Paula

Vision boards: más allá del collage, pensar los propósitos juntas

En los últimos años, los vision boards se han vuelto populares como una forma de ordenar deseos y propósitos para el nuevo año. Sin embargo, cuando se hacen en compañía, el sentido cambia: ya no se trata solo de fijar objetivos, sino de compartir un espacio de escucha, conversación y reflexión colectiva.

Foto - Hai Zhang

Son poco antes de las nueve de la mañana. Las mujeres llegan de a poco. No se conocen entre ellas, pero hay un acuerdo tácito: este no es un sábado cualquiera.

En total son quince mujeres entre los 25 y 67 años. La jornada comenzó con una clase de pilates para relajarse y conectar con el cuerpo. Luego cada una de las participantes se presentó. La idea de las organizadoras, Francisca Espinosa y Claire Asselot, era crear un espacio seguro y de confianza, por lo que hicieron una dinámica en donde cada una contó en breves palabras cómo había sido su año. “Eso inmediatamente conectó con una vulnerabilidad”, cuenta Francisca.

Fotos - Hai Zhang

Luego, el plato de fondo: las participantes se dirigieron a un patio rodeado de plantas, en donde las esperaba una mesa larga con todo tipo de implementos para la creación de sus vision boards. Recortes de fotografías y palabras, brillos, stickers, lápices y todo tipo de útiles fueron puestos a disposición de las 15 mujeres que esperaban este espacio para encontrarse consigo mismas. “Hacer un vision board es como un acto de escucha interna. Cómo yo quiero proyectar esos anhelos”, señala Claire.

En los últimos años, los vision boards o tableros de visión se han instalado como un ritual simbólico para proyectar deseos y metas de cara a un nuevo ciclo. Se trata de collages físicos o digitales, en donde imágenes y palabras se combinan para dar forma visual a intenciones personales, sueños y propósitos que muchas personas esperan concretar durante el año que comienza.

Foto - Hai Zhang

Pero más allá del ejercicio individual de fijar objetivos, para muchas mujeres esta práctica se ha transformado en una experiencia colectiva, un espacio de encuentro, conversación y reflexión compartida, donde los anhelos personales dialogan con los de otras.

Desde esa mirada nace la iniciativa de Francisca Espinosa y Claire Asselot, quienes decidieron crear un espacio para que mujeres de distintas edades pudieran conectarse con sus propios sueños y, al mismo tiempo, compartirlos en comunidad. Ambas son periodistas y se conocieron en la universidad. Aunque hoy sus caminos profesionales transitan por otros rumbos —Francisca como entrenadora de pilates y Claire en el ámbito de las comunicaciones corporativas—, siempre mantuvieron el deseo de desarrollar un proyecto conjunto que uniera sus intereses comunes: las artes manuales, el bienestar corporal y la creación de espacios significativos.

Fotos - Hai Zhang

Así nació Panorama, una propuesta que busca promover instancias donde el deporte y la creatividad se encuentren. Su primera actividad fue Move & Vision Party, este encuentro de quince mujeres que, más que un taller, terminó siendo un espacio íntimo y colectivo, donde el cuerpo, la creatividad y los deseos personales se entrelazaron.

A las organizadoras les llama la atención la rapidez con que se arma la escena. Aunque las mujeres no se conocían entre sí, se sientan juntas, comparten los útiles e intercambian miradas cómplices cuando una imagen dice algo. Nadie compite, nadie se explica demasiado. Cada una construye su propio collage, pero el acto es común: soñar en conjunto.

Claire observa la escena con atención. Para ella, lo que ocurre ahí tiene que ver con algo más profundo que un ejercicio creativo. “Es muy inspirador ver que la capacidad de soñar no es limitante”, dice. “No está determinada por la edad ni por el género. Imaginar, desear, proyectar es algo natural al ser humano”.

Francisca coincide, pero pone el acento en el clima que se fue construyendo durante la mañana. “Había una atmósfera para enfrentarte a ti desde tus dolores, tu cuerpo, tu espiritualidad, tus sueños”, dice. Un espacio que, según ella, se alejaba de ese ideal de la mujer perfecta y se acercaba más a algo real. Estar con otras mujeres, agrega, termina por confirmar que no se está sola en eso.

Fotos - Hai Zhang

Otro punto que planearon con cuidado, fue que el resultado de esta experiencia no se viera como una tarea más. “Los vision boards muchas veces son vistos como una lista de exigencias de todas esas cosas en las que me quiero convertir”, dice Claire. “Nosotras no queríamos que esto se sintiera como una lista de cosas que generen esa ansiedad”, añade.

Lo dicen porque en redes sociales se ha desvirtuado un poco el sentido de estos collages. Se encuentran algunos con fotografías de autos, grandes casas, dinero y todo tipo de lujos. Para Francisca esa representación “ridiculiza harto a las mujeres por sus rituales, por sus formas”, por eso que esta instancia buscaba ir mucho más allá y dar espacio a proyectar objetivos “de manera mucho más sana, mucho más alineada con la realidad”, explica Francisca. “No es que uno no pueda soñar en grande, pero esto no es una exigencia, sino un acto de escucha interna”, añade.

Y así lo vivieron las quince mujeres ese día. El patio volvió a quedar en silencio cerca del mediodía cuando se fueron con sus collages listos. Pero todas coincidieron con que más allá del objeto, lo que se llevaron fue la experiencia: haberse dado un espacio de escucha, un momento para proyectar deseos desde un lugar más honesto y humano. La sensación de haber participado en un acto compartido, donde la creatividad y la vulnerabilidad convivieron por un rato, recordando que los propósitos también pueden construirse con calma, comunidad y cuidado.

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