Opinión

Semana de símbolos y esperanza

Valparaiso, 11 de marzo 2026 Jose Antonio Kast recibe la Piocha de O'Higgins de manos de Gabriel Boric al asumir como nuevo Presidente de la Republica de Chile en la ceremonia de cambio de mando presidencial, realizada en el Salon de Honor del Congreso Nacional Sebastian Cisternas/ Aton Chile SEBASTIAN CISTERNAS/ ATON CHILE

Las sociedades se debaten en una tensión política entre el orden y el cambio. Restauración y revolución se articulan como relatos que periódicamente configuran la esperanza de un futuro mejor, sobre ciertos valores encarnados en símbolos que agitan emociones atávicas.

A Chile no le ha ido bien con las revoluciones. Ni la que prometía hacerse en libertad ni, menos aún, la que se nos ofrecía con empanadas y vino tinto condujeron a nada bueno. Algo parecido, aunque menos traumático, sucedió con la que se vistió -disfrazó, en realidad- de “estallido social”. Del movimiento que iba a ser “la tumba del neoliberalismo” apenas quedó un recuerdo de violencia, destrucción y frustración que envejeció mal.

Esta semana se selló su fracaso. Antes de terminar el gobierno del Presidente Boric, la estatua de Baquedano volvió a su lugar, del que nunca debió salir. Finalmente, el peso de las instituciones, de nuestra historia y de la tradición construida durante más de un siglo, terminó imponiéndose a la piedra, al encapuchado y a la bomba molotov. La convicción y perseverancia del alcalde Bellolio fueron fundamentales para que todo lo que simboliza esa estatua volviera como testimonio de reconocimiento a los valores predominantes de nuestra identidad.

En una ceremonia impecable, justo es reconocerlo, gracias al sentido republicano de todos quienes participaron en ella, juró el Presidente José Antonio Kast y recibió los símbolos que lo invisten como el gobernante constitucional de Chile por los próximos cuatro años. En el Congreso bicameral propio de nuestra tradición, con la participación de todas las instituciones que configuran la República, representantes de iglesias, organizaciones sociales e invitados extranjeros y en aplicación de las normas de nuestra Constitución Política, la misma que quisieron reemplazar por el delirante texto de la Convención, nuestro país vivió la continuidad de su orden democrático.

Una sólida mayoría eligió al más conservador de los presidentes que hemos tenido desde el retorno a la democracia. Un católico observante, que en su primer discurso evocó a Portales y que ha dado reiteradas señales de valoración de Carabineros y de nuestras Fuerzas Armadas, así como una persistente voluntad de recuperar los principios de libertad y orden que han sido la base de nuestras épocas de estabilidad y progreso. Todo un giro, no sólo político, sino cultural, que hace apenas cuatro años habría parecido imposible.

Churchill decía que en política ninguna victoria es definitiva y ninguna derrota es fatal. Sabias palabras que llaman a todos quienes comparten los valores del gobierno de la ley como marco de convivencia, del mérito como principio de justicia para asignar bienes y oportunidades, así como de la solidaridad con el desfavorecido, a valorar este momento y trabajar para que el gobierno del Presidente Kast tenga éxito y su gestión se proyecte, afianzando los valores que una vez más han prevalecido, porque desde los orígenes de Chile están en nuestro ADN.

Por Gonzalo Cordero, abogado

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