Juan Esteban Fernández, sociólogo, y reconocimiento constitucional de los pueblos originarios: “No es una panacea pero abre un camino para un nuevo pacto”

El sociólogo, investigador del Laboratorio Constitucional de la Universidad Diego Portales (UDP) publicó a fines de julio un estudio, junto a otros investigadores, donde analizaron en 59 países cómo se reconocieron los derechos a los pueblos originarios en esas constituciones. Fernández cree que el país debiese avanzar hacia un Estado plurinacional y que sería un error no discutir ante una eventual nueva Constitución los derechos políticos de los pueblos indígenas.




A fines de julio, Juan Esteban Fernández, del Laboratorio Constitucional de la UDP, y Claudio Fuentes, de Ciencia Política de la misma casa de estudios publicaron el artículo “The Four Worlds of Recognition of Indigenous Rights”, donde exploran el modo en que se ha reconocido los derechos indígenas en las constituciones de 59 países y proponen una categorización de esos reconocimientos. Casi al mismo tiempo de la publicación, en La Araucanía comenzaron a ocurrir tomas de municipio, gritos racistas contra indígenas, huelgas de hambre y hechos de violencia.

Para Fernández lo importante es señalar que un cambio constitucional no va a significar la solución a todos los problemas, pero sí un avance. “Lo que nosotros planteamos, que han hecho en otros países, que puede eventualmente ser en Chile, es empezar a cimentar un camino hacia la inclusión progresiva y sistemática de los pueblos indígenas en distintas esferas de la vida social y política”. Agrega que “la bajada de una Constitución va a depender de cuáles son las esferas que se van a discutir en el momento, ya sea de las reformas o del proceso constituyente si es que gana el apruebo”.

¿Qué conlleva el que una Constitución reconozca a los pueblos originarios?

Conociendo un poco los casos cercanos, los de Latinoamérica, el reconocimiento no es una panacea pero sí abre un camino para un nuevo pacto. Los conflictos no desaparecen, sin embargo, se podrían reducir o cambiarían de densidad. No es en todas partes, pero la inclusión de estos derechos conlleva un poco a la reducción de conflictividad y de antagonismo.

Dado el estudio comparado, ¿qué países tuvieron o tienen situaciones similares a las de Chile respecto a los pueblos originarios?

En un nivel macrohistórico, Chile comparte características con la gran mayoría de los países que tiene una población indígena y alguna vez fueron colonias. En ese sentido comparte características con 90% de la muestra que nosotros utilizamos. Si nos vamos a un nivel un poco más micro, Chile comparte la experiencia con la mayor parte de los países de América. La historia de los pueblos indígenas con los distintos países americanos son muy similares. Por ejemplo, con el caso de Argentina, son bastante similares en términos históricos pero Argentina una vez vuelta a la democracia, no automáticamente, reconoce a los pueblos indígenas y su Constitución avanza en reconocimientos de algunos derechos como la lengua y como las tierras. Chile no transita hacia ese reconocimiento. Si tuviésemos que tomar ejemplos, pondría más como ejemplo a los países como Bolivia, como Colombia, como Ecuador y esta es una discusión totalmente contingente para nosotros, que dice relación con el tema de incluir a los pueblos originarios en los procesos constituyentes. Tanto Ecuador como Bolivia y Colombia incluyeron a los pueblos originarios.

¿Cuál sería un error que habría que evitar al discutir el reconocimiento de los pueblos originarios?

Un enfoque muy errado sería enfocar la discusión únicamente en plano de derechos culturales porque es importante tomar en cuenta que los pueblos indígenas no son simplemente una cultura o parte de la diversidad de un territorio, sino que son comunidades políticas con preexistencia de la conformación de los estados nacionales. Por lo tanto, deben ser consideradas como naciones que conviven dentro de este territorio que hoy llamamos Chile. Tienen lógicas propias, lógicas políticas, jerarquías, formas de organización, etc.

Durante estos últimos días, dada la contingencia nacional, se ha recordado que Chile ratificó el Convenio 169 de la OIT, ¿hasta que punto esto es relevante, dado que hay países como Nueva Zelanda que no lo han ratificado y aún así han tenido avances en la materia?

Tomando en cuenta la evidencia creo que es relevante en el sentido de que si nos comparamos con Nueva Zelanda, Chile y Nueva Zelanda son dos países de tradiciones jurídicas y culturales diferentes. Y a pesar que comparten que ambos fueron colonias, tienen una historia bastante diferente en lo que respecta a la relación con los pueblos indígenas. En primer lugar, si lo pensamos de un punto de vista histórico, en el año 1840 Nueva Zelanda estaba firmando el tratado de Waitangi, un tratado que reconocía al pueblo maorí y le reconocía ciertos derechos; en el año 1861 en Chile se inicia este proceso de ocupación militar de La Araucanía, del Wallmapu en el fondo, y que hoy llamamos Araucanía. Entonces a ahí desde el siglo XIX se viene cimentando una tradición diferente en ambos países.

¿Por qué aún en Chile no ha tenido esa correlación de reconocimiento constitucional como sí ha sido en otros países de Latinoamérica?

Chile es un caso bastante particular en el sentido de que aquí el avance de los derechos indígenas ha sido muy difícil. En Chile no hay reconocimiento constitucional de ningún tipo. Si hay otras formas de políticas públicas como son la Ley Indígena, las distintas políticas públicas que han bajado de Conadi, de Indap, y de otras, que uno podría interpretarlas como un reconocimiento. Ahora, estas políticas de reconocimiento no responden necesariamente a los mandatos del Convenio 169 de la OIT porque no son reclamaciones de términos políticos, sino que más bien adhieren a esta tesis de que más bien es el problema es un problema de pobreza, de delincuencia, y no le hace justicia a este convenio. Si bien la ratificación del Convenio 169 de la OIT no deviene en un reconocimiento constitucional, si deviene en una serie de políticas públicas post-2008. Después de la ratificación empiezan a proliferar muchas más políticas públicas en los pueblos indígenas, y al Congreso entras muchas más leyes que tienen que ver o que van dirigidas hacia los pueblos indígenas. No siempre son aprobadas, pero ese es como el ejemplo.

Más allá de lo que resulte el plebiscito, ¿hacia donde debiera avanzar el país, un estado multicultural, plurinacional o solo un Estado-Nación?

Chile debiese avanzar hacia la plurinacionalidad. Y esto, más que nada es porque esta forma de reconocimiento no es que haga justicia a un ideal político o a una ideología, sino que más bien hace justicia a una realidad que esto de que el territorio que llamamos Chile está compuesto no solo por múltiples grupos étnicos o culturales sino que por múltiples naciones. Ideas políticas, lógicas internas propias y que hace 150 años eran naciones independientes y que pesar de varios procesos de asimilación, estas lógicas siguen existiendo. Creemos en el fondo, y basado en la experiencia internacional, que en pleno siglo XXI un país a la vanguardia mundial no es uno que esconde esta realidad de múltiples naciones, que la mete debajo de la alfombra, sino que la reconoce, la fomenta, la protege, ya sea a nivel constitucional como Nueva Zelanda, Finlandia, o varios países de América Latina, o en otras normas de otro rango no constitucional como Estados Unidos, Australia o Canadá.

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