Culto

Historias de fantasmas: el crudo y conmovedor testimonio de Siri Hustvedt sobre el adiós a Paul Auster

Recién llegado a librerías chilenas, el nuevo volumen de la autora se convierte en una bitácora de "Cancerlandia", un aullido de soledad y un homenaje definitivo que incluye las últimas palabras escritas por el novelista.

07 Noviembre 2022 Entrevista a Siri Husvedt, escritora Estadounidense. Foto: Andres Perez Andres Perez

I

Paul Auster quería morir en su biblioteca. Cuando ya quedó claro que no había nada que hacer y que el cáncer de pulmón le arrebataría la vida, el autor de La trilogía de Nueva York comenzó a prepararse para el viaje final. “’Quiero morir en la biblioteca. Me imagino instalando una cama de hospital aquí’, me dijo mucho antes de que llegara la cama de hospital y mucho antes de que supiéramos que el cáncer había vuelto. Sabía que quería morir en esa habitación tan luminosa. Conforme se acercaba la muerte, la luz se volvió cada vez más importante para él”. Quien lo cuenta es su esposa, la también escritora Siri Hustvedt, quien comenzó a vivir su proceso de duelo de la forma más evidente para alguien que se dedica a la literatura. Un libro.

“Justo después de que Paul murió, supe que tenía que escribir sobre él -dijo Hustvedt en entrevista con este medio-. Así que empecé un libro, Historias de fantasmas, que fue mi tabla de salvación. Lo terminé nueve meses después de empezar. Creo que esto testimonia cómo el trabajo creativo puede ayudar en el duelo. El libro fue, en parte, un intento de resurrección. Obviamente, no resucitas a nadie escribiendo, pero quería traer algo del hombre de vuelta a la página, no solo para mí, sino para los demás. Tras terminarlo, extrañé el proceso”.

Historias de fantasmas (Seix Barral) ya se encuentra en las librerías chilenas. Se trata de una crónica, un diario, un testimonio, y todo al mismo tiempo. Todo con una pluma delicada y conmovedora, alejándose de la escritora más bien intelectual y profundamente literaria que hemos leído habitualmente. Acá, Siri Hustvedt relata sin rodeos cómo fueron los últimos tiempos de Paul Auster, desde que se le detectó el tumor en septiembre del 2022, hasta su muerte, el 30 de abril de 2024. Relata las caóticas visitas a urgencias, la pérdida de cabello, la reducción y posterior metástasis de su tumor, la devastadora inmunoterapia, las sillas de ruedas, la incapacidad para escribir. En ese período, y a duras penas, Auster publicó su última novela, la aplaudida Baumgartner (2023).

Pero en ese tiempo recibió al menos una buena noticia. El 1 de enero de 2024, su hija Sophie Auster dio a luz a un niño, Miles. El nieto del binomio Auster-Hustvedt. Fue justamente a su nieto a quien Auster comenzó a escribirle una serie de cartas, a modo de despedida, pero también hablándole de la familia que lo recibió. Esas cartas también forman parte del volumen, por lo que la voz del mismo Auster está presente en el volumen. Como un fantasma.

Es que Auster efectivamente quería ser un fantasma. “El 27 de abril Paul dijo que quería volver como fantasma -anota Hustvedt-. Estoy contando historias de fantasmas. Las cartas que él escribió también son fantasmas…quiere volver para ver cómo estoy, qué estoy escribiendo.”

“Tenía la idea de integrar las cartas y sentía el arco del libro -dijo Hustvedt a este medio-. No quería que fuera excesivamente largo. Estuvimos juntos 43 años, podría haber escrito miles de páginas, pero mi objetivo era capturar su enfermedad, su muerte y mi duelo matizados con recuerdos del matrimonio, de nuestra larga historia de amor y amistad. Mientras trabajaba, pude sentir cómo el libro encontraba su propia forma.

Siri Hustvedt. Foto: Andrés Pérez, La Tercera.

II

Un punto de inflexión se dio el 30 de mayo de 2023. Ese día, Auster tenía control con el cirujano que al día siguiente le extirparía el tumor del pulmón. Hasta entonces, el escritor se mantenía con una quimioterapia que había logrado disminuir el tamaño del bulto, pero que había dejado también una secuela de efectos secundarios. Esa intervención era el paso adelante que anhelaban él y Hustvedt. Pero las noticias no fueron las mejores.

“El 30 de mayo de 2023, el día antes de la operación quirúrgica en la que debían extirparle uno o quizá dos lóbulos del pulmón derecho, el cirujano, el doctor I., un hombre al que Paul y yo habíamos llegado a respetar y apreciar, nos informó de que la intervención no era posible. Estábamos sentados frente a él en su despacho del Koch Center del Memorial Sloan Kettering, en la calle Setenta y cuatro Este, junto al East River. La luz que entraba por la ventana era difusa pero intensa. La recuerdo. Noté que me ponía rígida, y Paul y yo nos miramos. No recuerdo si sucedió justo después de que el doctor I. nos diera la noticia o cuando ya había salido de la habitación y Paul y yo nos quedamos solos, pero se nos llenaron los ojos de lágrimas al mismo tiempo. Aunque ninguna llegó a caer, las lágrimas que vi en los ojos de Paul y noté en los míos se me han quedado grabadas en la memoria. Era como si me mirara en un espejo”.

“Fue la única vez durante toda la dura prueba de su enfermedad que vi los ojos de Paul arrasados de lágrimas. A mí me cayeron las lágrimas unas cuantas veces, pero solo lloré una. Fue después de que él regresara a casa tras una larga hospitalización el 20 de diciembre de 2023, justo antes de Navidad. Nada más despertarme me puse a llorar; paraba, pero me derrumbaba de nuevo y volvía a llorar. Estuve así todo el día. El pobre Paul me oía y decía: ‘Oh, Siri, Siri, no llores, no llores’. Aún puedo oír su voz, que llegaba dulce y resonante de la biblioteca. Tras su muerte, oí esa bonita voz incorpórea por la radio y fue como si me clavaran un cuchillo en el esternón. Apagué el aparato”.

Ese día Hustvedt le mandó un correo a un grupo de amigos comentándole sobre la decisión médica. Ese y otros e-mails forman parte del volumen, y permiten seguir el trazado de “Cancerlandia” como le llamó la autora de Los ojos vendados a aquel lugar tenebroso en el que se encontraban habitando. “Esperábamos que operaran a Paul mañana, 31 de mayo, pero el cirujano, el doctor I., nos ha sorprendido hoy con la noticia de que Paul no ha superado una prueba respiratoria. La prueba mide la difusión, es decir, cómo el oxígeno y el dióxido de carbono se transfieren entre los pulmones y la sangre. A pesar de que en enero las pruebas indicaban que la difusión estaba bien y que podía operarse, ahora ya no es posible. Tiene los pulmones inflamados. Aunque el doctor I. dejó caer que la quimioterapia podría haberle dañado los pulmones, desde entonces he leído que los fármacos a base de platino pueden tener tales efectos. Durante todo el tratamiento de Paul he tenido presente al general estadounidense que durante la guerra de Vietnam dijo: ’Tuvimos que destruir el pueblo para salvarlo’”.

Paul Auster AP la-tercera

III

“Querido Miles”, empieza la carta que Paul Auster escribió en marzo de 2024, ya teniendo muy claro que el fin se aproximaba. Muy debilitado por la quimioterapia, y optando por cuidados paliativos, decidió ocupar las energías que le quedaban en escribirle a ese nieto que nunca vería crecer.

“Mientras escribo estas palabras en una tarde lluviosa de finales de invierno, tú llevas sesenta y cuatro días en esta tierra. En el gran y bullicioso mundo que se extiende más allá de tu cuarto, los Mets están en Florida preparándose para la próxima temporada, los políticos carraspean preparándose para las elecciones presidenciales de otoño y la bolsa ha estado en auge, con cifras récord semana tras semana. Al mismo tiempo, se libran guerras terribles y feroces en Ucrania y Gaza, sin un final a la vista, y en ambos lugares aumenta el número de muertos”.

“Afortunadamente, eres demasiado pequeño para saber algo de esto, tú, que ya has empezado a sonreír y a participar en conversaciones de dos, tal vez no con palabras pero sí con gritos y gruñidos elocuentes que acompañas de patadas y movimientos de brazos. Así que no confío en que leas pronto esta carta ni ninguna de las que espero escribirte en los próximos meses, si es que vivo tanto, pues el padre de tu madre ha estado gravemente enfermo el último año y medio”. Y cierra la carta diciéndole “Tu Papa” (sin tilde).

¿Por qué? Porque es la manera que escogió Auster con la que quería que su nieto lo denominara. Siri Hustvedt optó por el noruego Mormor. “Mormor significa ‘madre-madre’ en noruego, que es la primera lengua que tu abuela aprendió a hablar, pues, aunque creció en Northfield, Minnesota (menos los tres años de su niñez y adolescencia que pasó en Noruega, a los cuatro, a los doce y a los diecisiete), se crio en una familia completamente noruega”.

07 Noviembre 2022 Entrevista a Siri Husvedt, escritora Estadounidense. Foto: Andres Perez Andres Perez

IV

Historias de fantasmas ha tenido una aplaudida recepción en el mundo. Por ejemplo, The Guardian señala: “A pesar de toda la pérdida y la soledad que describe, lo que contrarresta la melancolía omnipresente de Historias de fantasmas —lo que le da vida— es su ira incandescente. El declive de Auster refleja el de Estados Unidos; Hustvedt afirma que se negó a llamar a Donald Trump por su nombre, refiriéndose a él simplemente como ‘45’… Hustvedt dice que Auster quería morir contando un chiste. Es consciente del humor absurdo que se encuentra en el cáncer en fase avanzada: el hecho de que su esposo enfermo se mantenga con vida gracias a un fármaco de inmunoterapia parcialmente elaborado con células ováricas de hámsteres chinos. Es capaz de reírse de sí misma cuando se enfadaba con él por tener un método diferente para organizar los libros en su biblioteca compartida: ‘¿Dónde está Gertrude Stein, por Dios?’, le gritaba’. En un momento dado, distraída tras su muerte, se mete en una bañera medio llena solo para descubrir que se ha olvidado de quitarse los calcetines”.

“La sincera historia de amor de una viuda”, titula el Kirkus Review, sitio especializado en literatura. “Mientras navega por la viudez, reflexionando sobre un matrimonio de 43 años con un hombre al que adoraba, se da cuenta de que ‘no puede meterse en la caja etiquetada como PAUL y vivir allí’. Sus memorias, entonces, son su intento de ‘buscar a mi compañero perdido escribiendo sobre él’ y rendir homenaje a su vida juntos… Además de relatar su enfermedad final, Hustvedt crea un retrato palpable de Auster como amante y esposo, padre y abuelo, a través de sus propios escritos, incluyendo siete cartas a su nieto pequeño, Miles, para que las leyera “el joven del futuro”…Auster podía ser terco y poco diplomático, admite Hustvedt, pero también amable y sentimental. Su vínculo era físico, emocional y profundamente intelectual. Le dijo a Hustvedt que quería regresar como un fantasma; ella honra ese deseo en estas memorias íntimas”.

El señero The New York Times indica: “Hustvedt escribe de forma tan íntima sobre su compañerismo físico e intelectual que te hace sentir, de un modo que no todos los memorialistas logran, las dimensiones del cráter que dejó tras de sí. Acumula detalles que aportan textura a la historia: sus tendencias luditas (sin teléfono móvil, ordenador portátil ni correo electrónico, y hasta el final grababa películas y programas en un DVR), la ansiedad que le hacía presentarse horas antes a los vuelos, sus saltos de la mesa a la hora de cenar para leer fragmentos favoritos de prosa, los miles de puros que nunca se arrepintió de fumar, aunque más tarde recurriera a un vapeador…es un libro crudo y resonante sobre la soledad, la desesperación y la confusión. Es algo cercano a un aullido. Es como si Hustvedt estuviera sola en una isla peatonal mientras los coches pasan rugiendo”.

07 Noviembre 2022 Entrevista a Siri Husvedt, escritora Estadounidense. Foto: Andres Perez Andres Perez

V

En sus días finales, Paul Auster recibió dos visitas: Salman Rushdie, el 28 de abril, y Don DeLillo, el 29. Fueron las últimas personas que lo vieron con vida, pues a las 06.58 del 30 de abril, el autor de Leviatán falleció. “Le he cogido la cara. Le he dicho: ‘Dios nos hemos divertido, ¿verdad?’. Es lo que me ha venido a la cabeza, la diversión. Parecía tan importante. Ha habido sufrimiento, pero también mucha diversión. Quería estar lo más cerca posible de su cuerpo antes de que muriera, de su cuerpo que respiraba, de su pecho que subía y bajaba, sentir su piel caliente. Le he mirado los pelos finos de la barba, grises con un toque negro, y esos ojos enormes. Ojos embrujados. Lo he besado una y otra vez, luego me he apartado para que Sophie se sentara donde yo estaba y pudiera abrazarlo, acariciarlo y besarlo también. Le he apretado las piernas y los brazos, tan flacos, flacos a causa del cáncer, los brazos y las piernas consumidos por la enfermedad, y le he acariciado la cara muerta, aún hermosa”.

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