La América iluminada por la mirada de Sebastião Salgado
En los 70, el economista brasileño dejó su promisoria carrera por la fotografía. Sus imágenes de Brasil, Bolivia, México y Ecuador le dieron reconocimiento internacional. Desde hoy, el Centro Cultural Las Condes las exhibe por primera vez en Chile.
Como único hijo varón de un terrateniente de Minas Gerais, que llegó a tener 10 haciendas y 15 mil cabezas de ganado, la carrera de Sebastião Salgado (1944) parecía estar destinada a los negocios. Así fue durante por lo menos 29 años, en los cuales el brasilero obtuvo un doctorado de Economía en París y trabajó como economista en la Organización Internacional del Café, hasta que en 1973 se topó con la cámara fotográfica de su esposa, la arquitecta Lélia Wanick, una clásica Leica análoga. Aunque Salgado tenía un futuro más que promisorio, ya contaba con una invitación para ser profesor en la Universidad de Sao Paulo y otra para trabajar en el Banco Mundial, el matrimonio decidió dejar todo por su nueva afición. No se equivocaron, cinco años después Salgado se unió a Magnum Photos, la agencia de fotoperiodismo, creada por Henri Cartier Bresson, la más prestigiosa del mundo, y su mujer se convirtió en su principal curadora y editora.
El gran paso al salón de los fotógrafos consagrados lo dio de inmediato con su primera serie, realizada entre 1977 y 1984, a raíz de un extenso viaje a través de regiones de Brasil, México Ecuador y Bolivia, para retratar la vida de los agricultores y la resistencia cultural de los indígenas. La imágenes se convirtieron en el libro Otras Américas, que se publicó en 1986 y que se convirtió en un éxito internacional: fue traducido de inmediato a cuatro idiomas, ganó varios premios y pasaría a la historia como una de las obras cumbres del fotoperiodismo de los 80.
Desde hoy, 65 imágenes de la serie se pueden ver en Chile, en la muestra Otras Américas, que exhibirá hasta el 11 de diciembre el Centro Cultural Las Condes, gestionada por la curadora Verónica Besnier y con el patrocinio de la Embajada de Brasil. Además, editorial Fábrica reeditó el volumen, que estará a la venta durante la exposición.
"Estuve años persiguiendo una exposición de Sebastião Salgado para traerla a Chile; costó mucho, pero finalmente resultó con esta serie que es una de las más reconocidas de su trayectoria. Su trabajo es muy extenso, pero para mí su primera etapa es una de las más interesantes; supo retratar con mucha honestidad el mundo campesino, esa Latinoamérica profunda donde el tiempo pasa y la gente sigue siendo la misma, porque está aferrada a sus tradiciones. Es la mirada más humana y sensible de Salgado, que luego se volverá aún más social y comprometida", dice Besnier.
Tras el éxito de Otras Américas, Salgado trabajó para Médicos sin Fronteras, retratando la hambruna en Africa, y entre 1986 y 1992 produjo la serie Trabajadores, que hizo una radiografía de la era industrial, al retratar a diferentes tipos de obreros, algunos en duras jornadas laborales como los mineros que trabajan como esclavos de Serra Pelada en Brasil o los explotadores de petróleo que deben enfrentarse a mortales incendios en los pozos de Kuwait. Más tarde vino Migraciones, donde documenta específicamente la situación de los refugiados que huyen de sus situaciones de pobreza y guerra en América Latina, Africa y Asia, para buscar un lugar mejor.
Su perfecto manejo de la luz y del momento, reflejado en expresivas fotografías que contrastan paisaje y pobreza, ha sido también blanco de críticas, sobre todo por el círculo estadounidense y europeo: Susan Sontag no sólo habló de sensacionalismo sino también de falta de veracidad, debido a que el fotógrafo nunca cita los nombres de los retratados. "Me dicen que mis fotografías son demasiado hermosas, que hacen una declaración estética de la miseria humana. ¿Qué quieren decir? Creo que los británicos, sobre todo, tienen un problema en llegar a un acuerdo con el Tercer Mundo. Ellos quieren que se vea desgraciado, infeliz", dijo el fotógrafo en 1993 en una entrevista para el diario inglés The Independent.
Más allá de la fotografía, Salgado también es un activista. Es embajador de buena voluntad para la UNICEF y junto a su esposa, a fines de los 90, creó la Fundación Tierra para hacer frente a la devastación medioambiental, a través de una reserva ecológica de 17 mil acres erosionadas, ubicadas en el estado de Minas Gerais, que ya han sido restituidas y declaradas Patrimonio Natural.
Su trabajo fue capturado en 2014 por el cineasta Wim Wenders y su hijo Juliano Ribeiro Salgado en el documental La sal de la Tierra - que se exhibirá durante la exposición en Chile- y que recoge la mirada fotográfica de Salgado sobre las tragedias y miserias de la vida; muestra la compenetrada relación amorosa y profesional con su esposa y el regreso hace más de una década a su rancho natal en Brasil, donde inició la nueva aventura de la Fundación Tierra.
"La fotografía de Salgado se reconoce sobre todo por esa mirada culta y estudiosa de lo que retrata. Sus proyectos son larguísimos, demora entre siete y ocho años en cada uno y se introduce en las raíces de las historias, se involucra con la gente. En eso también juega un rol central su esposa, curadora y editora de todos sus libros; ella fue quien lo atrajo a este mundo. Sin ella, él no sería lo que es ahora", dice Verónica Besnier.
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