Sepa por qué tiene que tomarse en serio el sueño
<P>La mayoría de las veces lo relacionamos con el placer, pero dormir ofrece tantos beneficios, que debería ser una de las actividades más serias de nuestra vida. </P>
TODO, desde la forma en que criamos a los niños hasta las decisiones que tomamos diariamente, pasando por nuestro desempeño social y cognitivo, está mediado por la calidad de las horas que pasamos junto a la almohada. Así de tajante es el periodista David K. Randall en su libro Dreamland: Aventuras en la extraña ciencia del sueño, donde no duda en tratar al sueño como la actividad más importante de nuestra vida.
Si cree que es una exageración, simplemente considere lo siguiente: después de 24 horas sin dormir, la presión arterial de una persona comienza a aumentar. No mucho después, su metabolismo se desordena y surgen las inexplicables ganas de consumir carbohidratos. La temperatura corporal disminuye y el sistema inmune se debilita. Si esto se extiende por otras 24 horas, hay grandes posibilidades de que una persona comience a alucinar y de que experimente visiones irreales o crea escuchar sonidos que no existen. Más aún, perdería rápidamente su habilidad para tomar decisiones simples o recordar hechos obvios.
Es difícil ponerles un número a todas las malas decisiones que resultan de las horas de sueño perdidas, pero algunos estudios han tratado de hacerlo en diferentes ámbitos. En 1996, la fatiga de los soldados estadounidenses fue la culpable de 32 accidentes, algunos de ellos responsables de la destrucción de tres F14, a un costo de 38 millones de dólares cada uno.
En 1999, Yvonne Harrison y James Horne, dos profesores de la Universidad Loughborough, decidieron probar cómo la falta de sueño afecta la forma en que el cerebro reacciona a las condiciones cambiantes en el mundo de los negocios. Los investigadores desarrollaron un juego de computador que emulaba el ir y venir de la bolsa y pusieron a un grupo de estudiantes de MBA como sujetos de prueba. Tal como lo harían en sus futuras carreras, los jóvenes tenían que promover la venta de un producto hipotético hasta que este dominara el mercado.
Pero a la mitad del juego, el escenario cambiaba, ya que aparecían nuevos competidores ofreciendo el mismo producto. Las estrategias que habían usado ya no servían. Harrison y Horne dividieron a los estudiantes en dos grupos. A los primeros se les permitió dormir tanto como desearan, mientras que los del segundo grupo no podían hacerlo. Los estudiantes que durmieron bien sufrieron al ver las pérdidas en sus negocios, pero se recuperaron y se adaptaron al nuevo escenario. Los otros no. Después de 36 horas, los estudiantes privados de sueño eran incapaces de lidiar con los cambios del juego. Pronto, ese grupo estaba en la bancarrota.
Las mujeres son las más damnificadas
Pero no es necesario ir tan lejos, porque las consecuencias de una mala noche de sueño también son perceptibles en la cotianidad. En esto, los hábitos del dormitorio son uno de los elementos cruciales.
Según varios estudios, una persona que duerme en la misma cama con su pareja tiene cerca de 50% más de probabilidades de dormir mal, comparada con una persona que lo hace sola. Algo semejante ocurre cuando hay niños que cuidar, cuando ambos padres ven empeorado su sueño. Sin embargo, el reparto de insomnio es desigual y las mujeres enfrentan peores consecuencias.
Una encuesta realizada a 20 mil padres trabajadores por un equipo de la Universidad de Michigan encontró que las mujeres tienen dos veces y media más de probabilidades de interrumpir su sueño cuando uno de los hijos despierta, al ser comparadas con los hombres. Lo peor es que una vez despiertas, tienden a permanecer así por un promedio de 44 minutos, a diferencia de sus parejas que, cuando se levantan a atender a los niños, son capaces de dormirse dentro de la próxima media hora.
Y las consecuencias, en el caso de las mujeres, de una noche de mal dormir, no solo las afectan a ellas. Según un estudio de la Universidad de Pittsburgh, la mala calidad del sueño de las mujeres está mucho más relacionada con los conflictos de pareja que haber tenido un día difícil en el trabajo o estar sobrellevando situaciones estresantes. La razón, según este análisis, estaría en que las mujeres son más proclives a regular el clima emocional de una relación, por lo que la irritabilidad que proviene de una mala noche de sueño termina convirtiéndose en un conflicto más grande que la simple sensación de somnolencia.
Dormir nos hace más inteligentes (y simpáticos)
Uno de los más importantes hallazgos de Randall es que no hay un momento de la vida en que el sueño deje de entregar poderosos beneficios. En un estudio, un equipo de investigadores dividió a niños de tres años en dos grupos. A los del primero se les asignaron estrictas rutinas de siesta, que dictaban cuántas horas tenían que dormir por las tardes cada día, independiente de que tuvieran sueño o no. A los del segundo se les permitió dormir siesta solo si es que querían. Todos los niños dormían, por la noche, un promedio de diez horas y media. Pero los niños del grupo de las siestas reguladas dormían, en promedio, dos horas más al día. Sorprendentemente, estos niños, en la medición posterior, demostraron tener una mejor interacción con sus padres, ser más sociales, menos demandantes y con mayores capacidades para aprender cosas nuevas y adaptarse a las situaciones cambiantes.
En los adultos ocurre algo semejante. En un estudio financiado por la Nasa, el investigador David Dinges, profesor de la Universidad de Pennsylvania, descubrió que dejar dormir a los astronautas una siesta de solo 15 minutos, mejoraba significativamente su desempeño cognitivo.
Pero no solo eso; también nos ayuda a enfrentar la vida con mejor humor. Un estudio realizado por la Universidad de Pennsylvania decidió probar si el sueño era capaz de afectar la habilidad de detectar y apreciar el humor. Entender un chiste es más difícil de lo que parece. En los milisegundos que transcurren tras ver o escuchar algo que reconocemos como divertido, el cerebro pasa por complejos tipos de razonamiento, como reconocer patrones, comprender conceptos abstractos y apreciar los baches de la lógica. El experimento usó a un grupo de personas que llevaban 46 horas despiertas y las puso a ver una serie de caricaturas y titulares de diarios. A la mitad se le dio modafinilo, una droga que ayuda a despertar y a poner en alerta al cerebro. ¿El resultado? Quienes la ingirieron se rieron mucho más con las caricaturas y ciertas noticias.
El poder creador del sueño
Paul McCartney despertó un día en la pieza de su novia pensando en una nueva melodía. Se fue derecho al piano y comenzó a tocar Yesterday. "Todo estaba ahí. Una cosa completa, no lo podía creer", dijo posteriormente en una entrevista.
En 2003, Stephenie Meyer estaba dedicada al cuidado de sus hijos en su casa de Arizona. El día que se suponía que tenía que llevarlos a sus primeras clases de nado, se despertó de un sueño en el que una joven estaba hablando con un hermoso vampiro en medio de una pradera. El vampiro trataba de dominar sus impulsos, para no morderla y beber su sangre. Meyer escribió inmediatamente la conversación de este sueño, tan fielmente como pudo recordarla. Ese sueño se convirtió en la base de la saga Crepúsculo, que ha hecho ganar a la autora más de 100 millones de dólares.
Dormir no es una actividad lineal en la que todo el tiempo ocurre lo mismo. El sueño tiene ciclos. Cada ciclo, que se sucede uno tras otro, dura alrededor de 100 minutos y son los últimos 20 minutos del último ciclo los que concentran la mayor parte de los sueños. En ese momento es cuando gran parte del cuerpo se paraliza, el cerebro se vuelve hiperactivo y los ojos se mueven con rapidez inusitada. Se trata de la fase REM, la responsable de la activación de áreas cerebrales ligadas con lo visual y lo emocional. En pocas palabras, esto es lo que nos permite "ver" soluciones a nuestros problemas o soluciones creativas para asuntos que hemos tratado de resolver en la vigilia. A la vez, otras áreas están menos activas durante el sueño. Esas son las prefrontales, vinculadas con el razonamiento lógico fino y donde reside la censura, que nos permite funcionar socialmente. Esta parece ser la razón de por qué, a pesar de que cuando soñamos pensamos en nuestros problemas de la misma forma en que lo hacemos al estar despiertos, conseguimos dar con soluciones interesantes y realmente creativas: cuando dormimos, la lógica es menos lineal que cuando estamos despiertos.
Hasta la fecha, ninguna droga o procedimiento ha sido capaz de replicar o reemplazar los beneficios del sueño. La Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa (Darpa, por su sigla en inglés) de Estados Unidos, destinó millones de dólares a pruebas y experimentos que pudieran aumentar el tiempo de vigilia de los soldados en el campo de batalla. En 2007 concluyeron que era imposible.
Lo Último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
50% Plan Digital+$5.150 al mes SUSCRÍBETE