El Simce que nos mide, pero no se mide

SEÑOR DIRECTOR:
Si una escuela hubiese fallado en aplicar el Simce, el escándalo sería mayúsculo: sumarios, sanciones y declaraciones públicas. Pero cuando el error es del sistema, se disfraza de “problema logístico”. El Estado exige a los colegios precisión quirúrgica, reportes y resultados, pero no aplica el mismo rigor sobre sí mismo.
Las escuelas cumplen, informan, rinden cuentas. Y en medio de esa burocracia infinita, lo esencial, enseñar, acompañar, formar, se va quedando sin aire.
El verdadero escándalo no es un examen fallido: es un sistema que mide sin aprender.
Roberto Bravo
Director Líderes Escolares
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