Cartas al Director

La fragilidad del gasto en seguridad

La fragilidad del gasto en seguridad

SEÑOR DIRECTOR:

El proyecto de Ley de Presupuestos 2026 vuelve a mostrar la brecha entre el discurso y la gestión en seguridad. Mientras se promete “fortalecimiento”, varias partidas estratégicas exhiben recortes o reasignaciones que ponen en riesgo la continuidad operativa contra el crimen organizado. La paradoja es conocida: se anuncian prioridades, pero se diluyen en la ejecución.

El problema no es solo cuánto gastamos, sino cómo. Los fondos se dispersan en programas de baja trazabilidad y sin indicadores claros de eficacia. Municipios con alta incidencia delictual carecen de recursos estables y flexibles para ejecutar planes propios. Persisten la fragmentación interagencial y la lógica reactiva, más cercana a la inercia presupuestaria que a una gestión basada en evidencia.

Urge abandonar esa inercia y avanzar hacia un gobierno estratégico y evaluado del gasto en seguridad, sustentado en metas comunes, indicadores verificables y mecanismos de corrección obligatoria. Ello requiere aplicar criterios de proporcionalidad, idoneidad y necesidad, propios de los estándares europeos de control del poder público: que cada peso asignado sea adecuado para el fin perseguido, estrictamente necesario y proporcionado a su impacto esperado.

En definitiva, no se trata solo de eficiencia contable, sino de preservar la legitimidad del Estado y la confianza en la democracia. La seguridad sin estrategia erosiona ambas.

Luis Toledo

Director Centro de Estudios en Seguridad y Crimen Organizado (Cescro)

Universidad San Sebastián

Más sobre:PresupuestoSeguridadEficiencia contableDemocracia

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Lo más leído

Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera

Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE