Opinión

Más allá del voluntarismo

Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Esta semana el candidato presidencial, José Antonio Kast, se vio emplazado por izquierda y derecha a partir de la difusión de algunas de sus propuestas económicas. En particular, la reducción del gasto público en 6 mil millones de dólares en 18 meses, y lo que se denomina en el programa como “Chao préstamo”. Esto último consiste en eliminar el discutido préstamo de las personas al Estado incluido en la reforma previsional aprobada a comienzos de año en el Congreso. Ya entonces se supo de esta postura de Republicanos: el “Chao préstamo” apareció allí como parte de su crítica al acuerdo, y hoy se retoma como promesa de campaña.

Es cierto que Kast suele provocar indignación y escándalo, a veces por su propia performance (y la de sus cercanos), pero otras muchas por el encono basal que le tienen sus adversarios. Eso obliga a someter a revisión las acusaciones que se le achacan: el reciente episodio sobre el “gobernar por decreto” fue nada menos que una noticia falsa donde se le atribuía al candidato algo que nunca dijo. Sin embargo, esta vez la situación parece distinta, y la mejor prueba es el video que sacó Kast hace pocos días. Allí buscaba denunciar las mentiras de sus críticos, pero también aclarar lo que implicaban sus anuncios. Ya lo reza el dicho: el que explica se complica. El candidato tiene razón al afirmar que nunca quiso poner en riesgo el alza de las pensiones, sino solo cambiar el método de financiamiento, pero eso no resuelve la incertidumbre que genera su propuesta (y que no es un invento de sus adversarios). Porque el problema no reside tanto en lo que quieren eliminar, como en la alternativa ofrecida, que en el video se reduce a un mero “financiar desde el Estado”. Solo sabemos entonces que el préstamo se reemplazaría por bonos del Estado, pero eso requiere pasar por un Congreso que ignoramos si les será favorable. E incluso si así fuera, como se planteó en estos días, ¿cómo asegurar la disponibilidad permanente de recursos para esas transferencias? ¿Pasará ello a depender de la discusión anual de la Ley de Presupuestos? Ninguna de estas preguntas es interesada ni deshonesta; y el candidato no ha salido a responderlas.

Algo parecido ocurre con el anuncio de la reducción del gasto público: hay un problema enorme al interior del Estado, bien documentado por el trabajo de la Contraloría, y proponer revisarlo no revela un escondido carácter populista que tantos han querido ver en Kast. Sin embargo, los plazos fijados (18 meses vuelan en los tiempos de la política democrática) levantan serias dudas respecto de la capacidad de lograrlo, y tampoco es claro si existe un estudio riguroso previo que les permita saber dónde y cómo reducir el gasto. Quizás acá sea necesario también un video del candidato.

La política es, muy fundamentalmente, dar razones. Por eso es el arte de la palabra. Hasta ahora, Kast ha sido exitoso en ese ejercicio, orientado por una estrategia de campaña inteligente, que privilegia la difusión de su propia agenda, sin caer en el juego de sus adversarios ni entrar en temas contingentes. Pero la cercanía de la elección y el favoritismo del candidato irán poniendo a prueba esa apuesta, como pudimos ver esta semana. Y es que ahora toca hacerse cargo justamente de lo que se ha dicho, y no de lo que acusan los que compiten a tu lado. Las mentiras y el encono podrán seguir vigentes, pero ya no bastarán como argumento: Kast tiene que salir a responder por lo prometido. Por eso importan los programas; no porque vayan a realizarse en cada una de sus partes, sino porque exigen a los candidatos dar razón de sus propuestas. Kast debe demostrar qué tan bueno es en ese desafío, pues no hay otra forma de probar como falsa una extendida hipótesis de sus oponentes (de la que ellos tampoco están libres): que su proyecto solo es una nueva versión del voluntarismo propio de quienes han nacido de la impugnación y nunca han estado en el poder.

Por Josefina Araos, investigadora del IES

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