Histórico

La Copa del Mundo de 1962: El mayor éxito chileno

Pocos creían en una buena actuación de la Roja en la primera y única organizada en casa. Sin embargo, la Selección rompió con todos los pronósticos y logró un histórico tercer lugar que, a 52 años, aún no se iguala.

A 52 años, la hazaña conseguida por 22 jugadores en el Mundial de 1962 aún no es superada. Aquel grupo comandado por Fernando Riera venció toda clase de prejuicio para conseguir un histórico tercer lugar.

"Es una cuestión que nos llena de orgullo. Cumplimos con nuestro deber y demostramos que no éramos tan malos. Nadie daba un peso por nosotros", comenta Sergio Navarro, capitán del equipo.

Checho confiesa que su designación para portar la jineta sigue siendo una incógnita. "Fernando Riera me nombró capitán antes de un partido con Perú. Le pregunté cuatro veces por qué lo hacía y despectivamente me dijo: 'No preguntís hueás'. Se murió y se llevó el secreto a la tumba", reconoce entre risas.

La primera y única Copa del Mundo realizada en casa no tuvo un sorteo beneficioso para los anfitriones. Los ex campeones del mundo Italia y Alemania Federal, y la pragmática Suiza, conocida por su "cerrojo" fueron los acompañantes de la Roja en el Grupo 2.

Un triunfo nacional por 3-1 sobre los helvéticos, con dos goles de Leonel Sánchez y otro de Jaime Ramírez, iniciaron la ruta del éxito para la Selección, que en el segundo partido se midió frente  a Italia, en un duelo que se conoce como La Batalla de Santiago.

Ese encuentro pasó a la posteridad por el puñetazo de Leonel Sánchez a Mario David, tras una violenta entrada. Finalmente, los de Riera ganaron 2-0, con goles de Ramírez y Toro, y sellaron su paso a la siguiente ronda.

La derrota 2-0 con los alemanes en el cierre del grupo, obligó a trasladarse a Arica para enfrentar a la poderosa Unión Soviética, que contaba con el mítico arquero Lev Yashin como máxima figura. Sin embargo, Leonel Sánchez y Eladio Rojas doblegarían su resistencia y llevarían a las semifinales, donde Brasil aterrizó el sueño de levantar la copa, con un claro 4-2.

Con un equipo golpeado y con ocho jugadores en condiciones, ya que Carlos Campos, Jorge Toro y Manuel Rodríguez Araneda fueron lesionados, Chile venció por 1-0 a Yugoslavia, con un gol de Eladio Rojas en el último minuto. Probablemente, el tanto más gritado en la historia del fútbol chileno.

También es célebre la anécdota con el Presidente Jorge Alessandri. El mandatario visitó la casona de concentración del equipo, en Las Condes, pero no fue reconocido. "Fue impresionante, tomábamos desayuno y se para Jaime Ramírez. Sale y vuelve asustado diciéndonos que está el Presidente de la República en una sala de estar leyendo el diario, y no lo reconocieron en la entrada, así es que lo hicieron esperar. Tuvimos que tomar desayuno con él. Era un tipo extraordinario, llegó solo sin escolta manejando un Chevrolet 58 último modelo", recuerda Checho.

Otros tiempos

Pese a la magnitud del logro, la Asociación Central de Fútbol no hizo ningún reconocimiento a los jugadores que lo consiguieron. Sólo el gobierno contribuyó con un departamento en la Villa Olímpica de Ñuñoa para cada miembro.

"Nosotros trabajábamos para sobrevivir. No nos alcanzaba con lo que ganábamos como futbolistas. En mi caso, era jefe de almacenes de la Caja de Accidentes del Trabajo y para el Mundial tuve que pedir permiso por seis meses  sin goce de sueldo", afirma el capitán, quien sostiene que "lo que nosotros conseguimos es muy difícil que se repita. Además, en ese equipo todos jugábamos bien y tocando al pie. No nos tirábamos melones".

UN HOMENAJE PÓSTUMO

El emotivo discurso de Carlos Dittborn ante el Comité de la FIFA en Lisboa, en 1956, permitió que Chile organizara por primera y única vez un Mundial de fútbol. "Porque no tenemos nada lo queremos hacer todo", fue lo que la tradición cuenta, aunque no habría sido tan así.

Más allá de esta diferencia con la historia, el autor de aquellas inolvidables palabras no sobrevivió para ver la cita. Un mes antes del comienzo, falleció producto de una pancreatitis, a los 41 años. "Mi papá llevaba un ritmo de vida intenso y no se cuidaba mucho. Era un poquito bohemio y eso lo complicó", recuerda su hijo Pablo.

Ambos habían estado cinco días antes del trágico desenlace viendo un partido entre la selección argentina y O'Higgins, en Rancagua. "Esa fue la última vez que lo vi. Recuerdo que después nos fuimos a la casa de Jorge Robledo, que en esa época era el director de relaciones públicas de la Braden Cooper. También estuvo Patricio Mekis (ex intendente), y me acuerdo que mi papá me hizo tomarme un whisky y quedé curado como sapo. Tenía 15 años y no estaba acostumbrado", relata.

En esa época, Pablo y su hermano Carlos habían entrado a la Escuela Militar. Luego del fallecimiento, ambos serían designados para desfilar en la inauguración del Mundial. "Nos llama el director y nos dice que la escuela va a desfilar en la inauguración y recibimos los pabellones de Chile y Suiza. Uno a esa edad no dimensiona lo que significa desfilar en un Mundial. A mí me tocó izar la bandera suiza y quien sostuvo la bandera fue Ricardo Izurieta, quien luego sería comandante en jefe del Ejército, sucediendo a Augusto Pinochet", narra Pablo, quien luego tendría que partir al exilio.

Dittborn fue a todos los partidos de Chile, incluso al de Arica frente a la Unión Soviética, en el estadio que fue inmediatamente bautizado con el nombre de su padre. "Arica había hecho bien la pega, hicieron un estadio, mejoraron la ciudad y mi papá se la jugó para que fuera una de las sedes del Mundial. Por eso, el reconocimiento", explica, para luego agregar que "la idea era que allá también izáramos las banderas. Sin embargo, no alcanzamos porque hubo un retraso, pero de todas manera hubo homenajes ese día".

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