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Los premios millonarios confunden el cerebro

<img style="margin: 0px; padding: 0px;" alt="" src="https://static-latercera-qa.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/sites/7/200910/550385.jpg" width="81" height="13"> Desde una etapa inicial de euforia, que los especialistas comparan con el efecto que causan las drogas en la mente, investigaciones revelan que las personas demoran un promedio de entre uno y dos años antes de comenzar a disfrutar de su suerte.

Comprar una mansión, un auto de lujo, renunciar a su trabajo, asegurar la educación de los hijos, pagar las deudas de toda la familia y ese viaje soñado por el mundo que siempre soñó con realizar. Probablemente, usted ha imaginado cosas similares en fracción de segundos mientras sujeta con nerviosismo el cartón de Lotería con ese millonario premio acumulado. Su vida podría cambiar de la noche a la mañana y usted lo sabe. Pero pasar de aquella quimérica ensoñación a la realidad es otra cosa.

Porque lo que ocurre en el cerebro cuando una persona recibe, inesperadamente, un premio millonario mantiene intrigados a los investigadores: los afortunados no experimentan un aumento inmediato en su bienestar sicológico. Eso sólo ocurre hasta uno a dos años después de recibir el dinero. Tras un breve período de gran felicidad, el ánimo comienza a decaer con el correr de los meses. Y la euforia inicial, una de las más fuertes que puede experimentar el ser humano, no puede ser recreada con actividades cotidianas que antes resultaban satisfactorias, como juntarse con amigos, ir a comer a un restaurante caro una vez por mes o ahorrar dinero para cumplir sus sueños.

EFECTO "NO LO MEREZCO"
Dichos hallazgos fueron realizados por el profesor Andrew Osvald, de la Universidad de Warwick, Inglaterra, uno de los pocos expertos que ha podido realizar estudios con ganadores de la Lotería. Su enfoque no fue tomar a los ganadores, sino seguir a una cohorte de cerca de 50 mil personas que jugaban religiosamente sus cartones cada semana en ese país. Así, hasta que comenzaron a aparecer ganadores cuyo comportamiento analizó en detalle. "El más afortunado de todos ganó un millón de euros", dice el especialista. 

Tras realizar un seguimiento y comparar el bienestar sicológico y la felicidad reportada por los afortunados, comparó los resultados con aquellos que habían obtenido pequeñas sumas y con aquellos que no ganaron nada. Todos fueron entrevistados antes y después de jugar a la Lotería. Para sorpresa de los investigadores, los resultados indicaban que los ganadores no mostraban un aumento significativo en su bienestar comparados con los otros dos grupos.

"No existe duda de que los ganadores experimentan una euforia inicial muy fuerte, pero luego la evidencia sugiere que no disfrutan el dinero dentro de los dos primeros años", explica Oswald a La Tercera. Aunque el experto aclara que el estudio no logró aclarar del todo las razones para este fenómeno, señala que se pudo constatar un aumento del estrés durante el año que seguía a la obtención del premio.

Una explicación plausible, dice Oswald, es que tras ganar el premio las personas experimentan gran ansiedad con respecto a qué harán con su dinero. "La euforia inicial se debe a las expectativas y al optimismo que genera ganar el premio. Pero observamos que al principio las personas no realizaban grandes gastos ni inversiones", asevera. En el estudio también comprueban que, de manera inconsciente, muchos ganadores no se sienten merecedores de su "gran suerte" y que necesitan de cierto tiempo para adaptarse a su nueva realidad.

MALAS DECISIONES
La neuroeconomista Margaret M. Polski, investigadora asociada del Instituto de Estudios Avanzados Krasnow, en la U. George Manson, EE.UU., cree que también puede contribuir el hecho de que durante este período inicial las personas son dominadas por sus emociones y no por la racionalidad.

Utilizando imágenes de resonancia magnética funcional (FMRI), la experta analizó qué ocurría a nivel cerebral cuando alguien ganaba una fuerte suma de dinero: comprobó que en estos casos se gatillan en el cerebro los mismos circuitos de recompensa que activan las drogas.

Esta sería la razón que llevaría a muchos a tomar malas decisiones, ya que inicialmente gastan el dinero para satisfacer una necesidad de "placer", en lugar de asegurar su futuro e invertir "sabiamente" los recursos. Es por ello que las grandes agencias de Lotería en el mundo ofrecen asesorías a los ganadores durante los primeros años tras recibir sus premios, explica.

Jordan Garfman, jefe de la sección de neurociencia cognitiva del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos en Maryland, EE.UU., dice que la mayoría de los comportamientos que experimenta un ganador tras recibir el premio radica en el sistema límbico del cerebro, el área en la cual radican las emociones. Durante este período, muchas veces los recursos se utilizan para satisfacer una necesidad de grandeza, más que para planificar el futuro.

Tras el período inicial de euforia, debiera apreciarse mayor actividad en el lóbulo frontal, el área del cerebro en la cual se manejan las metas de largo plazo, asevera Garfman. Sin embargo, agrega, el impacto emocional es tan fuerte que el lóbulo frontal no controla al sistema límbico, explica.

Todos los expertos coinciden en señalar que en estas reacciones también sería clave la influencia del entorno, en especial, la experiencia previa en el manejo de dinero. Esto se explicaría porque las personas con menos recursos que se hacen millonarias de la noche a la mañana son también las más propensas a quedarse sin nada, ser víctimas de estafas o, simplemente, malgastar la fortuna que ganaron.

LA INEXPERIENCIA

La falta de experiencia en el manejo de dinero suele ser el factor común que afecta a quienes pierden todo. Ante las nuevas exigencias y multitud de demandas que recaen en el ganador, en especial de la familia y amigos, la persona puede experimentar desgaste, fatiga, sensación de incapacidad e ineficiencia. En estos casos, la reacción más común es experimentar frustración por no poder cubrir las expectativas de los otros, a lo cual se suma la posibilidad de sufrir enfermedades sicosomáticas.

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