Trump a un año: la política comercial y el futuro

SEÑOR DIRECTOR:
Sabíamos que la narrativa de un orden internacional plenamente basado en reglas era, en parte, una agradable ficción como señaló Mark Carney en Davos, y agrega que los más fuertes siempre se han reservado el derecho a incumplir las normas cuando les conviene. Sin embargo, esta ficción ha sido muy relevante y ha creado bienes públicos, seguridad y paz compartidas, un sistema financiero y comercial basado en reglas, con el derecho internacional como marco.
El poder de los más fuertes es hoy más evidente que nunca. El primer año de Donald Trump, en su segunda Presidencia de Estados Unidos, lo dejó al descubierto con claridad. Un período marcado por diversos hitos, entre ellos una política comercial mal calificada de errática e irracional, y una relación particularmente compleja con América Latina.
Los aranceles a una amplia gama de productos fueron presentados como síntomas de un giro impulsivo, casi visceral, contra el libre comercio. En ese sentido, no buscaban corregir fallas del comercio internacional, sino enviar una señal política clara a su electorado y a los otros países.
Trump construyó su identidad política en oposición al consenso económico de las élites. El libre comercio, los acuerdos multilaterales y la globalización fueron presentados no como motores de prosperidad, sino como responsables del declive industrial, la pérdida de empleos manufactureros y el debilitamiento de comunidades enteras. En ese relato, los aranceles no han sido una herramienta técnica, sino un símbolo político.
América Latina no fue pensada como un socio estratégico de desarrollo, sino como un escenario instrumental al servicio de las prioridades domésticas de Estados Unidos. Las sanciones económicas y la retórica confrontacional —con Venezuela como caso paradigmático— cumplieron una doble función geopolítica y electoral, particularmente eficaz para movilizar al electorado latino en Florida.
La reacción del resto del mundo frente a esta ofensiva del Presidente ha sido hasta ahora fragmentada, evidenciando un desplazamiento desde un multilateralismo fuerte hacia un mosaico de respuestas nacionales y regionales.
El primer año de Trump dejó así una huella más profunda que un simple aumento arancelario. Aceleró la erosión del consenso liberal que había dominado durante décadas. En ese contexto, el avance del acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur; los intentos de Canadá y Finlandia de articular a los países chicos; los discursos en Davos, entre otros, representan más que nostalgia por el viejo orden. Se trata de un intento por construir uno nuevo, que responda a los problemas actuales.
Dorotea López Giral
Directora del Instituto de Estudios Internacionales Universidad de Chile
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