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Crítica de cine: Los recolectores

Es posible que alguien confunda el título original de esta película (Repo men) con el de la rarísima y entrañable Repo man (Alex Cox, 1984). Sin embargo, ambas cintas no tienen nada que ver. En algún año impreciso del futuro, Remy y Jake (Jude Law y Forest Whitaker) trabajan como "recolectores" para una sonriente megacorporación: llegan donde sea que haya un tipo con un órgano artificial que no haya sido pagado a tiempo y se lo sacan no más, in situ y a tajo abierto. Entre el humor listillo y la ironía sembrada de cinismo, sendos flashbacks a lo Guy Ritchie muestran a la dupla en acción militar tiempo atrás, mientras hoy se les puede ver degollando clientes difíciles. Pero Remy, ojo con eso, es también un padre y un marido cariñoso, cuya vida conyugal está en riesgo por el trabajo que debe hacer.

¿Qué sigue? ¿La desolación por un futuro infame? ¿El conflicto interior? ¿La conquista de la libertad y la derrota de unos desgraciados de cuello y corbata? No parece importarle demasiado a esta ópera prima huérfana de respeto por sí misma, de todo sentido de propósito y de un tono que involucre o que insufle vida a los personajes. Un cóctel extraviado de buddy movie (de parejas de policías) y de registro epocal de anticipación, que para peor puede producir desconsolada nostalgia por Blade runner o Minority report.

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