaprender a hacer todo de nuevo”, asegura.
Luego, ocurrió por segunda vez, en febrero de 2017, cuando tuvo exactamente los mismos síntomas y el mismo diagnóstico. “No tenía duda, al igual que mis amigos y colegas desde el principio, de que se trataba de un ataque deliberado, de un intento de asesinato deliberado llevado a cabo por los servicios de seguridad rusos, y de que esto se hacía en respuesta a mi largo trabajo defendiendo las sanciones Magnitsky para sanciones occidentales dirigidas contra altos cargos del régimen del Kremlin”, indica.

Sin embargo, a principios de 2021 confirmó algo que ya sabía. Un grupo de medios internacionales, liderados por el sitio Bellingcat, llevó a cabo investigaciones sobre su envenenamiento, también el de Alexei Navalny y otros activistas. Así, se reveló la existencia de un escuadrón de la muerte secreto dentro del Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia, cuya tarea era eliminar físicamente a los opositores. Se trataba de oficiales del FSB y del Instituto de Criminalística, especialistas en armas químicas de grado militar, las que se encuentran prohibidas por convenios internacionales. “Es un delito tener esas armas y usarlas. Pero estas investigaciones documentaron y revelaron todo el modus operandi de este escuadrón secreto, la forma en que siguen a oponentes por todo el país en operaciones cuidadosamente dirigidas. En mi caso, me acompañaron en siete viajes diferentes por distintas regiones de Rusia, entre febrero de 2015 y finales de 2016. Y algunos de ellos eran los cuatro agentes del FSB identificados en mis envenenamientos, y dos de ellos también formaban parte del escuadrón que envenenó a Alexei Navalny en 2020”, indica.
“Así que creo que es muy importante que cuando la gente en los países democráticos piense y hable de Putin, recuerde que este hombre lleva en el poder más de un cuarto de siglo. Durante todo este tiempo, ha seguido matando gente en Rusia, ha seguido matando gente en el extranjero con sus numerosas incursiones en territorios soberanos de otras naciones. Desde la República de Georgia hasta Ucrania, (también) en Siria para ayudar al dictador Assad. Y esas cosas, por cierto, en Rusia siempre van juntas. La represión en casa y la agresión en el extranjero son siempre dos caras de la misma moneda cuando se trata de Rusia, porque el gobierno que no respeta los derechos y libertades de sus propios ciudadanos, no respetará las fronteras de otros países”, concluye.
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