Por Carlos OminamiEl socialismo en la búsqueda del paradigma perdido

Recurrentemente se reprocha al socialismo la ausencia de propuestas. Parte de estas críticas proviene de sectores conservadores que quisieran un socialismo domesticado, funcional a sus proyectos. No se plantea aquí un desafío intelectual; se trata simplemente de una maniobra política interesada.
Por el contrario, hay críticas como la que fórmula J.J. Brunner (El Libero 16 J) que abre interrogaciones pertinentes que podrían resumirse del siguiente modo: ¿Qué hacer en un mundo globalizado con un capitalismo profundamente transformado por la digitalización y cuya racionalidad preponderante es la presión constante por la utilidad y la eficacia?
Más allá de múltiples complejidades hay un principio de respuesta simple pero fundamental: no doblegarse frente a ese estado de cosas y luchar para superar un sistema que sigue siendo profundamente injusto teniendo como norte un orden superior que anteponga el valor de la igualdad por sobre el individualismo capitalista.
Sin duda, construir respuestas acabadas es un desafío intelectual monumental que enfrenta el socialismo a nivel global. Tarea que deberá dejar de lado todo dogmatismo reduccionista y asumir como método el “pensamiento complejo” (Morin).
Así, se equivocan quienes dado el fracaso de los modelos de socialismo “realmente existente” se apresuran a concluir que el capitalismo es el horizonte insuperable de la humanidad. En su época, las monarquías autoritarias que administraban el orden feudal se consideraban parte del orden natural e inmutable de las cosas. En tiempos históricos relativamente breves fueron derrotadas imponiéndose el capitalismo como modo de producción y la República como modelo predominante de gobierno.
En las condiciones del capitalismo actual, la transición a un orden superior no es concebible como el producto de revoluciones que toman por asalto el poder e imponen un nuevo sistema económico gobernado por una “dictadura del proletariado”.
En el caso de Chile, la renovación del socialismo introdujo una ruptura radical con esos conceptos. Fue un aporte crucial para derrotar a la dictadura. La reconstrucción de la democracia operó durante años como sustituto del paradigma desechado. Sin embargo, más allá de las amenazas que pesan sobre ella, la transición a la democracia es una tarea concluida. El socialismo chileno puede mirar con orgullo su aporte, pero debe al mismo tiempo reconocer el vacío producido, resultado de la dificultad para compatibilizar espíritu crítico con gobernabilidad, rebeldía con responsabilidad. Se desdibujó así su imagen como fuerza transformadora, apareciendo más bien “igual a los demás” y parte de la “casta”.
El reimpulso del socialismo tiene que partir por la recomposición de su identidad visibilizando aquello que lo hace sustancialmente distinto. La búsqueda del paradigma perdido pasa por reivindicar una visión crítica del orden existente, sustentando a su interior una práctica socialista que abra paso a reformas estructurales que pueden constituir gérmenes de un orden superior como lo imaginaron grandes teóricos de la socialdemocracia como Bernstein y Kautsky, denostados por Lenin.
Por Carlos Ominami, presidente de la Fundación Chile21
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