Christopher Paolini: "Llevo 14 años con estos personajes y es difícil dejarlos"
<P>Millonario antes de los 30: comenzó a publicar a los 15 y a los 28 ha vendido 35 millones de libros de su saga de jinetes y dragones. <I>Legado</I> es el último título de la serie. Ahora quiere escribir algo nuevo.</P>
Primero fue una especie de gnomo con gorro y botas; ahora es un río con un par de meandros que desciende de unas altas y nevadas montañas y que cruza frondosos bosques... Christopher Paolini (Los Angeles, EE .UU., 1983) se entretiene así en las entrevistas, dibujando en una libreta, a pluma o rotulador negro, desde detalladísimos ojos de dragón a signos de su inventado lenguaje élfico. Ha vendido cerca de 35 millones de ejemplares de su cuarteto fantástico que, en principio, acaba de cerrar con Legado (que llegó a Chile con el sello Roca). Una serie que arrancó en 2002 con Eragon, saltó al cine y vino a ocupar el espacio que dejó Harry Potter en EE.UU.
Barbilampiño, gafitas metálicas redondas, enjuto pero atlético, un punto de timidez desconfiada, la enseñanza recibida en casa por su madre (maestra devota del método Montessori que nunca le llevó a la escuela) ha dado un joven detallista y educado pero parco en palabras, gestos y, se intuye, en sentimientos, peajes quizá de una maduración antes de tiempo.
Empezó esta saga con 15 y la ha terminado con 27. ¿Cómo ha podido mantener la inocencia que demandaba la serie?
Esta última entrega es la que más dificultades me ha traído, pero esa preocupación la detecté en la tercera, donde ya no traté tanto a los lectores como niños; siempre he buscado subvertir el mundo de buenos y malos y en los dos últimos libros he acentuado eso. Esas son las cosas que critico de Tolkien, por ejemplo, la predestinación de los personajes: quien nace troll muere troll y muere como malo, no hay estadios intermedios. Creo que no es bueno que los niños vean el mundo como malos o buenos, que las cosas no vayan a cambiar nunca. Espero que los lectores hayan crecido conmigo.
Usted sí ha crecido como escritor: sus personajes son cada vez más ricos en matices...
Es que al final es como tocar un instrumento: he estado escribiendo sin parar casi 13 años, a tiempo completo, una situación que sólo suele darse cuando uno está a finales de los 20 o de los 30 años; yo, desde que tengo 14, estoy ahí... Quiero escribir algo nuevo; tengo entre 20 y 30 novelas pensadas y estructuradas...
¿Dentro del ciclo Eragon o saltará a literatura para adultos?
Siempre hay la posibilidad de un quinto libro: llevo 14 años con esos personajes y es difícil deshacerse de ellos. El gran reto será ver si se da la transición de lectores de Eragon a lectores de Paolini; en cualquier caso, la ciencia-ficción y la fantasía son mis géneros favoritos.
El final de la tetralogía es moralizante; sorprende que eso tenga éxito en la juventud...
Mis novelas, o también las de la serie Harry Potter o incluso la de Los juegos del hambre ayudan a los adolescentes, que se sienten más indefensos y sin un papel claro en esta sociedad.
¿Este tipo de literatura ayuda a mantener una especie de statu quo social de la juventud?
Hay cosas más preocupantes en la literatura fantástica tipo Conan el Bárbaro o el propio El señor de los anillos y es cómo puede ser que a nadie le afecte la violencia y sus consecuencias: es totalmente irresponsable por parte de un autor olvidarse de eso... por no hablar del uso indiscriminado de la magia y lo prodigioso en el supuesto mundo real: ¿se imagina que la Bolsa funcionara por una especie de sortilegios?
Sorprende la fe que tuvieron sus padres en usted, invirtiendo los ahorros en una primera autoedición del libro o saber que en su casa de Montana no llegaba la señal de televisión. Son una familia muy particular.
Sin duda soy fruto de mis padres. Y el pueblo más cercano estaba a media hora de casa y lo de exponer a los niños a la televisión no es muy sano, porque mucho de lo que emite, y especialmente los anuncios, están pensados para el adoctrinamiento a través del engaño; tampoco teníamos videojuegos... Sí, recibí una educación de calidad a pesar de no haber ido al colegio. ¿Fe? No hablo de religión ni de política en mis entrevistas: siempre hay un lector que no está de acuerdo y no quiero marcar las lecturas de mis libros.
No creerá que ha construido un Eragon neutro en lo sociopolítico.
Eragon hace de algún modo reflexiones religiosas y políticas, claro; digamos que trabaja para la oposición al sistema, pero creo que si algo resume la saga es esa búsqueda para comprender en qué creen. Sé qué y cómo piensa Eragon, pero no voy a decírselo.
Si cada victoria tiene su precio, ¿cuál es el de su éxito?
El tiempo, mi juventud; no he hecho cosas que sí ha realizado la gente de mi edad; mientras estaban conociéndose e intercambiando experiencias personales y profesionales, yo estaba frente a un computador, solo.
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