Edwards y el Año de la productividad: "mucho ruido y poquísimas nueces"
<P>Sebastián Edwards habla claro. Afirma que si bien el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, ha logrado estabilizar las expectativas, no ha podido pasarlas de negativas a positivas. Básicamente, porque este gobierno sigue dando tumbos, indica. </P>
¿En qué momento se 'chingó' Chile?, es la pregunta que el economista Sebastián Edwards anticipa como parte de los cuestionamientos que vendrán cuando se analice por qué el país no logró dar el salto al desarrollo.
Al plantearle esta entrevista para analizar las últimas señales que ha dado el gobierno en materia económica, de inmediato concentró su atención en los últimos anuncios que se han hecho acerca de cómo mejorar la productividad del país.
Tanto las 22 medidas del gobierno como las 21 recomendaciones que entregó la comisión que encabeza el economista Joseph Ramos a la Presidenta, Michelle Bachelet, lo dejaron con gusto a poco, toda vez que "son mucho ruido y pocas nueces".
En un mes más se cumplirá un año desde que la Presidenta Michelle Bachelet "sacó a los adolescentes del gabinete" -como lo ha afirmado usted- , ¿se ha notado este cambio?
El nuevo gabinete ha hecho una buena labor. No excelente, pero sí buena. Ha habido mayor estabilidad y una dirección más clara que antes. El ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, en particular, ha encauzado la discusión, ha establecido cotas y ha evitado el desborde que se cernía sobre el país. El énfasis que ha puesto sobre el crecimiento es adecuado. Pero, aun así, a este gobierno le falta tener una visión más clara y moderna del país. Seguimos dando tumbos. Eso queda claro con una reforma laboral muy mala, muy siglo XX, muy trasnochada, una reforma que no deja contento a nadie.
¿Por qué es muy mala? ¿Hay un error de diagnóstico?
Claro, es una reforma que mira para atrás, que parte de la base que estamos en el mundo del siglo XX, que no entiende que en el mundo moderno no hay 'labores habituales', que el futuro es de las empresas flexibles. Todos los trabajadores, acompañados de robots y máquinas inteligentes, van a hacer todos los trabajos. Eso es lo que hace la juventud. Un ejemplo: hoy en día, en una película independiente todos hacen todo: crowdfunding, guiones, cámara, iluminación, banqueteo, choferes, actores, distribuidores, acomodadores.
Ya el gobierno lleva dos años, ¿no se ha notado esa necesidad, que usted ha comentado, de que logre enmendar el rumbo?
Más que enmendar rumbo ha habido un ordenamiento. Hay una mayor claridad de lo que se pretende. Por ejemplo, ahora sabemos que no se cambiará la Constitución en este cuatrienio. También sabemos o intuimos que la Presidenta no quiere usar una retroexcavadora, el anuncio sobre enfatizar la inversión en infraestructura es positivo.
El ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, indicó que "el crecimiento de la economía ha sido bastante decepcionante en los últimos años y también en los últimos meses". ¿No es responsabilidad del propio ministro velar por una mayor expansión de la actividad? ¿Cuál es su evaluación de la gestión?
La caída del crecimiento debiera ser causa de preocupación para todos los chilenos, incluso para la Presidenta. Lo más progresista y lo más efectivo para mejorar las condiciones sociales es lograr un crecimiento alto y sostenido, y en eso andamos mal. Cuando la economía crece, los salarios crecen, y el empleo es abundante. La pregunta es por qué estamos creciendo tan poco. Y la respuesta es que se debe a dos factores: la caída del precio de los commodities y la incertidumbre que ha introducido el gobierno, incertidumbre que ha provocado una caída de la inversión neta. Esto último tiene que ver con lo que Keynes llamó los 'espíritus animales' de los inversionistas. Las empresas invierten cuando se entusiasman, cuando ven estabilidad y avances en la demanda en el futuro. Si hay incertidumbre esperan y retrasan su inversión; la posponen. Esto siempre ha sido así; lo sabe cualquier estudiante primerizo de economía. El ministro Valdés ha logrado que las expectativas se estabilicen, que no sigan cayendo, pero no ha podido lograr que se remonten, que pasemos del pesimismo al optimismo. Y eso es un problema.
Y ¿cuál es la contribución de cada uno de esos factores, los externos y los internos? El gobierno asegura que la desaceleración es consecuencia principalmente de la caída del precio de las exportaciones.
El efecto commodities es mucho menor de lo que las autoridades dicen o insinúan. La caída del precio del cobre nos ha perjudicado, eso es cierto, pero el menor precio del petróleo nos ha beneficiado enormemente. Al final, lo importante es qué pasa con los términos de intercambio, o razón entre precios de exportaciones y precios de importaciones. Y los términos de intercambio han caído entre un 4% y un 7%, lo que no es demasiado. La cosa es así: las deterioradas condiciones externas explican, aproximadamente, 0,7 puntos porcentuales del menor crecimiento. La incertidumbre y las condiciones internas son responsables por 2,3 puntos porcentuales. Vale decir, los factores domésticos tienen tres veces mayor peso que los externos. Esta es una desaceleración económica hecha en casa.
Hoy, pero mirando el futuro, ¿cuál es el mayor problema que enfrenta la economía chilena? ¿La desconfianza? ¿La productividad? ¿El precio del cobre?
Al hacer este análisis, es importante distinguir entre factores de corto y largo plazo, por un lado, y externos y domésticos, por otro. En lo externo, el precio del cobre va a tender a estabilizarse a niveles similares a los actuales, y el petróleo en torno a los US$ 50 el barril. Esa es una realidad externa y tenemos que vivir con ella. En lo interno, la confianza es clave para determinar qué va a pasar en los próximos dos años. El que el índice de confianza empresarial esté al nivel del 2009, en medio de la crisis global, es un indicio de que las cosas no andan bien en ese ámbito. Y, claro, la productividad es el cuello de botella para los próximos 10 años. Si no hay mejoras, seguiremos marcando el paso. Trágicamente nos transformaremos en el país que pudo haber pasado al mundo desarrollado, pero que no lo hizo. Es posible que en 20 años la gente se pregunte ¿en qué momento se 'chingó' Chile?
El economista Kenneth Rogoff afirma que el gran problema de las economías avanzadas viene por el lado de la oferta, pues no se están implementando reformas estructurales que permitan impulsar el crecimiento. En este sentido, ¿qué medidas debiera tomar hoy el ministro de Hacienda?
El tema es simple: en el corto plazo lo que importa es la demanda agregada, y dentro de ella el componente más sensible es la inversión, la que como dije está determinada por los 'espíritus animales' y las expectativas. En el largo plazo, lo esencial es expandir la oferta agregada. Ahí lo más importante es la productividad. Los años dorados de la economía chilena -de 1987 a 1997- se caracterizaron por un aumento rápido de productividad. Pero desde entonces, ha estado virtualmente estancada. Los últimos gobiernos han hablado mucho de productividad, pero han hecho poco. No hemos visto ni siquiera lo más básico: un verdadero programa de simplificación de trámites y procedimientos. Hoy día hay una enorme duplicación y demoras inadmisibles. Notarios, papeleos, timbres, firmas, declaraciones juradas, nuevas firmas, ministros de fe y más notarios. Por ejemplo, enviar una caja de libros a Chile es una pesadilla. Me consta.
¿Declarar, entonces, el 2016 como el año de la productividad va en la línea correcta o cree que sólo terminará siendo un discurso efectista?
¿Las 22 medidas que entregó el gobierno y las 21 recomendaciones de la Comisión de Productividad lograrán mejorar la productividad?
La Comisión de Productividad está presidida por uno de los mejores economistas latinoamericanos, Joseph Ramos, y algunas de las medidas propuestas son buenas, al menos en el papel. Pero el ejercicio tiene un tinte surrealista y paradójico, que refleja nuestros problemas con la productividad. El sitio web de la comisión es oscuro y complejo, de difícil navegación; no hay claridad sobre dónde encontrar los documentos importantes, incluyendo las 21 medidas. Está diseñado para retrasar la productividad. La sección de 'informes técnicos' está vacía, no tiene nada, ni un solo raquítico informe; igual con la de 'documentos de trabajo'. Pero la de 'actas' de la comisión está al día, con las actas debidamente firmadas por los consejeros; en tinta negra o azul, como establece el reglamento. No sé si los miembros de la comisión se dan cuenta de lo cómico de este cuadro.
¿Habrá alguna medida, de estas 22 y de las 21 presentadas, que sirvan para mejorar la productividad?
La Comisión de Productividad tiene ideas buenas, pero no veo que haya ninguna voluntad política para implementarlas. Es una charada. Muchas de las ideas están rondando desde hace décadas, y varias fueron impulsadas por ministros influyentes, pero no se llevaron a cabo. Ese fue el caso de la reforma de notarios y conservadora. Cuando Andrés Velasco era todopoderoso trató de que se modernizara el sector, pero no logró nada. Las sugerencias de la comisión sobre aprovechar la tecnología está contravenida por la oposición del gobierno al Uber, el teletrabajo está en contradicción con la reforma laboral recién pasada. Y así, suma y sigue. Todo bien triste.
¿Y las 22 medidas que anunció el ministro de Hacienda?
Son medidas buenas, y que podrían ayudar en los márgenes. Muchas son de sentido común, y otras estaban dando vueltas desde hace años. Pero en casi ninguna hay un plazo, un cronograma, algo que nos diga cuándo se van a hacer esas cosas, y que nos permita llamarle la atención al ministro cuando nada se lleve a cabo. Tampoco hay ideas muy creativas. Vale decir, poco para el bombo.
Si de servir alguna de estas medidas, ¿cuánto tiempo se demoran en influir en un mayor crecimiento?
No hay un resorte mágico e inmediato entre las 22 del gobierno ni entre las 21 de la comisión. Habiendo dicho eso, el que se esté hablando del tema de la productividad y del crecimiento es una mejora. Pequeña, pero mejora al fin y al cabo. Ojalá la Presidenta introdujera el tema del crecimiento como el eje central de sus discursos. Por ejemplo, sería maravilloso si el discurso del 21 de mayo llevara como título 'En busca del crecimiento perdido'.
Los empresarios también preparan una batería de propuestas para mejorar la productividad. ¿Cuál es su recomendación de cómo tomar este tema para que tenga un real efecto en la economía?
Lo esencial es reconocer que el mundo está cambiando a pasos agigantados. Los autos sin chofer ya son una realidad, los computadores casi piensan; le ganan al ajedrez y a los mejores humanos. En los próximos 84 meses la mitad de los chilenos van a perder su empleo, y van a ser reemplazados por máquinas. Ese es el desafío que nadie, repito, nadie quiere enfrentar en Chile: ni los políticos, ni los empresarios, ni los líderes de opinión. Pensar en cómo vamos a enfrentar ese cambio teutónico es el primer ítem de cualquier agenda con visión. Eso y terminar con tanto trámite inútil.
¿Este tipo de trabas explicaría la baja que se ha registrado en el PIB tendencial, que de un 4,8% se está acercando rápidamente al 3%?
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