Por Pablo Retamal N.Bonnie Tyler: el retrato de una voz herida que encontró la inmortalidad tras desoír a su médico
Más allá de los mil millones de reproducciones de Total Eclipse of the Heart, uno de los grandes hits de todos los tiempos, la recién fallecida Bonnie Tyler encarna la historia de una mujer que transformó la imperfección en su mayor fortaleza y la teatralidad de los 80 en su propio templo.

“Sonaba tan sensual pero a la vez tan desgarradora”, opinó el productor Jim Steinman. En 1983, el estadounidense buscaba una voz para que grabara una nueva composición, que tenía aroma a clásico. En un principio, se la había ofrecido al cantante Meat Loaf, junto con otra canción que había escrito: Making Love Out Of Nothing At All. La idea era que Meat Loaf las grabara para su álbum de 1983, Midnight At The Lost And Found.
Pero como consta en el sitio especializado Songfacts, la compañía discográfica de Meat quería que este escribiera sus propias canciones para el álbum, así que decidieron rechazar ambas composiciones. Fue un chasco similar a Decca diciéndole que no a los Beatles en 1962, pues Stenman le pasó Making Love Out Of Nothing At All al dúo de soft rock Air Supply, que la transformó en un hit.
Pero aún le faltaba Total Eclipse of the Heart. Entonces, al escuchar a la galesa Bonnie Tyler supo que la había encontrado. “Parecía heroico que pudiera cantar”, comentó en el programa Smash de ITV. Y así nació un hit.
Tyler representó como pocas el espíritu exagerado y dramático de los años 80: melena vaporosa, presencia escénica poderosa y una voz rasgada que parecía salida de un bar de rockeros curtidos, pero cantada por una mujer. Nacida como Gaynor Hopkins el 8 de junio de 1951 en Skewen, al sur de Gales, Tyler comenzó cantando en clubes y concursos locales antes de adoptar el nombre artístico con el que conquistaría el mundo.

Hija de un minero del carbón y una amante de la ópera en una familia humilde de seis hermanos, Gaynor creció rodeada de música en una casa de protección oficial. Dejó los estudios pronto, cantó en bares y clubes de Gales con su banda Imagination y, tras casarse en 1973 con Robert Sullivan (su pareja de toda la vida), dio el salto a Londres. Firmó con RCA y adoptó el nombre Bonnie Tyler.
Tyler debutó en 1976 con el álbum, y que incluía el single Lost in France, que tuvo un éxito moderado, pero sería el preludio de lo que le ocurriría después: Tyler debió someterse a una operación para extirpar nódulos en las cuerdas vocales. Durante la recuperación no respetó completamente el reposo indicado por los médicos, lo que alteró permanentemente el timbre de su voz. Lo que pudo haber significado el final de una carrera terminó convirtiéndose en su mayor fortaleza. Esa aspereza le dio una intensidad dramática propia, la distinguió de inmediato en un panorama dominado por voces más pulidas y convencionales.
Así lo recordaba ella misma en charla con The Guardian, en 2009: “Tuve mi primer éxito discográfico en 1976, y de repente, me salieron unos nódulos en las cuerdas vocales. Pensé que mi carrera había terminado. Crecieron bastante, así que me tuvieron que operar para extirparlos. Se supone que no debes hablar durante seis semanas después de la operación, pero me resultó muy difícil porque soy bastante habladora. Intenté no hablar, pero cuando no puedes hablar, no puedes salir. Después de tener un éxito, si sales y no hablas con nadie, la gente va a pensar: ‘¡Dios mío, ¿quién se cree que es?!’. Habrían pensado que era muy engreída. Un día grité de frustración, volví al especialista y me dijo que me había dañado la voz y que tardaría seis meses en recuperarme. ¡Cualquier cantante que haya perdido la voz debería hacerle caso al médico y guardar silencio! Después de recuperarte, debes practicar todo lo que puedas. Cantar usa los músculos, así que tienes que entrenar todos los días. Fue un gran inconveniente".

Con esa nueva voz, llegó su primer gran éxito llegó en 1977 con It’s a Heartache, que arrasó en Europa y alcanzó el número uno en España durante la Transición, parte de su segundo álbum de estudio, Natural Force (1978).
“Después de recuperar mi voz, fui al estudio por primera vez y empecé a cantar. La banda exclamó: ‘¡Guau, tu voz suena genial!’ -recordó Tyler a The Guardian-. Mi voz era más ronca que antes y tenía más carácter. Resultó que perder la voz no fue tan malo para mí: conseguí mi primer éxito en Estados Unidos con mi nueva voz ronca en It’s a Heartache. Otras tres chicas habían grabado la canción antes que yo y no tuvo éxito en Estados Unidos, así que quizás mi voz ronca era justo lo que esa canción, y mi carrera, necesitaban".
A esa canción le siguieron temas como Here Am I y su carrera entró en una meseta de la cual no despegaba, pues su tercer disco Diamond Cut (1979) tuvo una tibia recepción. Y en eso estaba cuando en los 80 el productor Jim Steinman, artífice de los éxitos de Meat Loaf, la catapultó a la fama mundial.

Oscuridad emocional
Pero en 1983, llegó Total Eclipse of the Heart. su gran hit, el que le dio el pasaje a la inmortalidad. Fue su Imperio Romano, la escalera al cielo, el quedar en la conversación de todo el mundo. “El impacto fue a nivel mundial, se trata de una de las power ballads fundamentales del rock, con una atmósfera y dramatismo inconfundible -opina a Culto la periodista especializada en música popular, Bárbara Alcántara-. Total eclipse of the heart, tiene más sentimiento que cualquier balada del rock haya tenido y además masificó dentro del género y la década el aria gótica. Eso por su teatralidad y el hecho de que escale progresivamente. Dicho impacto, llevado a Chile, podría medirse por la cantidad de veces que se tocó en fiestas ochenteras, probablemente es el lento más bailado de la época, un infaltable".
Por su lado, la periodista especializada en espectáculos, Carolina Gutiérrez, señala: “Creo que la canción fue tan exitosa porque tiene todo lo que necesita una gran canción para transformarse en himno: una melodía dramática, una producción enorme, casi cinematográfica, y una interpretación muy intensa de Bonnie Tyler. Pero además habla de algo muy universal: el amor, la pérdida, esa sensación de oscuridad emocional que todos podemos reconocer. Y en los años 80, con el impacto del videoclip y la era de MTV, terminó convirtiéndose en una canción inolvidable, de esas que siguen emocionando aunque pasen las décadas y también creo que fue el gran éxito que la mantenía vigente hasta ahora…(ella estaba girando con show de grandes éxitos antes de sus complicaciones de salud). Las estrellas de los 80 hicieron dobletes, sus canciones estaban en la banda sonora de películas, en la tele, en la radio, en sus shows".
El videoclip, dirigido por Russell Mulcahy, también se transformó en un ícono de la naciente era de MTV. Con una estética surrealista, internados, figuras espectrales y una narrativa deliberadamente enigmática, contribuyó a convertir la canción en una experiencia visual tan memorable como musical. Décadas después, la pieza sigue reapareciendo en películas, series y redes sociales, además de experimentar un curioso renacimiento cada vez que ocurre un eclipse solar, momento en que millones de personas vuelven a reproducirla como una tradición casi obligatoria.
Tras ese éxito llegaron otros himnos como Holding Out for a Hero, incluida en la banda sonora de Footloose, que consolidó la imagen de Tyler como la gran voz del pop-rock épico. Su período de mayor popularidad fue relativamente breve, concentrado entre finales de los setenta y mediados de los ochenta, pero bastó para asegurarle un lugar permanente en la historia de la música popular.

Los años después del Eclipse
A diferencia de otras figuras de su generación, Tyler nunca desapareció del todo. Aunque dejó de dominar las listas de éxitos, mantuvo una intensa actividad en Europa, especialmente en Alemania, Francia, Portugal y España, donde siguió llenando teatros y festivales. En 2013 representó al Reino Unido en el Festival de Eurovisión con Believe in Me, demostrando que seguía siendo una figura respetada por el público europeo. Su último álbum de estudio, The Best Is Yet to Come, apareció en 2021, reflejando su decisión de mantenerse activa incluso cuando el éxito comercial ya pertenecía al pasado.
Pero el peso de su hit eterno siempre estuvo. Incluso en junio de este 2026 : Total Eclipse of the Heart superó las mil millones de reproducciones en Spotify, lo cual la hozo conectar con las nuevas generaciones. Fue una de las últimas apariciones públicas de Tyler, agradeciendo tamaño éxito en la era de los Likes y el streaming.
“Estoy muy feliz, cuando lo piensas, solo hay 8.300 millones de personas en el mundo. Es un éxito atemporal: ¿cuántas veces la escuchas en anuncios o en películas? La gente simplemente la adora”. Es que a diferencia de otros artistas que terminan renegando de sus propios hits, por el cansancio de volver a cantarla una y otra vez, a Tyler el tema nunca la saturó, así lo comentó a The Guardian.
“La primera vez que la escuché, no podía creer que me la hubieran dado para grabarla. Lloré de emoción y me sentí muy feliz de tener esa canción. Ahora, cuando subo al escenario y canto Total Eclipse, todo el mundo canta conmigo. Mucha gente dice que se enamoró de ella y que significa muchísimo para ellos. Es un himno, una sensación maravillosa; nunca me canso de cantarla".

Los últimos meses de su vida estuvieron marcados por un delicado estado de salud. En mayo de 2026 fue sometida a una cirugía intestinal de urgencia en Portugal y permaneció varios días en coma inducido. Aunque logró despertar, su condición continuó siendo crítica y debió cancelar todos sus compromisos artísticos. Finalmente falleció el 8 de julio, a los 75 años, en un hospital portugués, según confirmó su familia.
“Justo estoy en Londres, todos los noticieros esta mañana hablaron de la noticia y algunos con titulares como ‘se apagó el eclipse’”; comenta Carolina Gutiérrez. Es que Bonnie Tyler definitivamente era una figura muy recordable y reconocible: “Yo creo que Bonnie Tyler fue una voz tan recordada porque era absolutamente reconocible -añade la periodista de TVN-. Bastaba escuchar una frase para saber que era ella. Tenía esa voz rasgada, intensa, casi herida, pero al mismo tiempo muy poderosa. Y eso la hizo distinta. No era una voz perfecta en el sentido clásico, era una voz con carácter, con emoción, con historia. Y creo que eso es lo que finalmente queda: los artistas que no se parecen a nadie. Y Bonnie pertenece a esa liga ( como también podría serlo Rod Stewart)”.
“Su voz es tan recordada porque son pocas las cantantes que tienen la capacidad de transmitir ese desgarro e intensidad -comenta Bárbara Alcántara-. Gracias al accidente que tuvo en las cuerdas vocales, Tyler se transformó en la reina de la voz rasposa, proyectando poder y vulnerabilidad a la vez. Un sello que la hizo inconfundible”.
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