Editorial

Graves problemas en protección a la infancia

Resulta escandaloso que pese a los cambios institucionales que se introdujeron para reemplazar al ex Sename, los principales problemas que arrastraba dicho servicio se mantengan o incluso se hayan agravado.

Resulta ciertamente escandaloso que a pesar de que en 2021 se instauró el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia (Mejor Niñez), cuyo objetivo central era justamente dejar atrás las injusticias que representó el Servicio Nacional de Menores (Sename) -el cual se convirtió en todo un símbolo de la indolencia del Estado-, los principales problemas se mantienen o incluso se han agravado, lo cual representa un evidente fracaso de una política pública que para el país resulta central.

Hace dos años este medio ya informaba del cúmulo de problemas que venía enfrentando Mejor Niñez –con hogares hacinados, listas de espera, niños con y sin antecedentes policiales mezclados en residencias cerradas, entre varias otras falencias-, y allí donde se habría esperado que se adoptaran acciones correctivas por parte de la autoridad, los antecedentes muestran que la realidad ha ido empeorando con el paso del tiempo. La Defensoría de la Niñez emitió un duro informe identificando una serie de problemas, en tanto que la Comisión de Familia de la Cámara de Diputados -a través de la llamada “Mesa por la Niñez”-, tras un año de evaluaciones dio a conocer un informe en marzo pasado donde relevó la existencia de abultadas listas de espera y la falta de cupos en residencias y familias de acogida, además de un colapso de la oferta del sistema de protección infantil.

En los próximos días IdeaPaís dará a conocer los resultados de una exhaustiva investigación (“Niñez vulnerada en Chile: la crisis del cuidado alternativo residencial”), cuyas principales conclusiones indican que persisten problemas como el hacinamiento, largas listas de espera y la explotación sexual. Respecto del hacinamiento, se indica que este, en el caso de las residencias de Mejor Niñez, “solamente ha empeorado en los últimos años”; así, mientras en 2018 un 13% de las residencias funcionaba por encima de su capacidad, en 2024 dicha situación abarcaba al 40%, y en marzo de este año la sobreocupación ya afectaba a la mitad de las residencias, realidad que resulta especialmente acentuada en aquellas bajo administración directa del Estado.

Chile tiene un grave problema en materia de infancia vulnerada; cabe considerar que en 2024 por primera vez se dio el hecho de que los menores que ingresaron a algún programa de Mejor Niñez (156 mil) superaron al total de niños nacidos ese año; los indicadores de violencia física y psicológica hacia niños y adolescentes por parte de sus cuidadores ha venido aumentando persistentemente, todo lo cual confirma que se requiere de un sistema de protección a la infancia robusto y cuyas capacidades vayan acorde a las necesidades crecientes en esta materia, pero es justamente lo que no ha ocurrido.

Sobran los diagnósticos que dan cuenta de la dramática realidad que vivía el ex Sename y que pese a todos los cambios de institucionalidad que se han aprobado Mejor Niñez sigue arrastrando, lo que hace indispensable que el Estado pase a la acción y corrija estas fallas inexcusables que son el producto de su propia inacción. El gobierno del Presidente Kast tendrá que asumir esta tarea -es sin duda otra de las emergencias que enfrenta el país-, para lo cual cuenta con planes que su propia candidatura tempranamente elaboró.

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