Por Pablo Retamal N.Jorge Luis Borges a 40 años de su partida: el mito que se despojó de la élite y conquistó a los nuevos lectores
A cuatro décadas de su fallecimiento en Ginebra, la crítica y los narradores actuales desmenuzan las obsesiones, polémicas y la asombrosa lucidez de una figura que se mantiene más viva que nunca. Acá recorremos el impacto de su muerte en Chile y el mundo, la eterna sombra del Premio Nobel y cómo las nuevas generaciones de escritores y lectores continúan entrando al universo borgeano.

Con una taza de café en la mano, en el helado sábado 14 de junio de 1986 el entonces joven poeta Sergio Parra se conmovió al prender el dial de la 93.3. “Me enteré por la radio. En ese tiempo escuchábamos la Cooperativa, ahí dieron la noticia de que había muerto Jorge Luis Borges”.
Fallecido a los 86 años en su residencia de Ginebra, Suiza, donde vivía junto a su esposa, la traductora María Kodama, se despedía una leyenda de las letras americanas, amén de volúmenes como El Aleph o Ficciones. Su muerte fue un mazazo. El mundo ya lo consideraba un autor de renombre. Por ejemplo El País, de España, escribió: “Un enfisema pulmonar cegó ayer, en Ginebra, la vida del escritor argentino Jorge Luis Borges. El autor de El Aleph y El libro de arena se había mudado hacía tres días a su nuevo apartamento en esta ciudad suiza, que conoció al escritor en sus años de mocedad y que ha sido su residencia en los tres últimos meses…Conocedor de varios idiomas, de cultura enciclopédica y ciego desde hace casi dos lustros, se casó recientemente con su secretaria María Kodama. Ha muerto una figura cimera de la literatura latinoamericana”.
“Jorge Luis Borges se casó con María Kodama el pasado día 26 de abril después de que ella le sirviera de secretaria y lazarillo durante muchos años. Borges sufría de una ceguera ya prácticamente total, que le había llegado lentamente, como él decía, en la forma de un largo atardecer”, agregó el matutino español. “La agencia Efe informa desde Buenos Aires que su abogado, Osvaldo Vidaurre, ha declarado que el escritor adoptó la decisión de radicarse en Ginebra cuando supo que padecía un cáncer irreversible y tenía poco tiempo de vida. ‘Su último deseo fue morir y ser enterrado en Ginebra’, ha dicho. Desde hacía poco más de un mes nadie había visto ni podido acercarse al escritor, con lo que se presume que durante este periodo se había agravado su situación”. Y sumaba, como es habitual en estos casos, una reseña biográfica del autor.

El señero The New York Times también le dedicó una nota a la noticia. “Borges murió de cáncer de hígado, según informó en Buenos Aires el albacea de sus bienes, Osvaldo Luis Vidaurre. Aunque era casi desconocido fuera de Argentina antes de 1961, sus relatos —escrupulosos en su lenguaje y misteriosos en sus opacas paradojas— alcanzaron más tarde un modesto grupo de seguidores en los Estados Unidos, una base de lectores que creció de forma constante hasta alcanzar proporciones internacionales. Sus escritos exploraron los rincones de la psique humana, lo fantástico dentro de lo aparentemente mundano, bestiarios imaginarios y fábulas de bibliotecas oscuras y erudición arcana. Su prosa estimuló la imaginación literaria de lectores generales, académicos y críticos, y muchos lo aclamaron como el escritor latinoamericano más importante de este siglo”.
En su nota, el Times abordaba un punto que siempre se posó como una sombra incómoda en la trayectoria de Borges: el no haber recibido el Premio Nobel de Literatura. Un fenómeno comparable con lo que ocurre en la actualidad con nombres célebres como Haruki Murakami o Stephen King. “Aunque fue eternamente candidato al Premio Nobel de Literatura, este le fue denegado. Quizás era una preocupación menor para él que para los demás. Tras ganar el premio en 1982, el novelista colombiano Gabriel García Márquez dijo de Borges: ‘Espero que lo reciba, y sigo sin entender por qué no se lo han dado’. Algunos han insistido en que fue la aversión de Borges a la política, su renuencia a criticar la represión de los regímenes posperonistas —‘Supongo que son un mal necesario, durante los próximos 50 años, más o menos’, declaró— lo que le impidió convertirse en laureado con el Nobel”.

¿Qué dice el archivo al respecto? Una mirada al registro online del Premio Nobel -que hace público los registros solo 50 años después de cada galardón- indica que Borges fue candidato en 38 ocasiones, entre 1956 y 1974. En algunos años fue nominado por más de una persona. En la primera, su nombre fue puesto en la mesa por el francés René Etiemble, académico de la Universidad de Montpellier. En la última, su nombre fue candidateado por 7 profesores.
Como sea, el NYT agregaba sobre sus últimos años: “Borges llevó una vida hermética y ajena a lo mundano. Con un aspecto aparentemente frágil en sus últimos años, mientras se apoyaba en un bastón de madera con forma de vértebras, era caballeroso en sus modales y en su elocución. Con la ceguera, dependió cada vez más de asistentes para que le leyeran y para escribir lo que dictaba. Borges siempre escribió y leyó, y tal vez, al final, fue esto último lo primordial. ‘Para mí, la lectura ha sido una forma de vivir’, dijo una vez. ‘Creo que el único destino posible para mí era una vida literaria. No puedo imaginarme en un mundo sin libros. Necesito los libros. Lo significan todo para mí’”.

“La gente, el clima de Chile, le gustaba”
En Chile, en su edición del domingo 15 de junio de 1986, La Tercera publicó una crónica sobre la noticia: “Cáncer al hígado terminó con la vida de Jorge Luis Borges”, titulaba. Y sumaba una entrevista al escritor y crítico chileno Edmundo Concha, quien fue su amigo personal por 35 años. “En una de sus cartas me decía, hablándome de Chile: ‘No se imagina usted cuán grato es sentirse no tanto aplaudido como comprendido’. Eso era muy importante para él, porque pensaba que el papel de un escritor es descubrir la realidad al lector. El cariño de Chile le alegraba, como ocurre a muchos escritores argentinos, que encuentran aquí a quienes les entienden, incluso más que en su propia patria”.
“La gente, el clima de Chile, le gustaba. Sabía que había muchos lectores para su nivel. Llegó a encontrar personas que conocían de memoria sus textos. Apreciaba mucho esto, porque era de una sensibilidad elevadísima y tenía un sentido del humor muy fino”.

Por entonces, había causado polémica el matrimonio de Borges con María Kodama, en abril de 1986. Lo que impactaba era la diferencia de edad: 86 y 41. Sin embargo, Concha aseguró a La Tercera que la mujer “no fue una aparecida de los últimos meses en la vida de Borges”, y que más bien, cultivaba un lugar secundario. “Ella era la discreción femenina misma; siempre viajó con él, pero nunca figuró a su lado cuando los reflectores se encendían. Ella no iba a los actos, él lo hacía solo”.
“Las palabras de Concha están confirmadas por el propio Borges, quien en 1976, estando en Chile, se refirió a esta mujer, que fue su secretaria y a través de cuyos ojos veía el mundo : ‘Se nota que María está aquí, porque no se siente’”.
A Concha le consultaron por qué Borges no había recibido el Nobel. Contestó: “Muy simple: por razones políticas. Lo que ocurre es que las opiniones políticas las guía la pasión y a Borges sólo hay que calificarlo como escritor y objetarlo sólo si escribe mal”.

La nota de La Tercera también registra la mirada del respetado crítico Luis Sánchez Latorre (Filebo). “Tan conocida y divulgada está su obra, y es que él tenía el género del gran Escritor. Nunca obtuvo el Premio Nobel como otros genios que él admiró, como James Joyce, Marcel Proust, Robert Musil y Hermann Broch. Borges se va a distinguir en esta época por haber sido el más brillante de todos los escritores, y sin Premio Nobel su obra se va a enaltecer aún más; precisamente se le va a considerar como el caso de la Suprema Injusticia, en cuanto al reconocimiento de los valores del espíritu de nuestro tiempo”.
Consultados los escritores chilenos en ese junio de 1986, reaccionaron ante la muerte de Borges. El primero en atender a La Tercera fue Enrique Lafourcade. “Impactado y conmovido se mostró el escritor Enrique Lafourcade, quien manifestó que el fallecimiento de Borges es una ‘pérdida irreparable para la literatura mundial’, quien mereció sobradamente el Premio Nobel, al que estuvo tantas veces postulado y que nunca se le otorgó”.
Por su lado, también reaccionó Roque Esteban Scarpa. “’Como una pérdida para las letras hispanas’ calificó el escritor y Premio Nacional de Literatura de 1980, Roque Esteban Scarpa, el sorpresivo fallecimiento de Jorge Luis Borges. Agregó el miembro de la Academia Chilena de la Lengua que ‘a nosotros nos afecta muy dolorosamente, por cuanto Jorge Luis Borges era miembro honorario de nuestra entidad’. Destacó las grandes cualidades de escritor, poeta y narrador del desaparecido, indicando que había sido ‘dolorosamente sorprendido’ por la noticia. Añadió que si bien a Jorge Luis Borges no se le había concedido jamás el Premio Nobel de Literatura, no era menos cierto que había recibido todos los más grandes premios existentes en la actualidad, en mérito y reconocimiento de su destacado paso por las letras hispánicas”.

El diario La Nación también llevó la noticia en una de sus páginas. “El deceso del autor de Ficciones se produjo a las 07:45 horas locales (02:45 hora chilena) en el hospital cantonal de Ginebra, donde se encontraba internado desde hacía algunos días bajo un nombre supuesto para evitar el asedio de la prensa. La noticia de su fallecimiento fue confirmada oficialmente por el alcalde de Ginebra, Robert Vieux, quien precisó que la causa del deceso fue un paro cardiorrespiratorio provocado por un cáncer pulmonar que lo aquejaba desde hacía varios meses y que se había generalizado en el último tiempo. Al momento de su muerte, el laureado escritor se encontraba acompañado por su esposa, María Kodama, con quien había contraído matrimonio por poder en el Paraguay el pasado 26 de abril, tras una relación de más de treinta años como secretaria, lazarillo y colaboradora literaria”.
Además, La Nación consignó más reacciones, como la del escritor Arturo Aldunate Phillips, Premio Nacional de Literatura: “Es una pérdida irreparable. Borges no sólo era un genio de las letras, sino un hombre de una cultura asombrosa y una lucidez única. Tuve la fortuna de compartir con él en sus visitas a Chile y siempre me impresionó su sencillez a pesar de su inmensa sabiduría. La literatura en lengua española pierde a su máximo exponente contemporáneo. Su obra quedará como un monumento a la inteligencia humana”.

Hasta el presidente trasandino de entonces, Raúl Alfonsín se sacudió con la noticia. La nota de La Tercera lo indica. “El Presidente Raúl Alfonsín recibió conmovido la noticia del fallecimiento de Jorge Luis Borges, al ser informado en su residencia de Olivos. Así lo comunicó a EFE Mario Quiñones, de la Secretaría de Información Pública, quien agregó que el Presidente Alfonsín había hecho llegar sus condolencias inmediatamente a María Kodama, viuda del más grande escritor argentino de todos los tiempos. Raúl Alfonsín dio orden a la Cancillería argentina para que haga llegar al lugar donde se encuentra el cadáver una corona de flores con los colores azul y blanco de la bandera argentina. Para las próximas horas habrá un comunicado oficial en torno a la desaparición de Borges”.
Que Borges haya fallecido en Ginebra no era casual, la había elegido debido a su propio pasado. De alguna manera, quería completar el círculo. En una entrevista con el New York Times, de 1981, explicó por qué: “En cierto modo, soy suizo; pasé mi adolescencia en Ginebra. Fuimos a Europa en 1914. Éramos tan ignorantes que no sabíamos que ese era el año de la Primera Guerra Mundial. Nos quedamos atrapados en Ginebra. El resto de Europa estaba en guerra. De mi adolescencia ginebrina conservo todavía un muy buen amigo, el doctor Simon Ishvinski. Los suizos son gente muy reservada. Yo tenía tres amigos: Simon Ishvinski, Slatkin y Maurice Abramowicz, un poeta que ya ha muerto”.

Del jardín de senderos que se bifurcan
40 años después, la figura de Jorge Luis Borges ha resistido con solvencia el paso de los años, y los actuales escritores trasandinos lo siguen considerando un referente. Así por ejemplo lo comenta a Culto Agustina Bazterrica, la mujer que se hizo un espacio con su aplaudida novela Cadáver exquisito. “Leí por primera vez, o debo decir, estudié a Jorge Luis Borges en los talleres de escritura que dictaba mi maestra Liliana Díaz Mindurry, experta en Borges, por otra parte. Si bien las primeras lecturas fueron arduas, al analizar, y empezar a comprender su obra entendí algunas cosas: Borges llegó más lejos que ningún otro, alcanzó un nivel de maestría absoluta; la literatura es la única patria de Borges y entrar en su territorio implica una aventura interminable (no me atrevo a usar la palabra infinita) porque es imposible explorar todos los recovecos dado que un solo cuento te remite a bibliotecas enteras. Como escribió Harold Bloom la propia obra de Borges es un canon literario en sí misma por la cantidad de referencias que hay en ella. Es como querer estudiar la obra de Miguel Ángel en profundidad, no alcanza una vida para hacerlo”.
“Es un escritor de escritores porque cada uno de sus textos es una lección de lo que es ser un gran lector, y, por lo tanto, un gran escritor; es un escritor universal y un pionero que, al día de hoy, sigue revolucionando los campos de la literatura, la ciencia, la filosofía, en fin, sigue transformando el mundo de las ideas”.
Por su lado, Selva Almada, comenta: “No me considero borgeana, la verdad (ríe). Pero por supuesto lo he leído. A mí me gustan mucho esos cuentos que él tiene de malevos, de gauchos. Eso es lo que más me gusta de su obra. Obviamente, es uno de los autores más importantes de Argentina y por el cual, en su momento, la literatura argentina ha sido conocida en el mundo. Creo que, leamos o no a Borges, es una figura que siempre está orbitando sobre la literatura argentina contemporánea”.
También responde el escritor trasandino Federico Falco. “Para todo escritor argentino, Borges es una marca muy fuerte. Creo que es un escritor con un estilo sumamente propio y al mismo tiempo parece muy simple y no lo es para nada, y que es muy contagioso. Pasa mucho en los talleres o cuando sos jurado de algún concurso inmediatamente te das cuenta quién estuvo leyendo a Borges. Y no necesariamente porque aparezcan laberintos o espejos en el cuento, sino porque hay algo de la organización de la frase borgeana que es tan particular que se nota esa influencia”.
El célebre Alan Pauls es un gran admirador de Borges, de hecho, escribió un libro sobre su obra llamado El factor Borges. “Miro el mundo —no sólo la literatura— con ojos borgeanos, que, ciegos y todo, siguen siendo ojos de vidente. Borges es un clásico desde hace al menos 70 años; ése es su valor, que se actualiza cada vez que demuestra lo pertinente y lúcida que es en contextos nuevos, cada vez que alguien la usa para entender un presente que el mismo Borges no previó”.
“Borges era básicamente un escritor al que le interesaba mucho la pelea -añadió Pauls a este medio-. Le gustaba mucho usar la literatura para pelear, no siempre de manera explícita, y que le gustaba mucho la escritura que ponía algún tipo de conflicto o algún tipo de tensión entre fuerzas o elementos. Para mí, eso refuta cierta idea que había sobre él, en el sentido de que rehúye el conflicto”.

En Chile, Borges también tiene admiradores y estudiosos de su obra. El escritor Arturo Fontaine es uno de ellos. “Borges aborda temas muy serios sin tomárselos demasiado en serio. Su humor fino. Su don para construir tramas bien trabadas e ingeniosas. (Era un gran admirador del género policial). Su fraseo sencillo y preciso, las palabras que va escogiendo con un cuidado que no se nota. Su descomunal inteligencia asumida con tanta naturalidad. La elegancia de su inquieta imaginación. Creo yo que resuena en su obra un antiguo cuento de Zhuangzi que dice así: ‘Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu’. Esa conjetura tiene un aire borgeano. Como escribió Borges, ‘cada escritor crea a sus precursores’”.
La crítica literaria y académica de la UC, Lorena Amaro Castro, comenta sobre la obra borgeana. “Borges fue un posmoderno avant la lettre, y como tal, la suya es una metaliteratura, sus textos refieren a otros textos, abundan las citas (reales e inventadas), las autorías (ídem), los guiños especulares y sobre todo su peculiar visión de la literatura, en la que cada escritor ‘crea’ a sus precursores y con ello diseña ciertas series, muy warburgeanas, que rompen con los moldes de la historia literaria cronológica. Asimismo, Borges aparece en sus relatos como un Borges fantástico, irreal, con lo que fue también un precursor de toda esa literatura que hoy se dice ‘autoficcional’. Pero hay otra dimensión suya que los lectores tal vez conozcan menos, y es su relación con la tradición de la gauchesca y el pasado argentino que él filtraba desde las voces y miradas de sus antepasados, que lucharon en los conflictos del siglo XIX. En Borges encontramos el tópico cervantino de las armas y las letras, que para Borges estaban encarnadas por sus antepasados maternos y paternos, respectivamente. Hay una tensión en esa herencia, que se proyecta también en la lengua, entre el español y el inglés, que era el idioma de su abuela paterna”.
“Es preciso añadir que el ‘universo’ Borges no fue solo el de sus cuentos, sus textos más famosos, sino que también aparecen y reaparecen sus obsesiones en el ensayo y la poesía: la ceguera, los dones, el tema del traidor y el héroe que intercambian lugares, las paradojas que le enseñó su padre, las anacronías, los órdenes erráticos o queer incluso de la enciclopedia o de la biblioteca, etc”.
En su librería Metales Pesados, del barrio Bellas Artes, Sergio Parra recibe de tanto en tanto a más de un lector interesado en Borges. “Sus cuentos es lo que se sigue vendiendo, siempre. Alfaguara acaba de publicar todos los cuentos, toda la poesía y todos sus ensayos. Borges ya dejó de ser un autor de culto. En un momento, en los 80 o los 90, Borges era para gente letrada, como que estaba más en contacto con la literatura. Ahora no, fíjate”.
¿Por qué? Parra explica: “Yo creo que todas las narradoras y narradores que han salido, Mariana Enriquez o Labatut por ejemplo, conectan en unos puntos con Borges. Allí hay una invención. La literatura juega entre lo real y lo fantástico, y eso engancha muy bien con los lectores más jóvenes actuales, quienes le han dado más fuerza a Borges. Ha ido rejuveneciendo y acompañando a muchos escritores jóvenes, pero a la vez sin ser una sombra. Lo sacaron de ese lugar de élite. Ahora muchos jóvenes están leyendo a Borges”.

Para finalizar, exploramos un mapa para entrar en el universo borgeano. “Pienso que el libro fundamental, donde está todo, es Ficciones, su primer libro de cuentos -indica Lorena Amaro-. Pero yo añadiría, por cosa de gustos personales, los relatos de Historia personal de la infamia, que aparecieron publicados en prensa antes que en un libro; son anteriores a sus cuentos, y en ellos partió de historias reales que se entretenía en recrear, malversar, torcer. Y sumaría también el libro de ensayos Nuevas inquisiciones, donde está Magias parciales del Quijote, Kafka y sus precursores y Nueva refutación del tiempo, ensayos que en su momento me trastornaron, y en los que su dicción y su pensamiento aparecen en plena madurez”.
Arturo Fontaine también se juega: “Entre sus libros de cuentos diría que Ficciones, Artificios y El Aleph. En materia de ensayos, Otras inquisiciones. Luego, Nueva antología personal hecha por él mismo y en la que escoge lo esencial de su obra: cuentos, ensayos, poesía. Y, sí, su traducción de Las palmeras salvajes de William Faulkner, pese a que no era aficionado a leer novelas. Agregaría que sus entrevistas, todas, son excepcionales. Hizo de la entrevista una forma de arte. Trozos de ellas a veces son hoy reels que circulan en las redes. Borges está en Instagram o Tik Tok como pato en el agua”.
¿Y sobre su poesía? Amaro indica: “No quisiera rebajarla, pero no sé si pondría un libro suyo como ‘imprescindible’ en una biblioteca, porque muchos poetas latinoamericanos merecerían ese lugar. Aun así, por su valor en el trazado de la obra borgeana, tal vez me quedaría con sus primeros versos, Fervor de Buenos Aires, cuando su mundo estaba aún en formación y las imágenes aparecen más frescas, también más íntimas”.

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