Por Andrés GómezReseña de libros: de Julieta Venegas a Natalia Ginzburg
Norteña, las memorias de la cantante y compositora mexicana, su debut en la literatura; Familia y Burguesía, dos formidable relatos de la gran autora italiana en torno a la vida familiar, y un volumen de ensayos de Pablo de Rokha, en las lecturas de la semana.


Norteña, de Julieta Venegas (La Pollera)
Cada semana, las tres hermanas iban a clases de piano. Un día la maestra le cuenta al padre que las niñas no tenían interés en las lecciones. “Pero a Julieta sí le gustan”, le dijo. El padre lo confirmó con ella y le dijo: “Entonces el piano es tuyo”. Aquella maestra, Margarita, “me mostró algo de lo que yo no me había dado cuenta: que mi relación con la música era especial, y se notaba”, escribe Julieta Venegas en este libro que lleva por subtítulo Memorias del comienzo. Nacida en Long Beach y criada en Tijuana, la cantante y compositora debuta en la literatura con esta autobiografía donde narra sus inicios y el hallazgo de su vocación hasta la grabación de su primer disco. Describe su infancia en la frontera y el modo en que la marcó: “Sin darme cuenta siempre he cargado una línea que me divide. Una cicatriz latente que no desaparece”. Revive su niñez en una casa donde su madre solía cantar y “The Cure se llevaba bien con Juan Gabriel”, así como las rebeldías adolescentes y la búsqueda de su voz: “Las canciones son de piel, necesito sentirlas”. Las amistades, la soledad, su paso por el teatro, la primera banda y su difícil aterrizaje en el DF. En un tono íntimo y cálido Julieta Venegas relata su formación artística y se pregunta también por el amor, su identidad y su lugar en el mundo.

Familia y Burguesía, de Natalia Ginzburg (Lumen)
En la sala de espera del veterinario había mucha gente con perros y gatos. “Es la primera vez que vengo”, le dijo Ilaria a una señora. “Se nota que no ha tenido animales”, le contestó ella. Ilaria se preguntó en qué se le notaba: tal vez en el hecho de que ella tenía a su gatito envuelto en una manta, a diferencia de los demás, que llevaban a los suyos en cajitas adecuadas. Ilaria es viuda y vive sola; en el mismo edificio viven también su hija, su yerno y su cuñado, y recibió el gatito de regalo. Este solía escabullirse “y corría por todas partes, se escondía debajo de los armarios, y de repente le saltaba a la cabeza, rebuscaba entre su pelo y lo lamía”. Era un gato pequeño y frágil y no vivió mucho con ella. Luego tuvo uno gordo al que llamó Abriguito. Los recuerdos, las conversaciones, los detalles cotidianos de una vida a menudo rutinaria son iluminados por gatos en Burguesía, uno de los dos relatos de este volumen. Lo completan Familia, una nouvelle que narra la extraña amistad de dos viejos amantes que perdieron una hija y que hoy tienen vidas opacas y tensionadas por separado y siguen viéndose con sus hijos de sus nuevas relaciones. Con una prosa transparente, a menudo lacónica, la gran escritora italiana ofrece una mirada irónica y perspicaz sobre la vida familiar.

Heroísmo sin alegría, de Pablo de Rokha (FCE)
“Yo escribo para los que no requieren escrituras sino abismos”, anotó Pablo de Rokha. Sí, “abismos que abren lenguajes solitarios; yo escribo para los inadaptados, para los agresivos, yo escribo para los indomados. ¿Cuchillero de la poesía? No. Valeroso de la poesía. ¿Arte de matones? Arte de caballeros, arte de vagabundos”, escribió en uno de los ensayos de este libro publicado originalmente en 1927, donde examina sin timideces ni pudores su obra poética. Por entonces había escrito Los gemidos, U, Satanás y Suramérica, entre otros poemarios, que hicieron resonar su vozarrón volcánico en la literatura local. Desmesurada, barroca, torrencial, su escritura vive en permanente estado de combate, cultivando la guerrilla y acusando una herida o el resentimiento hacia el medio literario y político. Así, al hablar de su arte poética, no pierde ocasión de golpear a sus rivales: “no hay palabras grandes ni chicas, ni feas ni bellas, buenas ni malas, malas sí: las palabras de Judas, el traidor, o de Pablo Neruda”. Una declaración de guerra en esos años en que se disputaban la supremacía de la poesía. La edición agrega una carta abierta a José Ortega y Gasset, quien visitó Chile en 1928. En ella, como subraya Felipe Aburto en el prólogo, da luces de una reflexión poética torno a lo chileno.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE















