Culto

Paul McCartney entre la nostalgia, su legado y la sombra del retiro en The Boys of Dungeon Lane

A sus 83 años, el ex Beatle se muestra vigente en un nuevo disco cargado de imágenes de su niñez en Liverpool. La crítica lo ha alabado como lo mejor que ha firmado en años, gracias a un material bien trabajado con el productor Andrew Watt. Junto a entendidos en el universo del hombre de Yesterday trazamos las claves de este regreso, su mirada retrospectiva y las decisiones que tomó. “McCartney seguirá funcionando hasta que la salud se lo permita”, dicen.

Paul McCartney

Llevaban un buen rato en una carretera de Gales intentado que algún vehículo se detuviera y les tomase. Y en una broma del destino, fue un camión de leche el que se detuvo a dar un aventón a los jóvenes Paul McCartney y George Harrison. Por entonces eran dos adolescentes de Liverpool, entusiastas del rock and roll, que solían viajar haciendo autostop.

De un salto subieron a la parte trasera del vehículo, pero Harrison se llevó la peor parte. “Estaba sentado justo encima de la batería -contó “Macca” en un encuentro exclusivo con 30 fans en el estudio Diamond Dust en Los Ángeles-. George saltó ¡Tenía unos vaqueros con cremallera en la espalda y se le había enganchado la batería! [Más tarde] me enseñó la marca de la cremallera [quemada en su cuerpo]”.

A esos recuerdos echó mano el ex Beatle a la hora de escribir las canciones de The Boys of Dungeon Lane, su nuevo disco editado por Capitol Records. Un trabajo que ha sido promocionado como “una colección de vislumbres raras y reveladoras de recuerdos nunca antes compartidos”. Probablemente las historias de esos días previos a la fama son el único rincón que McCartney no había explorado en demasía. En los últimos años se ha dedicado con especial esmero a pulir su pasado: una visión más luminosa del quiebre de los Beatles en las ocho horas del monumental documental Get Back; el impulso para publicar Now and then, la llamada “última” canción de los Fab Four, así como las próximas películas biográficas sobre los Fab Four de Sam Mendes; a lo que se debe sumar el reciente documental y libro con los que repasa la historia de Wings, su vilipendiada banda de los 70’, con el claro interés dejar en remarcar su lugar en la historia.

Paul McCartney

De allí a que el nuevo disco tome el nombre de un lugar que Paul transitaba a menudo en su infancia. “Dungeon Lane es una callejuela que partía del complejo residencial Speke, donde vivían Paul McCartney y George Harrison. Paul solía caminar por ahí hasta Oglet Shore, una pequeña playa a orillas del río Mersey. Allí, junto con su hermano Mike y otros amigos, pasaba horas en la playa. Paul recuerda su infancia con cariño”, dice a Culto el autor británico David Bedford, especialista en la historia de los Beatles con varios libros publicados (entre estos uno en conjunto con Hunter Davis, el primer biógrafo del grupo). “La familia de Paul se mudó allí en 1947, cuando él tenía solo 5 años, y vivieron allí hasta los 13, momento en que se trasladaron a la más famosa Forthlin Road, a la que Paul también hace referencia en su nuevo álbum”.

Ese núcleo familiar resultó clave para el joven McCartney, porque el entorno no era especialmente estimulante. “El Liverpool de la posguerra era un lugar bastante sombrío -apunta Bedford-. Como la segunda ciudad más bombardeada de Gran Bretaña después de Londres, perdió más de 90.000 casas y 4.000 personas murieron en los bombardeos. Los bombardeos cesaron justo antes del nacimiento de Paul. Incluso décadas después, aún quedaban huecos donde antes se alzaban casas. Debido a la falta de viviendas, se construyeron nuevas urbanizaciones en terrenos agrícolas. Una de ellas fue la urbanización Speke, donde vivían Paul y George. Todavía estaban construyendo casas nuevas cuando Paul se mudó allí”.

Fue en ese hogar, el número 20 de Forthlin Road, en que comenzó el interés de Paul por la música. La historia dice que su padre Jim, quien había tenido una banda de jazz en los años 20, le regaló una trompeta. Pero esta llegó en un momento muy peculiar. “A finales de octubre de 1956, su madre Mary murió por complicaciones relacionadas con el cáncer de mama -apunta Bedford-. Paul tenía solo 14 años. Dos semanas después de la muerte de Mary, Paul fue a ver a Lonnie Donegan en concierto, cuya nueva moda del skiffle había hecho que miles de jóvenes compraran guitarras. Paul volvió a casa y le preguntó a su padre si podía cambiar su trompeta por una guitarra. La forma en que Paul sobrellevó la pérdida de su madre fue encerrarse en su habitación con su guitarra durante semanas”.

Paul McCartney Foto: Pedro Rodríguez

De alguna forma, Paul busca conectar con esos días formativos desde su vejez. Por ejemplo, en Down South, un tema trazado por la guitarra acústica como si fuera el joven de entonces, rememora ese viaje junto a Harrison; y en Salesman Saint, habla con la perspectiva adulta sobre la resiliencia de sus padres, Jim y Mary, en un entorno difícil. “No podían soportarlo más/Pero tenían que seguir adelante”, canta en la letra.

Aunque los expertos proponen algunos matices. “Creo que lo que hay que seguir celebrando en McCartney es su firme convicción de hacerse responsable de su obra”, dice Mario León, musicólogo y académico de la UNAM en Canadá. “De todas formas, él ha vuelto muchas veces a sus raíces y me parece que esto se ha establecido con persistencia. Hay que recordar que un joven McCartney escribió Yesterday a los 22 años, ya imaginando la nostalgia que tendría como hombre maduro. En su etapa solista hay muchas referencias al pasado: canciones como Early Days, Let ’Em In, The Song We Were Singing, Vintage Clothes… la lista es larga. No es nada nuevo en su obra. Cabe recordar que en The Beatles lideró el proyecto Get Back, que era volver a las raíces, y en Wings comenzó de cero, volviendo a sus inicios nuevamente; es uno de los principales rasgos de autor en su obra”.

Desde su vereda, Bedford aquilata el momento en que llega el álbum. “Creo que Paul se ha dado cuenta de que, aunque ha escrito sobre Liverpool en muchas ocasiones a lo largo de los años, especialmente en su obra clásica Liverpool Oratorio y en el álbum Memory Almost Full, tal vez se ha percatado de su edad y de la suerte que tiene de seguir actuando a sus 80 años. Y que ahora es el momento de la verdadera nostalgia y de recordar sus años de juventud. También ha escrito sobre un viaje a dedo con George Harrison, y sobre John también, así que está realmente agradecido por esas amistades que marcaron su vida, así como por la familia que también contribuyó a convertirlo en el hombre que es hoy”.

Una clave de The Boys of Dungeon Lane es el productor musical Andrew Watt. Un músico de 35 años que además de trabajar con nombres del calado de Justin Bieber o Lady Gaga, se ha acostumbrado a tratar con leyendas; trabajó con Ozzy Osbourne, los Rolling Stones y Elton John. De todas formas, no es primera vez que Macca se hace acompañar por un productor más joven, ya lo hizo, por ejemplo, en el buen Chaos and Creation in the Backyard (2005) junto a Nigel Godrich, por sugerencia del legendario George Martin.

Esta vez fue el mánager de Paul quien deslizó la idea de reunirse con Watt, en principio solo a tomar el te y conocerse. Pero no tardaron en aparecer las guitarras y así empezaron a trabajar. La primera canción que trazaron fue As you lie there, un tema en que McCartney sorprende iniciando con un texto recitado -aunque puede deberse al desgaste de su voz- y se refiere a un interés amoroso de esos años lejanos, una chica llamada Jasmine. “Aunque solo nos vimos una vez, no puedo olvidar/ la sensación que me invadió”, canta.

Paul McCartney la-tercera

Así se inició un vínculo que sostiene el disco. De hecho, Watt figura como coautor en cinco de los 14 temas, la mayoría en la segunda parte del álbum. No solo puso al servicio de McCartney su afilada oreja para el pop, también lo desafió; cuando Macca le preguntó si podría conseguir para el disco a Chad Smith, el baterista de Red Hot Chili Peppers, este lo miró y le lanzó: ¿por qué no lo intentas tú? Así Macca, nuevamente, se sentó a la nave. Para David Bedford, su aporte fue decisivo. “Estoy realmente impresionado con lo que ha logrado. Siempre he pensado que Paul necesitaba un productor sólido que no solo lo admirara, sino que trabajara con él, lo acompañara en su camino, pero también lo impulsara y lo pusiera a prueba. Ha sacado lo mejor de Paul y merece un gran reconocimiento”.

Mario León aquilata la participación de Watt en el disco. “Esta es una decisión arriesgada, aunque parezca segura -dice-. Poner como coproductor al “Rey Midas” del mainstream parece ser lo aconsejado para acercar a un músico de 84 años a nuevas audiencias, pero, por otra parte, la reputación de Watt viene por su trabajo en el pasado, pasado reciente, pero pasado al fin. Es decir, Watt ha trabajado exitosamente con Justin Bieber, Miley Cyrus, Lady Gaga y otros, pero eso ya pasó. El interés de Paul de trabajar con quien ha tenido éxito reciente confirma que, a diferencia de lo que representaba en los 60 con The Beatles, o incluso a mediados de los 70 con Wings, Paul dista mucho de ser “la tendencia” hoy en día. Desde hace mucho que es un artista que trata de arrimarse a la tendencia imperante, y eso le quita mérito en su condición de leyenda musical, considerando su calidad de compositor extremadamente dotado”.

Por supuesto, el guiño Beatle más evidente del álbum está en Home to Us, la colaboración con Ringo Starr trabajada a partir de una pista de batería proporcionada por él. Se trata de un dueto en que desarrollan la idea de que pese al entorno precario en que crecieron, Liverpool es el terruño. “El lugar donde solíamos vivir, podrías decir que no era gran cosa, pero era nuestro hogar”, dice la letra. Desde su costado, David Bedford pone en contexto la participación del baterista: “Ringo lleva cantando sobre su vida en Liverpool desde la canción y el álbum Liverpool 8 de 2008. Esto demuestra cómo ambos reconocen la importancia de Liverpool en la formación de su identidad y de la banda en la que se convirtieron”.

Una mirada algo más crítica es la de Mario León. “Me parece que esta canción es una jugada efectista y de marketing más que una decisión artística -dice-. Quizás responde al hecho de querer volver a tocar con su amigo de juventud, pero no veo mucha profundidad en la letra. Es una descripción de imágenes de su infancia en Liverpool, diciendo que, a pesar de las precariedades, esa ciudad era su hogar, nada muy imaginativo. Llama la atención lo comprimido del sonido de esta canción; a veces no es posible diferenciar fácilmente cuándo canta Paul o cuándo lo hace Ringo”.

Como sea, el álbum ha logrado críticas positivas, aunque marcadas por el enfoque que adoptó McCartney. The Boys of Dungeon Lane parece notablemente más intencionado que gran parte de su producción del siglo XXI: si bien la publicidad previa parece más una estrategia de marketing que un reflejo de su unidad temática, aún se percibe una mayor coherencia que la de New (2013) o Egypt Station (2018)”, apunta la reseña de The Guardian sobre el álbum.

Una sensación que en general es compartida. “Creo que este álbum es uno de los mejores trabajos de Paul en muchos años -apunta David Bedford-. Sus composiciones son sólidas, potentes y nostálgicas. Se toma un tiempo para agradecer a las personas que tanto significaron para él en su vida, como sus padres, John Lennon, George Harrison y Ringo Starr, así como a la ciudad que los vio nacer: Liverpool. Hay una excelente mezcla de rock clásico, hermosas melodías y arreglos acústicos, e incluso un guiño a viejas canciones de music hall que no desentonarían en el teatro. Ha plasmado en un solo álbum la esencia de su familia y de la ciudad”.

Entre el interés por reordenar su pasado y el nuevo álbum cargado de nostalgia ¿será posible hablar de un adiós de McCartney? Responde Mario León. “Pienso que no. Creo que McCartney seguirá funcionando hasta que la salud se lo permita. Pero cabe destacar que el Paul que vemos en este disco dista mucho del Paul de las décadas pasadas. Su desgaste vocal, más que evidente, creo que ha impactado su manera de componer. La rica verticalidad histórica en la construcción de sus líneas melódicas se ha visto afectada por sus limitaciones vocales, principalmente porque, al ser un músico que no sabe escribir partituras, pareciera que siempre se valió de su amplio rango vocal para improvisar y tejer melodías entrañables en su cabeza. Al estar limitado en eso hoy, las melodías tienden a ser más planas, con menos matices y más predecibles. De todas formas, es valorable su valentía de mostrarnos su voz avejentada y honesta, fruto de 60 años dándonos parte de la mejor música que ha parido Occidente en las últimas décadas”.

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