Opinión

Crecer fortaleciendo nuestra base productiva

PYME. Foto: Getty Images

El alza histórica de combustibles registrada el jueves 26 de marzo —$370 por litro de bencina y $580 el diésel— no es solo una noticia de economía que afecta los bolsillos de todos los chilenos. Es, además, una señal más profunda sobre las fragilidades de nuestro tejido productivo. Porque el diésel mueve el 98% de los bienes en Chile, y cuando su precio se dispara, la cadena completa tiembla: el transporte se encarece, los alimentos suben, la inflación presiona, y los más expuestos son quienes tienen menos capacidad de absorber el golpe. Entre ellos, las pymes.

Tras años de incertidumbre y menor dinamismo económico, el país necesita impulsar una agenda procrecimiento sólida, enfocada no solo en cuánto y cómo se crece, sino especialmente, desde dónde se construye ese crecimiento. El shock bencinero de esta semana refuerza con urgencia esa pregunta: ¿sobre qué base productiva queremos crecer?

Las medidas del nuevo gobierno han puesto correctamente el acento en la inversión, la confianza y la modernización del Estado. Sin embargo, este ciclo abre una oportunidad mayor: situar a las pymes en el centro de la estrategia de crecimiento. No solo desde la política pública, sino desde el rol que cumplen las grandes empresas, para las cuales las pymes son proveedoras, clientes y parte esencial de su cadena de valor.

Representan el 98% del tejido empresarial y el 64% del empleo formal (UC 2025). Son la red que sostiene la actividad económica a lo largo del país. Pero existe una paradoja que no podemos ignorar: mientras generan la mayor parte del empleo, su participación en las ventas ha caído desde un 25% a apenas un 12,5% en la última década (McKinsey 2025). Y ante shocks como el de esta semana, ese debilitamiento se vuelve aún más crítico: con un alza del 62% en el diésel, los costos operacionales de transporte se encarecen hasta un 25%, una presión que las pymes no pueden absorber por mucho tiempo sin arriesgar su continuidad operativa. Fortalecer a las pymes no es solo una estrategia de desarrollo; es también una estrategia de resiliencia.

La experiencia internacional ofrece una hoja de ruta. Países como Alemania han logrado crecer con estabilidad no solo impulsando grandes industrias, sino fortaleciendo su red de medianas empresas —el Mittelstand—, altamente productivas e interconectadas. Ese es el desafío que Chile tiene que construir.

Para avanzar, se requieren al menos tres cambios de enfoque: evolucionar desde políticas “para pymes” hacia políticas que las integren en ecosistemas donde también participan grandes empresas; incorporarlas plenamente en la agenda de productividad, cerrando brechas de digitalización, financiamiento y capital humano; y fortalecer los vínculos entre grandes empresas y su red de proveedores, porque la competitividad hoy se juega en el ecosistema, no solo en cada empresa por separado.

La inflación repuntará alrededor del 4% anual en el segundo trimestre, advierten los economistas. El escenario macroeconómico se complica. Y en ese contexto, la tentación política es concentrar la agenda en lo urgente. Pero lo urgente no puede desplazar lo estratégico. Precisamente cuando los vientos son adversos, es cuando más se necesita una base productiva sólida.

Chile tiene hoy la oportunidad de avanzar hacia un modelo donde las pymes no solo participan, sino que lideran procesos de innovación, generación de empleo y desarrollo regional. No se trata únicamente de crecer más, sino de construir una base más sólida sobre la cual ese crecimiento se proyecte en el tiempo, y que resista los shocks que inevitablemente vendrán.

Porque cuando la base productiva se fortalece, el crecimiento deja de ser una meta incierta y pasa a ser una oportunidad compartida.

*La autora de la columna es directora ejecutiva de Grande Pyme

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