Baraka: la gran comedia argentina que esconde una pequeña tragedia
Es un lujo ver en Santiago este éxito del teatro argentino con motivo de una gira por Latinoamérica y España. Aplaudida por 200 mil personas en la cartelera transandina durante 2008, Baraka está protagonizada por cuatro figuras clave de las tablas bonaerenses: Hugo Arana, Jorge Marrale, Darío Grandinetti y Juan Leyrado.
Todo ocurre en un sofisticado departamento donde se reúnen cuatro amigos que bordean los 50 años, cada uno con dilemas que se entrelazarán: un ambicioso político que sueña con ser nombrado ministro, un abogado suspendido de su profesión por problemas de drogas, un homosexual que se apropia de unas obras de arte aparentemente poco valiosas y un director de teatro presto a montar una obra en la que aparecerá desnuda la hija adolescente de uno de sus amigos.
Una visión mordaz sobre la imposibilidad de mantener una amistad sin que el ego, las ambiciones, las deslealtades y otras mezquindades humanas destruyan la escasa sinceridad de la relación. Ese es el tema de esta ácida obra de la dramaturga holandesa María Goos, una comedia que, en el fondo, esconde una pequeña tragedia. Superficialmente, Baraka incluso recuerda a Art, otra obra escrita por una mujer (Yasmina Reza) que habla sobre los vínculos entre un grupo de hombres maduros y donde una pintura también es un elemento crucial de la trama.
¿Qué significa la palabra baraka? Nada. Simplemente era un grito de guerra que usaban estos amigos cada vez que se reunían. Ensimismados en sus profesiones y vidas familiares, los camaradas han dejado de verse por años. El clan decide reunirse otra vez para comprobar que el compañerismo de antes, la potencia de la juventud y la mística de las parrandas nocturnas de antaño ya no existen. Se juntan y sobreviene la decepción. Todos se han traicionado a sí mismos y se han convertido en seres materialistas, interesados, prejuiciosos, arribistas y temerosos. Ahora pronuncian la expresión baraka con cierta nostalgia.
La historia fluye con rapidez y las risas abundan. Los cuatro personajes y sus particulares personalidades quedarán fijos en la memoria del espectador, porque están espléndidamente interpretados, bajo la dirección de Javier Daulte.
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