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Por qué ser el hijo menor tiene más desventajas frente a los hermanos mayores, según distintos estudios

Aunque suelen crecer con padres más experimentados, diversas investigaciones muestran que los hermanos menores presentan diferencias que pueden perdurar hasta la adultez.

Por qué ser el hijo menor tiene más desventajas frente a los hermanos mayores, según distintos estudios. Foto: Pexels

Durante décadas, la idea de que los hermanos menores tienen una vida más fácil ha formado parte de la cultura popular.

Se suele pensar que crecen con padres más experimentados, cuentan con modelos a seguir dentro de la familia y se benefician de un entorno económico más estable que el que tuvieron sus hermanos mayores.

Sin embargo, la evidencia científica apunta en otra dirección.

Según un artículo en The Washington Post, diversos estudios han encontrado que, en promedio, los hijos menores obtienen peores resultados que los primogénitos en áreas como ingresos, educación, salud mental e incluso algunos indicadores de salud física.

Por qué ser el hijo menor tiene más desventajas frente a los hermanos mayores, según distintos estudios. Foto: Pexels

Niveles educativos y económicos

Uno de los trabajos más influyentes sobre el tema fue publicado en 2005 por los economistas Sandra Black, Paul Devereux y Kjell Salvanes.

Analizando registros poblacionales de Noruega, los investigadores concluyeron que los hermanos menores tendían a alcanzar menores niveles educativos y peores resultados económicos a lo largo de la vida que los hijos nacidos primero.

Además, observaron que estas diferencias aumentaban a medida que avanzaba el orden de nacimiento.

Durante años, los científicos intentaron explicar por qué ocurre este fenómeno.

Los primogénitos reciben más atención

Una de las respuestas llegó en 2008, cuando el economista Joe Price, de la Universidad Brigham Young, publicó un estudio que identificó una diferencia importante en la cantidad de tiempo que los padres dedican a cada hijo.

Utilizando datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, Price encontró que los primogénitos reciben entre 20 y 30 minutos más de atención diaria que sus hermanos menores cuando tienen la misma edad.

Acumulado a lo largo de la infancia, esto equivale a unas 3.000 horas adicionales de actividades como leer juntos, conversar, jugar o ayudar con tareas escolares.

Según el investigador, esta diferencia podría explicar una parte relevante de las ventajas observadas entre los hijos mayores.

Sin embargo, el tiempo parental no parecía ser la única causa.

Por qué ser el hijo menor tiene más desventajas frente a los hermanos mayores, según distintos estudios. Foto: Pexels ELINA SAZONOVA

La exposición a enfermedades

Un estudio que será publicado en la revista American Economic Review propone una explicación adicional y potencialmente más importante: la exposición temprana a enfermedades infecciosas.

La investigación, liderada por Hannes Schwandt, economista de la salud de la Universidad Northwestern, analizó datos de 1,2 millones de niños daneses seguidos desde su nacimiento hasta la adultez.

Los resultados mostraron que los hermanos menores tienen entre dos y tres veces más probabilidades de ser hospitalizados por infecciones respiratorias durante su primer año de vida que los primogénitos.

La razón sería sencilla: los hermanos mayores actúan involuntariamente como vectores de transmisión.

Al asistir a jardines infantiles, colegios u otras actividades, llevan a casa virus respiratorios que pueden afectar a bebés cuyo sistema inmunológico todavía está en desarrollo.

Los investigadores observaron que una mayor exposición a estas enfermedades durante el primer año de vida se asociaba posteriormente con menores ingresos, menor nivel educativo y más consultas por problemas de salud mental en la adolescencia y adultez temprana.

De hecho, estimaron que la exposición a patógenos podría explicar hasta la mitad, e incluso más, de las diferencias observadas entre hermanos mayores y menores.

Este período es el más sensible en la niñez

El estudio también identificó un período especialmente sensible: los primeros seis meses de vida.

Durante esa etapa, el cerebro experimenta un desarrollo acelerado y consume gran parte de la energía disponible del organismo.

Según Janet Currie, economista de la Universidad de Yale, una enfermedad grave durante esos meses podría desviar recursos biológicos necesarios para el desarrollo neuronal, generando efectos persistentes que se manifiestan años después.

Aunque los investigadores enfatizan que estas son tendencias promedio y no determinan el destino de cada persona, la evidencia acumulada sugiere que el orden de nacimiento sí deja huellas medibles.

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