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Así te arregla la vida una housekeeper

Es el servicio que menos cuesta pagar, porque hacen todo lo que te da lata: van al supermercado por ti, te hacen los menús de la semana y te llenan el refri de cervezas. En Chile, cada vez más personas contratan a estos asistentes personales. Las razones son las mismas para todos: la falta de tiempo y a todo el mundo le gusta ser atendido.

DESPUÉS de conocernos por casi una hora, Pamela se iba a su auto con una bolsa negra con ropa para la lavandería en una mano y dos telas en la otra. No eran grandes bultos, pero para mí se habían convertido en una mochila incómoda. Cuando abría el clóset, veía las telas de reojo y se me venía un misil a la carpeta de la conciencia que dice "pendientes". Hacía seis meses que estaban embaladas y hace rato debían estar colgadas en la pared del living. Me habían pasado el dato de que en Bilbao, con no se qué calle, ponían bastidores, pero uno es a la antigua: le gusta cotizar en tres o cuatro lugares, ver modelos, imaginar cómo se verían en la pared, sacar cuentas y, recién ahí, toma una decisión. Uno jura que lo va a hacer. Pero seamos claros: si decimos cinco mentiras en promedio al día, esa debe ser una de las más comunes.

Por eso, la oferta de una housekeeper fue irrenunciable. La traducción literal (ama de llaves) no ayuda a entender lo que Pamela Osorio y cada vez más personas como ella hacen. Eso suena más a Mr. Belvedere o The Nanny. Ella hace todo lo que te da lata: te pide horas al doctor, va al supermercado por ti, te paga las cuentas y todos los trámites que se te ocurren. Y leyendo por acá y por allá, su historia es como la de muchas mujeres: se quedaron sin trabajo y se las ingeniaron para empezar una pyme donde suplen lo que más te falta: tiempo. Por eso, si cree que sólo famosillos o profesionales de alto rango pueden tener asistentes personales a su disposición, se equivoca. Como a los chilenos también nos está faltando tiempo, el servicio Pamela y sus pares es cada vez más requerido por estos lados.

Aunque acá se le conoce como housekeeper o housemanager, en Estados Unidos lo llaman "personal concierge" y a principios de los 90 empezó a tener mayor visibilidad. De hecho, en ese país existe una Asociación Nacional de Consejería que partió en 1998 y que tiene más de 500 asociados. En el portal de negocios bizjournals.com, Sara-Ann Kasner, presidente y fundadora de la asociación, apunta a dos claves para entender este fenómeno. Uno, la falta de tiempo. Dos, a todo el mundo le gusta ser atendido. "Somos como los asistentes personales que usan las celebridades, sólo que la mayoría de nuestros clientes son simplemente hombres y mujeres trabajadores que necesitan que el día tenga más horas", definió Walker Anastasia, una conserje personal de organización que opera en Houston, en el portal prlog.org. En la misma nota, se atreven con una estimación: se espera que el número de personal concierge aumente 15% entre 2006 y 2016. Más: Huffingtonpost.com incluso comenta cómo han surgido sitios que ofrecen este servicio de un país en otro, facilitándole la vida al viajero.

Y este servicio no sólo les cae bien a las personas. The New York Times cuenta que a las empresas también y da el ejemplo de Mercedes-Benz USA, que tiene un servicio -llamado Circles- únicamente para sus empleados que funciona las 24 horas. Ahí cuentan la historia de un empleado al que le organizaron nada menos que su luna de miel. ¿Se le pasó por la cabeza que es un servicio hecho a la medida de hombres medio inútiles? Vea el vaso medio lleno: con esto ganamos todos.

Corona helada

Como ya conté, una tarde nos juntamos en mi casa. Yo tenía un listado de tareas: lavandería, bastidores para cuadros, pagar una cuenta muy atrasada de una autopista, averiguar por qué la cuenta de celular que llega a la web de Servipag dice 11 millones de pesos (ella fue, se hizo la fila, se bancó la lata y me dejó tranquilo: impagable), cotizar cortinas y tiradores para el clóset. "Mira, necesito seis tiradores embutidos, color acero. Tienes que ir a la Ferretería El Carpintero, en San Diego, y están en el mostrador de vidrio que está al fondo a la derecha", le dije. Ese era el único lugar donde estaban los que yo quería. En un momento me sentí abusando de su voluntad, pensé que le costaría encontrarlos o que se iba a demorar varios días. Al día siguiente, los tiradores estaban en la mesa de la cocina.

¿Cómo entró? Le di llaves. No la podía someter a los horarios de los que no tienen horarios. Pero como la confianza se paga de vuelta, sin que le dijera una palabra, se dio cuenta de que quedaba una cerveza en el refri… y ella renovó el stock. Lo mismo hace con un doctor recién separado que se quedó con dos hijos y con el que empezó a trabajar como housekeeper. El doc y sus hijos sólo se manejan con la parrilla los domingos. Entonces, ella les hace el menús de la semana, dirige a la nana, le arma la fiesta si tiene invitados -incluso, a veces los recibe para que no haga esa parte la polola del doctor- y le compra el lomo vetado y las longanizas para los asados de cada domingo. El único fail fue ponerle flores en la mesa de centro: el doc lo agradeció, pero le pidió obviar ese detalle, porque le recuerda a su ex mujer.

En un momento pensé: ¿no será mucho? Pero un viernes me vi en la misma situación: niños en casa el fin de semana y refri vacío. "¿Qué comida le gusta a la Javi?", me preguntó. Las pastas. Ese vienes en la tarde había una lasaña en el horno. ¿Panoramas para el fin de semana? "No he pensado qué hacer… ¿qué películas están dando?". Me dejó un listado por hora en el correo.

Lo que más disfruté de este servicio fue la sacada de apuro inmediata.  Esa que te llega como un latigazo y te cae… pésimo. Cuatro y media de la tarde. Teléfono: "Mandaron una comunicación. Hay que comprar un libro para Orientación para el curso de Vicente. La única parte donde lo venden es en Chesterton con Padre Hurtado. Lo tiene que llevar mañana". El mensaje era claro y, en otras palabras, significada lo siguiente: "te toca a ti comprar el libro. Es urgente".

La tecnología me advirtió que desde mi trabajo a la editorial había 14,3 kilómetros, lo que podía cubrir en 20 minutos… ¿un domingo en la mañana? Pero a la hora del taco, no. Entonces, tomé el celular y mandé un mensaje de texto: "Pame, si estás por Chesterton, necesito un libro... urgente…". Cuando llegué a mi casa, el libro estaba ahí. La autora del llamado telefónico no lo podía creer. Yo tampoco.

Las cuentas tampoco son problema. "No te preocupes, después arreglamos", me decía. Qué placer escuchar eso que nadie te dice (salvo cuando llegó ese después). Al doc, en cambio, que la tiene a disposición permanente, le cobra $ 200 mil al mes. Conmigo ya terminó el trabajo. El único ítem pendiente es conseguirme a alguien que me cuelgue los cuadros.

Para más información, visite: http://www.wix.com/pamelaosorio/housekeeper#!

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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