Por Rodrigo GonzálezSirāt: Todo el Tiempo Vivo en Éxtasis
Nominada a dos premios Oscar, la película española Sirāt es un sorprendente asalto a los sentidos que puede derivar en lo más inesperado. Su historia es la de un padre (Sergi López) en busca de su hija en medio del desierto marroquí.

En medio del desierto de Marruecos, Luis (Sergi López) y su pequeño hijo Esteban (Bruno Núñez) deambulan en una fiesta rave donde el sol pega tan fuerte como la música que sale de los polvorientos parlantes. Todo el mundo está drogado o colgado de algún tipo de brebaje y padre e hijo desentonan como elefantes en una cristalería, pero a nadie le importa nada. El nivel de abandono y trance de los fiesteros los hace inmune a distinguir cualquier cambio de paisaje a su alrededor.
El hombre ha perdido el rastro de su hija Mar hace meses, a la que cree sumergida en alguna de estas celebraciones tecno. Si hijo, siempre junto a la fiel perrita Pipa, insiste en seguir buscándola. En el camino, se arriman a un grupo variopinto que parece ser una mezcla de neohippies y neopunks, compuesto por Tonin, Jade, Stef, Bigui y Josh. Hablan en español con acento francés y entre ellos se comunican en el idioma galo. Conducen un camión y un furgón adaptados para transitar el desierto. Son una prueba viviente del autoabastecimiento y la sobrevivencia a punta de la convivencia comunitaria, las drogas ocasionales y la música fuerte. Para darle más pinceladas de exotismo, a Tonin le falta una pierna y a Bigui una mano.

A pesar de que los saltimbanquis lisérgicos le advierten a Luis y Esteban de que no les conviene seguirlos, los españoles insisten. Luis maneja una gastada camioneta Citroën que difícilmente va a poder sortear los acantilados, montañas y dunas del recorrido, pero el hombre parece tener la corazonada de que Mar puede estar en alguna fiesta secreta de la zona.
Hay películas que enganchan primero por su visualidad y a las que la trama y los diálogos le dan cierto sabor, pero nada más. Se puede decir que Sirāt (2025), del español Óliver Laxe, es una de ellas. Es más, desde cierto momento su trama se vuelve algo incomprensible, pero el poder de sus imágenes y el embrujo de su banda sonora se transforman en el lenguaje a entender, supliendo las eventuales discordancias de la historia.

A Sirāt, cuyo título alude al camino que se debe recorrer para llegar al Paraíso en el Islam, se le podría criticar de cierto abuso de la crueldad con los personajes o de golpes dramáticos difíciles de sobrellevar, pero por otro lado hay que tener estómago para mantener con vida una película después de tamaños episodios. El realizador gallego Óliver Laxe lo logra gracias a su talento innato en la combinación de recursos exclusivamente extra-literarios, recurriendo al poder de la imagen y la música.
Nominada a los Oscar a Mejor Película Internacional y Mejor Sonido y ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2025, la cuarta película del cineasta español plantea además un escenario internacional que pareció predecir lo que actualmente se dibuja en el mundo. Los participantes de estas fiestas desérticas lo hacen en medio de un orden internacional en derrumbe, seguidos de cerca por soldados que les solicitan abandonar la zona, arriesgando sus propias vidas.

A ellos no parece importarles demasiado el clima bélico que los rodea, pues siendo honestos es bien poco lo que el hombre común y corriente puede hacer al respecto. El placer de escuchar música a altos decibeles y comer el último hongo alucinógeno de la despensa sí está en sus manos. Como también lo está la posibilidad de Luis y Esteban de encontrar a Mar.
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