Los Detectives Salvajes, 20 años después

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En noviembre de 1998 llegó a librerías la obra maestra de Roberto Bolaño. Nueve escritores chilenos y latinoamericanos valoran hoy la novela que consagró a su autor y cambió el mapa literario del continente.


Sus primeras líneas están grabadas en la memoria de la literatura reciente: "He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así". Quien habla es Juan García Madero, uno de los narradores de Los detectives salvajes, la novela de Roberto Bolaño (1953-2003) que recoge la historia, los sueños y las derrotas de una generación, la suya, en México en los años 70. Avalada por el Premio Herralde, salió a la calle en noviembre de 1998; un año después recibía el Rómulo Gallegos. Los detectives no solo consagró a Bolaño: cambió el mapa de influencias de la narrativa latinoamericana. Considerada una de las mejores novelas de los últimos 25 años, nueve autores responden en torno a ella: 1 Cuál fue la impresión de su primera lectura. 2 Calificada de rupturista en su momento, cómo la valora hoy. 3 Cómo aprecia su influencia 20 años después.

Alberto Fuguet (1964, CH): "Pensé: Dios, Carlos Fuentes ha muerto"

1 Yo comencé a saber de Bolaño con La literatura nazi en América. Me pareció un autor muy poco chileno. Muy moderno, con ese epílogo para monstruos. Y donde me conquistó para siempre fue con el cuento Últimos atardeceres en la tierra, de la antología Honrarás a tu padre y que muchos años después fue parte de Putas asesinas, el 2001, vía Anagrama. O sea, llegué a Los detectives con ese cuento como trailer. Como una suerte de fan. Y lo compré en noviembre del 98 en la FNAC de Madrid junto a Paz Soldán. Mucho antes, creo, que estallara todo aunque ya se hablaba mucho o Edmundo me habló mucho. Yo estaba con una beca Fullbright en Georgetown, Washington D.C. y la empecé a leer en un avión en la pista de aterrizaje de Barajas y lo terminé en un café de Adams Morgan para Thanksgiving y empezó a nevar. Esto fue pre Rómulo Gallegos. Años después en un viaje que hice solo a Ciudad de México la compré en bolsillo, en la edición roja, y me dediqué a recorrer la ciudad con el libro.2 y 3. Lo primero que pensé: Dios, Carlos Fuentes ha muerto. La mejor novela mexicana la ha escrito un chileno. Luego: que esta era la mejor novela teen, la mejor novela del escritor-en-ciernes, el mejor de los bromances, que nadie entendía la sicología masculina como Bolaño. No me imaginé un hit literario sino una novela de culto entre escritores y chicos raros. Los detectives es sensual, arrebatada, es colosal y hay tantos personajes. La poesía como punk, como club de la pelea, la literatura como un oficio peligroso, callejero, vital...

Edmundo Paz Soldan (1967, Bol): "No fue un amor a primera vista"

1 La primera impresión no fue del todo positiva. Uno de mis estudiantes chilenos del doctorado, Luis Cárcamo-Huechante, me la recomendó. Recuerdo haber leído las primeras 150 páginas y no estar del todo enganchado. No fue, digamos, un amor a primera vista. Luego la dejé en un avión y no continué la lectura. Un par de años después volví a intentarlo, y esta vez la leí fascinado de un tirón.2 La novela fue parte de un renovado interés por la vanguardia, por sus prácticas y proyectos, parte de una relectura a partir de un momento en que el mercado ha cooptado todo y no es posible estar afuera del sistema. Bolaño habla del sueño de unir vida y arte y de cómo acabó ese proyecto, y a partir del ejemplo de la vanguardia nos hace pensar en las difíciles preguntas para el artista en nuestro momento neoliberal, en su relación con su arte y en cómo ese arte debe enfrentarse a la política y al mercado. 3 Si lees a los escritores de las nuevas generaciones te encuentras con Los detectives salvajes en todas partes. Está, por dar un par de ejemplos, en la obra del peruano Diego Trelles y de la ecuatoriana Mónica Ojeda. Lo más interesante es que las novelas que escriben no se parecen nada entre ellas; es decir, hay muchas pistas a seguir, hay un bosque donde perderse, no es solo una la pieza que salen tocando quienes entran a dialogar con Los detectives salvajes.

Matías Rivas (1971, ch): "Fue un shock de energía y desparpajo"

1 Era el año 1998 y la publicación de Los detectives salvajes cayó como un meteorito que sacudió el ambiente literario nacional. Compré el libro en la antigua librería Altamira de la calle Huérfanos. Había leído cuentos y crónicas de Bolaño. Me llamaba la atención -además de su literatura- su carácter, su postura poco cómoda e insolente. Al leer Los detectives salvajes entendí cuestiones fundamentales de Bolaño: la primera, era que escribía con una pericia insólita, con una soltura y un aliento únicos. Lo otro, fue constatar que Bolaño pertenecía a la cultura mexicana. Y, lo determinante para mí, fue ver el vínculo que tiene Bolaño con la poesía y los poetas, lo que ya estaba presente en su novela Estrella distante.2 Más que una novela rupturista en el aspecto formal, creo que su aporte fue hacer de la literatura un relato de aventura, y de los escritores personajes de interés, sujetos capaces de conmover por sus deseos y su falta de responsabilidad. Creo que Los detectives será leída por generaciones y generaciones de lectores que aspiran a conocer por dentro la literatura, cómo se vive imbuido en ella, en su frecuencia.3 Bolaño fue un shock de energía y desparpajo en unos años en que abundaban las novelas para caballeros caballerosos, salvo excepciones como Marín, Wacquez y Fuguet. Sin duda su obra repercutió en la aparición de autores como Alejandro Zambra y Alvaro Bisama, por nombrar solo dos que digirieron y escribieron de Bolaño con inteligencia.

Alejandra Costamagna (1970, Ch): "Fue un hito del desencanto del período"

1 No recuerdo cómo llegó a mí, pero recuerdo haberla empezado en un bus, saliendo de Antofagasta. Y recuerdo cómo el desierto se fue metiendo en la novela o la novela se fue metiendo en el desierto hasta que desapareció el paisaje. La energía apabullante de Los detectives salvajes se tragó todo. Y una de las cosas que más me sedujo entonces fue el cruce múltiple que había ahí: entre la prosa y la poesía, entre el horror y la pasión extrema, entre lo documental y lo ficcional, entre la historia con mayúsculas y la microhistoria.2 La sigo valorando como una novela absolutamente libre, que huye de cualquier encasillamiento fácil. Hoy la veo como una especie de hito en la sensibilidad defraudada del período. Tal como ha dicho Grínor Rojo, en la literatura de Bolaño podemos ver las huellas de una doble pérdida. O, más bien, la pérdida de un doble ideal: de las vanguardias artísticas y de las vanguardias políticas. Eso es muy claro en Los detectives salvajes y en cierta forma rompe con las representaciones tradicionales del desencanto y el escepticismo.3 La plasticidad de la escritura de Bolaño, su oído privilegiado, su intensidad, su riesgo, la capacidad de integrar lo contemporáneo con la tradición, su mundo y su estética, en definitiva, son tan propios que no puede ser imitado. Pero sí puede ser expandido. El despeine que validó Bolaño, la posibilidad de hacerlo todo, tal vez sea su influencia más perdurable.

Santiago Roncagliolo (1975, Pe): "Era como probar una droga nueva"

1 Todo el mundo estaba hablando de la novela cuando llegué a Madrid, en el 2000. La recuerdo como un cóctel potente: metaliteratura, novela adolescente, road movie, violencia. Nadie escribía así. Era como probar una droga nueva.2 Creo que Bolaño supo reunir los rasgos de varias generaciones y culturas: la fuerza política del boom. El desencanto de los hijos del 68 como Houellebecq. Los referentes pop de los McOndo. Y ramalazos de auto ficción. No sé cómo lo hizo, pero ahí estaba todo.3 Creo que su influencia resulta invisible. Porque es demasiado personal. Todos tenemos un rincón de Bolaño, una frase, una música. Pero las grandes obras no dejan rastros del crimen.

Alvaro Enrigue (1969, Mex): "Todos damos bolañazos de repente, ¿no?"

1 Cuando Los detectives apareció yo estaba comenzando un doctorado en EEUU. Leí la novela cuatro o cinco años tarde. Me pareció buenísima, pero no había manera de sospechar que se iba a convertir en un texto limítrofe, que marcaría un antes y después.2 Me parece una novela bastante conservadora en términos formales: guiada por el argumento. Pero es un argumento poderoso e intensamente literario. Es cosmopolita y melancólica: era natural que se convirtiera en un emblema del cambio de siglo. Y está esa cosa esotérica que es el estilo. Bolaño tenía una voz tremendamente imaginativa, desafiantemente conceptuosa -A Gracián le habría encantado. 3 Supongo que tendrá imitadores, pero uno no se entera sobre su trabajo mas que si son sus vecinos. Pero igual creo que todos damos bolañazos de repente, ¿no?

Rafael Gumucio (1970, Ch): "Liberó a toda una generación"

1 Lo leí el 2000 porque Ignacio Echevarría me habló de él en el patio de MACBA en Barcelona (tomando cerveza con gaseosa de limón). Yo, que soy muy envidioso, le dije "ya, pero no es Chéjov". Y efectivamente no era Chéjov sino algo más enviciante y conocido y desconocido a la vez: la última novela de la Onda mexicana (José Agustín, Gustavo Sainz ), que llevaba esa generación fantasma a posibilidades que los hechos posteriores al 68 no lo dejaron llegar. Era una novela insoportable porque los personajes no dejaban de acostarse entre ellos y leer poesía y yo sólo hacía lo segundo y despreciaba a los que hacían lo primero.2 Era una novela rupturista del tipo de novela, bastante convencional, que se hacía en ese entonces: realistas, corregidas y pudorosas. Era un retorno cierto a una novela anterior, que no era el boom sino la novela de la Onda mexicana con que curiosamente nadie identifica a Bolaño. Una generación que tiene en Chile a Skármeta, Délano (Poli) y Dorfman. Bolaño mira esa generación desde la distancia de su fracaso (exilio, ambigüedad ideológica) y da una versión de ella completamente irónica que es también un homenaje a una juventud que no fue.3 Yo creo que liberó a toda una generación que la leyó. Le dio la sensación de que se podía escribir así no más, de lo que vives, que puede ser justamente el advenimiento de la literatura en tu vida. Eso es liberador, y está bien, aunque quizás a la larga uno quisiera que no se tomaran tantas libertades, o por lo menos no todos.

Diego Zuñiga (1987, Ch): "Un remezón que viví muy pocas veces"

1 Recuerdo que terminé de leerla y llamé por teléfono a un compañero de colegio que la estaba leyendo en ese mismo tiempo, o que quizá la había terminado en esos días. Y estuvimos hablando toda esa tarde del libro, de Belano y Lima, de Cesárea Tinajero, de los cientos de personajes que aparecen en el medio de la novela Fue un remezón que he experimentado muy pocas veces. Terminé la novela y me dieron muchísimas ganas de escribir. Era el verano de 2004, enero. Yo tenía 17 años y Bolaño llevaba muerto sólo unos meses, pero su nombre y esta novela en particular aparecía por todos lados. El vértigo y el entusiasmo que transmitía es algo que nunca he olvidado.2 Creo que fue un libro que desordenó por completo a la narrativa chilena, que venía escribiendo unos libros muy correctos, muy predecibles, y su aparición cambió el panorama, abrió rutas de lectura. Además, le recordó a los narradores chilenos cuán importante era volver a la poesía.3 Hace 10 o 15 años, cuando le preguntabas a los más jóvenes qué leían, Bolaño -y Los detectives salvajes- estaba muy presente. Pero hoy el nombre de Bolaño no aparece entre sus lecturas principales. No sé qué pasó. Sí sé que Los detectives planteaba un juego primordial con las formas, con las estructuras narrativas, y esa apuesta, ese preguntarse por cómo se cuenta una historia, es algo que no permeó a las nuevas generaciones de narradores chilenos. Algo se perdió en el camino, y creo que es urgente recuperarlo.

Patricio Jara (1974, CH): "Apareció en el momento justo"

1 Comencé a leer a Bolaño cuando vivía en Antofagasta. Partí con los cuentos de Llamadas telefónicas. En esos relatos había algo que estalló con Los detectives salvajes: la simpleza para contar una historia compleja. Eso queda claro desde la primera página, con eso de que hay momentos para boxear y hay momentos para hacer poesía. Lo subrayé y nunca lo olvido, aunque no escribo poesía.2 Al menos para Chile, la novela apareció en el momento justo, cuando la producción de los narradores locales vigentes y más populares en ese entonces comenzaba a patinar. No sé qué habría pasado si se publicaba cinco años antes. Tal vez se habría perdido en la espesura y en el bullicio de la máquina editorial de la Nueva Narrativa, que publicó a tantos que no alcanzó la vitrina para todos. El año en que salió había un declive de la novela generalizado en Hispanoamérica, lo cual explica por qué también resucitó la crónica y el periodismo narrativo.3 Las voces que narran la historia conectaron muy bien con varias generaciones. En especial por la idea del viaje, por lo que pasa, digamos, dentro de una pandilla que sabe que va a perder pero de todos modos va al frente. Como pocas, esa novela tiene la forma de un erizo: es un centro lleno de puntas. Además demostró que se podía escribir de lo que significa escribir. Eso fue clave para muchos que recién empezaban. En mi caso, su experiencia de vida fue mucho más atractiva que tratar de escribir como él.

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