Por Constanza PalmaDe la Araucanía al mundo: la historia de María Prieto, la reina de la kombucha
Partió como una búsqueda personal por una vida más consciente y terminó creando Kombuchacha, una de las marcas de kombucha más reconocidas del país. Ocho años después, da un nuevo paso: cruza fronteras y llega a mercados como Nueva York y Paraguay.

Desde muy temprana edad, María sintió una conexión profunda con la naturaleza. Nació en Pirque, pero su infancia transcurrió entre Tailandia y Brasil, territorios donde la exuberancia del entorno dejó una huella imborrable en ella. “Me marcó mucho vivir en países tropicales, donde la naturaleza es muy imponente”, cuenta.
Ese vínculo inicial no solo moldeó su sensibilidad, sino también las preguntas que la acompañaron desde niña. Siempre supo que quería dedicarse a algo ligado a la naturaleza y su primer objetivo fue estudiar biología.
Desde los 15 años, además, comenzó su activismo: fundó una ONG de educación ambiental, daba charlas de reciclaje y estaba vinculada a Greenpeace. Para ella la idea de seguir ese camino era inamovible, hasta que en el colegio, profesoras y profesores le dijeron que su perfil era más humanista. “Eso me quebrantó. Era adolescente, y por muy rebelde y segura de mí misma que fuera, igual afectó la idea del futuro que tenía”, confiesa. “Me dijeron que debería estudiar periodismo, letras o pedagogía. Era completamente distinto a lo que yo había soñado toda mi vida”, recuerda.
A pesar de lo difícil que fue ese cambio de paradigma, ella escuchó los consejos y entró a estudiar Letras en la Universidad Católica. Aunque en ese momento parecía una desviación de su vocación, hoy lo ve como parte fundamental de su identidad. “Como ambientalista había sido tan solitaria que Letras me abrió un vínculo con la profundidad humana, con la complejidad, con la historia y también con el talento. Me hizo muy bien”, relata María.

Tras titularse y trabajar brevemente en Santiago, se fue a Londres. Allí se desempeñó como profesora y trabajó en cocinas y restaurantes donde preparaban alimentos orgánicos. Fue en esos empleos donde algo volvió a encajar. “Despertó en mí, de nuevo, la conexión con la naturaleza. Empecé a consumir más orgánico, a valorar el hecho de que desde la agricultura podía tomar decisiones de alto impacto para el medio ambiente”, cuenta. La experiencia fue tan reveladora que decidió estudiar agricultura en Inglaterra.
De regreso en Chile armó una consultora de agricultura biodinámica, creó uno de los blogs medioambientales más leídos de Latinoamérica y cofundó el primer mercado orgánico del país. Todo parecía alinearse, hasta que ocurrió algo que ella define como “extraordinario”: se convirtió en madre.
La pausa, Suiza y el descubrimiento de la kombucha
“La maternidad me cambió la vida”, dice. Optó por dedicarse ciento por ciento a la crianza de su hija. Coincidió con que a su marido se le presentó la oportunidad de tomar un doctorado en Suiza, por lo que decidieron irse. Allá nació su segunda hija, y casi por azar, apareció la kombucha.
Era 2011. María quería alimentar a sus hijas de forma saludable, pero no lograba encantarlas con ninguna preparación. Un día, una amiga le contó que preparaba kombucha casera para sus hijos. “Nunca había escuchado hablar de eso”, recuerda.

La kombucha es una bebida fermentada a base de té endulzado que se elabora gracias a un cultivo de bacterias y levaduras. Su origen se remonta a miles de años en Asia, especialmente en China, donde era valorada por sus propiedades digestivas y revitalizantes. A través de la fermentación, el té adquiere un sabor levemente ácido y naturalmente efervescente, además de desarrollar probióticos, ácidos orgánicos y antioxidantes. Por eso, su consumo se asocia a beneficios como una mejor salud intestinal, apoyo al sistema digestivo y una alternativa más natural a las bebidas azucaradas.
Así, María aprendió a hacer su propia kombucha en casa, logrando que sus hijas enloquecieran con esta nueva preparación. “Agradezco de que les haya gustado, porque eso es lo que hoy nos da para vivir”, dice entre risas.
Volver al sur y apostar todo
Tras cinco años en Suiza, la familia tomó una decisión radical: irse a vivir a la Araucanía, sin redes ni trabajo: “Nos gustó la zona y nos gustó la idea de criar ahí”.
Con su marido querían emprender, pero saliendo del rubro del turismo. “Queríamos tener y dar trabajo que no fuera estacional y que tuviera impacto social y ambiental”, explica.

Mientras buscaban nuevas ideas, María continuó produciendo kombucha de manera artesanal para su familia y amigos. En 2017, una cafetería de la zona le propuso comprar parte de su producción y, a partir de ese momento, la posibilidad de profesionalizarse comenzó a tomar fuerza.
En paralelo, postuló como agricultora orgánica a un puesto en la cadena Fork. Fue en ese contexto que surgió la conversación sobre su kombucha y le pidieron probarla. “Me dijeron que era la más rica que habían probado en gira por Europa, Estados Unidos y en Chile. Fue impresionante”.

Ahí, junto a su esposo tomaron el riesgo y profesionalizaron el proyecto. Diseñaron el packaging con ayuda de una amiga y hoy, ocho años después, dan un siguiente paso: llevar a Kombuchacha fuera de las fronteras, a tiendas de Nueva York y Paraguay.
Hoy Kombuchacha es líder de mercado y prepara su expansión a más países. Pero su base sigue siendo la misma. “Lo que finalmente nos identifica es que somos una empresa y un producto con responsabilidad social y ambiental”. Y eso, dice María, es lo que permite sostenerlo en el tiempo.
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