Culto

Persépolis y el legado de Marjane Satrapi: la historia del cómic que humanizó la revolución en Irán

Tras la reciente muerte de la autora franco-iraní a los 56 años, repasamos cómo su célebre novela gráfica autobiográfica se convirtió en un fenómeno global de libertad, identidad y resistencia.

Si hubo un sector de la sociedad de Irán que sintió con mayor fuerza los efectos de la Revolución Islámica, fueron las mujeres. Una de ellas, la entonces pequeña Marjane Satrapi presenció atónita el cierre de escuelas mixtas, la imposición del velo y las ejecuciones. Años después, siendo adulta llevó esas experiencias a un cómic que marcó época, llamado Persépolis.

“Me encanta dibujar y me encanta escribir, pero en cuanto me pongo solo a escribir me pongo muy serio. Pierdo el sentido del humor. Para mí, el dibujo es la narración. Lo que no escribo, lo dibujo. Me ayuda a expresarme. Así que ni siquiera fue una elección para mí”, dijo en entrevista con KPBS Public Media, comentando que para ella fue natural contar su historia por esa vía.

Hoy Persépolis ha vuelto a la palestra por la intempestiva muerte de Marjane Satrapi a los 56 años en París. Según recogen los medios internacionales, su familia afirma que murió “de tristeza” poco después del fallecimiento de su marido, el productor Mattias Ripa, en 2025. La pareja compartió tres décadas de vida. En sus últimas apariciones públicas, Satrapi había expresado el profundo vacío que sentía sin él.

Marjane Satrapi, autora de Persépolis

“Si quieres hablar al mundo, habla de tu aldea”

Pero volvamos a Persépolis, publicada en cuatro volúmenes entre 2000 y 2003, Satrapi no solo relató su autobiografía: transformó la historia convulsa de Irán en una narrativa íntima, irónica y profundamente humana. El cómic en blanco y negro se convirtió en fenómeno global, fue adaptado al cine con éxito y sigue siendo referente de la novela gráfica junto a Maus de Art Spiegelman.

En entrevistas, Satrapi insistía en la universalidad de su relato: “Si quieres hablar al mundo, habla de tu aldea”, citando a Tolstói. “Pensaba en eso. Si hablas de grandes cosas, como ‘los iraníes’, no significa nada. En cambio, puedes identificarte en una persona concreta”, dijo a El País, en 2020.

El cómic mezcla grandes acontecimientos históricos con la vida cotidiana: pósters prohibidos de Iron Maiden, rebeldías adolescentes y el dolor de las pérdidas. El velo, por ejemplo, se convierte en símbolo de un sistema que limita la autonomía de las mujeres. Su madre había protestado contra él, pero pronto se impuso como obligatorio.

Imagen de Persépolis (Reservoir Books, 2020), de Marjane Satrapi.

A los 14 años, sus padres la enviaron a Austria para protegerla. Esa separación marcó su exilio y su búsqueda de identidad: “Soy una occidental en Irán, una iraní en Occidente. No tengo identidad”, recoge Infobae.

Una vez en Europa, enfrentó racismo y desarraigo, llegando incluso a un intento de suicidio del que se recuperó con resiliencia. “La libertad”, repetía en conversaciones, “es tener aire en los pulmones. El resto viene por añadidura”.

“En Europa, normalmente la gente del Tercer Mundo viene por razones económicas -dijo a El País-. Los iraníes no se marcharon de Irán por razones económicas. Normalmente era gente de izquierdas, bien instruida, de clase media y con un cierto nivel de vida. Era una inmigración política. En mi caso, al llegar a Francia mi nivel de vida se dividió por cinco. En Teherán tenía un apartamento de 130 metros cuadrados y me encontré en uno de 25 metros cuadrados. Allí tenía mujer de la limpieza, iba en coche. Pero vine porque quería la libertad. Tercermundana significa que eres tercermundista pero no pobre”.

Imagen de Persépolis (Reservoir Books, 2020), de Marjane Satrapi.

Sobre Persépolis, Satrapi siempre subrayó su intención humanizadora, una intención de salir del relato simplón y estereotipado. Asi lo dijo en charla con el sitio believer.net. “El problema es el siguiente: hoy en día, la descripción del mundo se reduce a un sí o un no, a blanco o negro. Historias superficiales. Historias de superhéroes. Un bando es el bueno. El otro es el malo. Pero yo no soy quien da lecciones de moral. No me corresponde decir qué está bien o mal. Describo las situaciones con la mayor honestidad posible. Tal como las vi. Por eso uso mi propia vida como material. Yo mismo he visto estas cosas, y ahora se las cuento. Porque el mundo no se reduce a Batman y Robin luchando contra el Joker; las cosas son más complicadas. Y nada da más miedo que la gente que intenta encontrar respuestas fáciles a preguntas complicadas”.

Más bien, señalaba, su obra quería mostrar la realidad iraní en toda su complejidad. “Todos creen que son los únicos que sufren. O que son los únicos a los que les gusta el helado o que llevan a sus hijos de vacaciones. La gente siempre se sorprende al saber que en Irán conocíamos el punk rock. A veces lo conocimos antes que los estadounidenses. Tengo amigos del Medio Oeste que descubrieron el movimiento punk después que yo. Esto también demuestra el poder de las anécdotas, de una pequeña historia, para explicar el panorama general. Así que incorporé mis propias anécdotas para comentar sobre el mundo".

En 2006, adquirió la nacionalidad francesa, y en charla con El País, explicaba por qué no deseaba volver a Irán. “Me considero franco-iraniana. A nivel sentimental soy muy iraní; a nivel cerebral soy muy cartesiana, muy francesa. No es buena idea volver. Me lo han desaconsejado. No me arriesgo. No soportaría estar en prisión, Si me encerrasen, moriría a las dos semanas”.

Marjane Satrapi

La adaptación animada de 2007, codirigida con Vincent Paronnaud, ganó el Premio del Jurado en Cannes y fue nominada al Oscar. “La animación nos ayudó precisamente por la abstracción del dibujo. Se volvió mucho más universal porque todo el mundo podía identificarse con ello” dijo a KPBS. Es que de alguna manera, el blanco y negro y el estilo estilizado permitieron trascender lo geográfico.

Opositora al régimen iraní, se manifestó en contra de uso obligatorio del velo para las mujeres. “Yo estoy totalmente en contra del velo -dijo a El País-. Sé lo que quiere decir: que yo, como mujer, soy un objeto sexual y que este objeto sexual no debe verse porque la mera visión de los cabellos puede provocar una erección general en la calle. Detesto el velo. Pero más importante que lo que yo deteste son los derechos humanos, un texto escrito en este país que dice que la gente tiene el derecho a ejercer la religión que quiera y a vestirse como quiera. Como considero que los derechos humanos son superiores a mi punto de vista personal, pelearé por que estas mujeres puedan llevar el velo aunque yo lo deteste”.

Persépolis se puede encontrar en Chile a través del sello Reservoir Books.

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